Cuando llegó la segunda primavera, la nieve comenzó a derretirse, y, por fin, las heridas de mi cuerpo terminaron de sanar.Mi loba, que había permanecido en silencio durante tanto tiempo, comenzó a moverse lentamente dentro de mí. Primero, agitó las orejas, como tanteando.Después levantó la cabeza y soltó un aullido bajo, uno que no había escuchado en muchísimo tiempo. Era débil, pero sentí como si, por fin, estuviera dejando salir todo el dolor que yo había guardado durante aquel año entero de oscuridad.Me agaché y las lágrimas, pronto y sin previo aviso, comenzaron a caer sobre la nieve.Cyril no intentó consolarme, sino que se limitó a hacer que los guardias se retiraran y se quedó solo a mi lado.No sé cuánto tiempo pasó antes de que un pañuelo apareciera frente a mí.—Ten. ¿Ya terminaste de llorar?—No —respondí, negando con la cabeza, mientras lo tomaba.—Entonces sigue. Saca todo el dolor que llevas guardado.—¿No te molesta el ruido? —pregunté, mirándolo con los o
Read more