El sonido de los cuernos de caza resonó a través de los valles, un llamado profundo y vibrante que hizo temblar los cristales de las ventanas del Castillo del Amanecer. Isadora, que había estado ajustando los pliegues de su vestido dorado frente al espejo, se giró bruscamente hacia el balcón de piedra. Su corazón dio un vuelco, acelerándose hasta dolerle en el pecho.—Ya llegan —susurró, llevándose una mano al escote, sintiendo el latido frenético bajo la seda.Mira, su doncella, se asomó al balcón y asintió con una sonrisa nerviosa.—El séquito de la Manada del Sol, mi señora. Justo a tiempo.Isadora se acercó a la barandilla, apoyando las manos sobre la piedra fría. Abajo, en el patio de armas, los guardias de su padre se alineaban con rigidez militar. Pero la atención de Isadora no estaba en ellos. Sus ojos, del color de la miel, buscaban ansiosos el estandarte que ondeaba al frente de la comitiva: un sol radiante bordado en hilo de oro sobre fondo carmesí.Y allí estaba él.Aureli
Terakhir Diperbarui : 2026-09-16 Baca selengkapnya