En la residencia de los Slater, al sur, Ariel descansaba en la cama.A su lado, Joy dormía plácidamente en la cuna, con los ojitos cerrados.Ariel contempló el dulce rostro de su hija y sintió que todo el sufrimiento había valido la pena. Lo único que todavía le pesaba en el corazón era no haber podido darle a Joy una familia completa.—Ariel, vamos, tómate esta sopa.Desde que Ariel había regresado a casa, sus padres no paraban de prepararle todo tipo de comidas nutritivas y deliciosas. En apenas medio mes, había recuperado bastante peso.—Mamá, ya te dije que no hace falta que me prepares comida a medianoche. No tengo hambre.—Ay, niña… Si no comes bien, ¿cómo vas a tener fuerzas para cuidar de la bebé?De repente, Joy rompió a llorar.Ariel hizo ademán de levantarse para tomarla en brazos, pero Hannah se le adelantó.—Tú quédate en la cama. Si la cargas demasiado, terminarás haciéndote daño.Ariel sonrió con impotencia.—Es mi hija. Claro que quiero abrazarla cuando llora
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