Share

Capítulo 4

Penulis: Gabriela Olmedo
Faltaban siete días para la boda. Fui al apartamento nuevo a recoger unos documentos. La cerradura inteligente rechazó mi código una y otra vez. Al tercer intento, Vivian abrió la puerta desde adentro, con mi pijama puesto y un vaso de agua en la mano.

—¿Qué haces aquí, Grace?

El recibidor estaba lleno de sus zapatos, en la sala había un caballete y su ropa se secaba en el balcón. Ese no parecía mi futuro hogar, sino el de ella.

—¿Por qué estás viviendo aquí? —pregunté, consternada.

—Se me venció el alquiler. Mamá me dijo que me mudara para acá mientras tanto.

—¿Quién te dio permiso?

Se escuchó un ruido en la cocina. Julian salió con un tazón de avena, usando el delantal que yo le había comprado.

—Yo lo autoricé.

—¿Por qué no me avisaste?

—Has estado muy tensa últimamente, no quería que te preocuparas.

De repente, me sentí tan exhausta. Miré a Julian a los ojos.

—¿Cuánto tiempo se va a quedar?

—Hasta que encuentre un lugar.

—Mamá dijo que me podía quedar aquí después de la boda —añadió mi hermana—. La galería me queda cerca. Solo usaré el cuarto de huéspedes; no voy a estorbar.

Entré al cuarto de huéspedes. Cambiaron las cortinas que yo había elegido por unas rosas y donde se supone que debía estar mi librero había una hilera de caballetes. En la mesa de noche se encontraba una foto de Julian y Vivian junto a mamá. "Nuestra pequeña familia de tres. ¡Felicidades por la casa nueva", estaba escrito al reverso con su letra. Miré la foto.

—¿Quiénes son la "familia de tres"?

Mi hermana se puso pálida e intentó quitármela. Se le resbaló el vaso de agua y se rompió contra el suelo, un fragmento salió volando y me cortó el dorso de la mano. Enseguida, comencé a sangrar. En lugar de protegerme, Julian puso a Vivian detrás de él.

—¿Te lastimaste? —preguntó preocupado. Como ella negó con la cabeza, se dirigió a mí, molesto—: ¡¿Por qué agarraste su foto?!

Levanté la mano ensangrentada, con una mueca burlona.

—Julian, la que está lastimada soy yo.

Se llenó de pánico al instante e intentó ir a buscar el botiquín, pero encontró el aerosol antiséptico vacío.

—Vivian usó lo último hace unos días cuando se cortó —dijo él—. Voy a comprar otro.

—Déjalo así —dije, presionando la herida con un pañuelo de papel. Volví a tomar la foto—. La inicial del apartamento fue de ochocientos mil dólares; yo puse doscientos setenta mil. La remodelación costó cien mil; yo pagué setenta mil. Y ahora, sin decirme nada, dejaste que Vivian se mudara, redecorase y cambiara la clave de la puerta. ¿Es que creen que nunca me voy a cansar?

Julian frunció el ceño.

—Nadie te está corriendo. Vivian se quedará un tiempo nada más. ¡¿Por qué tienes que sacar cuentas por todo?!

—¿Y si quiero que se vaya hoy?

Vivian comenzó a llorar, como siempre.

—Ya me voy, hermana. Nunca te he caído bien y no quiero causar más problemas.

Se dio media vuelta para recoger sus cosas. Julian se quedó en el umbral, mirándome decepcionado.

—¿Ya estás satisfecha?

Su teléfono sonó casi de inmediato. Mamá me regañó por no tolerar a mi propia hermana, papá dijo que el apartamento estaba solo y que dejar que Vivian se quedara un tiempo no iba a causar ningún daño, hasta mis amigos me mandaron mensajes diciéndome que no hiciera un escándalo a días de la boda. Todos salieron a defender a Vivian. Nadie me preguntó si me dolía la mano.

Fui al dormitorio principal para buscar mis documentos. En la mesa de noche estaba la libreta con los votos matrimoniales. Julian solo había escrito la mitad, pero la primera línea decía: "Quiero agradecer a Vivian por enseñarme a cuidar a una mujer". Releí las palabras en silencio, con la hoja temblando ligeramente en mis manos. Hasta las palabras que pensaba decirme en nuestra ceremonia la incluían a ella. Decepcionada, dejé los votos en su lugar.

—Julian, tienes razón, no debí sacar cuentas por todo.

Por su expresión, supe que pensó que yo estaba cediendo, así que relajó el rostro.

—Yo también me equivoqué en esto. Lo voy a solucionar después de la boda.

—No va a ser necesario —respondí. Me quité el anillo y lo dejé sobre la mesa del recibidor, junto a la puerta—. Mi abogado te llamará por mi parte del apartamento y la remodelación. Yo me encargo de lo que me toca por los gastos de cancelación de la boda.

Él se quedó pálido.

—¿Qué estás diciendo?

—Que se acabó, ya no voy a ser la novia.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Demasiado tarde para arrepentirte   Capítulo 10

    Dos años después, la sucursal de Puerto del Sur se convirtió en una sede regional. Me ascendieron de gerente a directora. El día que mis padres hicieron el último pago de la deuda, mamá me llamó de un número desconocido.—Tu padre está enfermo —dijo. Su voz sonaba mucho mayor—. Vivian se mudó fuera de la ciudad y ya no hay nadie en casa ni para hablar. Ven a cenar en las vacaciones, haré tu comida favorita.No me negué del todo.—Ya veremos. Tal vez no tenga tiempo.Se quedó callada un momento.—Grace..., siempre pensé que podías con todo sola, así que no necesitaba cuidarte. Hasta después entendí que a la que nunca se queja también le duele.Que lo entendieran, aunque fuera tarde, no cambiaba el pasado, pero ya no necesitaba del rencor para mantener mi distancia.—Cuídate.Colgué y saqué su número de la lista de bloqueados porque, simplemente, ya no me importaba.Después de eso, a papá lo hospitalizaron una vez. Mamá me mandó la dirección por mensaje, sin exigirme que fuera. "Ya está

  • Demasiado tarde para arrepentirte   Capítulo 9

    —Grace —dijo Julian, entregándome una bolsa de plástico sellada en la que estaba el anillo de compromiso—. Lo dejaste sobre la mesa del recibidor ese día. No fui capaz de tocarlo, pero ahora te lo devuelvo. Puedes venderlo o tirarlo.Tomé la bolsa.—¿Algo más?Negó con la cabeza. Bajé los escalones. No se oyó ningún ruido detrás de mí durante un buen rato. Cuando miré hacia atrás, él seguía parado en el mismo lugar, con los ojos enrojecidos, pero no me siguió. Había aprendido a respetar mis decisiones, aunque ya era demasiado tarde.En Puerto del Sur cayó la primera nevada antes de que empezara el invierno. Vendí el anillo y usé el dinero para inscribirme en un curso de diseño de muebles. No lo hice por sentimentalismo, porque ese dinero siempre había sido mío y esta vez quería gastarlo en mí.En la última exposición, mi pieza ganó el primer lugar. Al terminar el evento, me encontré con Julian esperándome al final de la escalera de la galería.—¿Pasabas por aquí? —pregunté.—No —admiti

  • Demasiado tarde para arrepentirte   Capítulo 8

    Mis padres no me pagaron el dinero en el plazo fijado. Luego de que mi abogado les mandó una notificación formal, mi mamá me dejó decenas de mensajes de voz. Según ella, yo era una desalmada, los asuntos familiares tenían que hablarse en privado y Vivian se había enfermado por mi culpa. No respondí a ninguno.Pasado un mes, comenzó la audiencia de mediación. Llevé a la sesión mis registros de transferencias bancarias y capturas de pantalla de las conversaciones.—¿Qué clase de hija demanda a sus propios padres? —gritó papá, furioso.—Señor Bennett, usted declaró en varias ocasiones que estos fondos eran para la inicial de la señorita Grace Bennett —dijo el mediador, tras terminar de revisar los documentos—. Pero transfirió sesenta mil dólares a la cuenta de la señorita Vivian Bennett para pagar los honorarios de su agencia de estudios en el extranjero. Esto constituye una declaración engañosa sobre el destino del dinero.Contuve la respiración. Mi hermana nunca había estudiado en el ex

  • Demasiado tarde para arrepentirte   Capítulo 7

    El día de la inauguración de la sucursal de Puerto del Sur, mis padres aparecieron con Vivian en mi oficina. Mamá llevaba una caja de pasteles, como si nada hubiera pasado.—Tu hermana vino para disculparse —me dijo.Vivian ni siquiera levantó la cabeza.—Perdóname, Grace. No debí mudarme al apartamento, probarme tu vestido de novia ni seguir buscando a Julian. Es solo que siempre te he tenido envidia. Tenías excelentes calificaciones, una buena carrera y todos decían que eras la responsable… Tenía tanto miedo de no valer nada que no podía dejar de depender de todos ustedes.Mamá aprovechó que algunos compañeros de trabajo pasaban cerca para agarrarme la mano.—¿Ves? Vivian ya te pidió perdón. Somos familia, no puedes seguir molesta con ella para siempre.Me solté de su agarre.—¿Y para qué es la disculpa exactamente?—Para que regreses a casa, claro.—No voy a regresar.La expresión de mi padre, quien estaba junto al escritorio, se volvió severa.—Viajamos tres horas en tren para vert

  • Demasiado tarde para arrepentirte   Capítulo 6

    Julian se quedó en Puerto del Sur dos semanas. No volvió a acercarse a mí. Todos los días se sentaba en la cafetería de enfrente, que se mantenía abierta hasta la madrugada. Una noche, me dio un dolor de estómago tan fuerte que apenas podía seguir parada cuando llegué al vestíbulo. Él cruzó la calle corriendo y me sostuvo, su ropa olía a café y me miraba con pánico. Sin darme cuenta, me agarré de su manga. Él se tensó enseguida y hasta se le aceleró la respiración.—La medicina está en el auto. Voy por ella.Intentó cargarme, pero me solté y me agarré del barandal de la banqueta.—No me toques.Se quedó inmóvil. Unos segundos después, se quitó el saco, lo extendió sobre una banca para que me sentara y fue por el medicamento. Al regresar, puso el agua y las pastillas a mi alcance y se alejó casi un metro.—No te voy a tocar. Tómate la medicina y me voy.Me tomé las pastillas sin mirarlo. Sonó mi teléfono, era mamá. Lo primero que hizo, como siempre, fue reclamarme.—¿Hasta cuándo vas a

  • Demasiado tarde para arrepentirte   Capítulo 5

    Me agarró por la muñeca.—¿Lo haces porque Vivian se mudó al apartamento?—No. —Le fui soltando los dedos, uno por uno—. Es porque llevo más de veinte años esperando que alguno de ustedes me elija aunque sea una vez, ya me cansé de esperar.Esa misma noche acepté el traslado a la sucursal de Puerto del Sur. Antes del amanecer empaqué mis pertenencias, borré todos los archivos de la boda y me salí del grupo familiar.Dos días después, Julian apareció en mi oficina. Lo vi parado en la recepción, a través del cristal de la sala de reuniones. Tenía el traje arrugado y unas ojeras tan marcadas que casi le llegaban a las mejillas. Parecía no haber dormido en toda la noche.—Señorita Bennett, ¿lo conoce? —me preguntó una compañera.—Sí.—¿Le digo que pase?—No —contesté y volví a concentrarme en la lista de verificación para la inauguración.Media hora después, la recepcionista me trajo una bolsa de papel. Adentro había un pastel de chocolate amargo, un aerosol antiséptico y la pulsera de esm

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status