La puerta principal del apartamento se abrió con una lentitud inusual. Mateo cruzó el umbral cargando un ramo de flores que había comprado de urgencia en una gasolinera de camino, con el rostro desencajado por la preocupación, el remordimiento y el pánico de saber lo que Sofía acababa de hacer y de armar en su contra. —Lucía... —murmuró con la voz ronca, buscando mitigar el desastre antes de que fuera demasiado tarde. Encontró a Lucía en la cocina, con el delantal puesto, removiendo una olla en la estufa con una calma tan absoluta y antinatural que le heló la sangre. No había rastro de las lágrimas de hacía unas horas, ni gritos, ni reproches. Su expresión era un vidrio roto y frío. Mateo dio un paso al frente, extendiendo torpemente las flores. —Por favor, Lucía, tienes que escucharme... Lo de Sofía fue un malentendido horrible, yo estaba ebrio y perdido, te lo juro por mi vida que no recuerdo nada porque en realidad con ella no ocurrió nada, ¡te lo juro que no lo hice adrede
Last Updated : 2026-09-14 Read more