Dos años después, la sucursal de Puerto del Sur se convirtió en una sede regional. Me ascendieron de gerente a directora. El día que mis padres hicieron el último pago de la deuda, mamá me llamó de un número desconocido.—Tu padre está enfermo —dijo. Su voz sonaba mucho mayor—. Vivian se mudó fuera de la ciudad y ya no hay nadie en casa ni para hablar. Ven a cenar en las vacaciones, haré tu comida favorita.No me negué del todo.—Ya veremos. Tal vez no tenga tiempo.Se quedó callada un momento.—Grace..., siempre pensé que podías con todo sola, así que no necesitaba cuidarte. Hasta después entendí que a la que nunca se queja también le duele.Que lo entendieran, aunque fuera tarde, no cambiaba el pasado, pero ya no necesitaba del rencor para mantener mi distancia.—Cuídate.Colgué y saqué su número de la lista de bloqueados porque, simplemente, ya no me importaba.Después de eso, a papá lo hospitalizaron una vez. Mamá me mandó la dirección por mensaje, sin exigirme que fuera. "Ya está
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