Nueva York, vista desde el piso ochenta y cinco, no era una ciudad, era un inmenso tablero de ajedrez compuesto por líneas perfectas, cálculos matemáticos y flujos de capital. Alexander Sterling observaba la metrópolis a través de los vastos ventanales de su oficina, con las manos entrelazadas a su espalda, sintiendo la reconfortante y helada superficie del cristal contra su frente. Desde esa altura, el ruido y el caos de las calles eran imperceptibles. Los atascos, el llanto, el amor, la desesperación; todo se reducía a un movimiento silencioso de diminutas luces intermitentes. Así es exactamente como él prefería su vida: silenciosa, predecible, absolutamente bajo su control.Su imperio, Sterling Enterprises, no se había forjado con promesas vacías ni con debilidades emocionales. A sus treinta y cuatro años, Alexander había desarrollado una reputación impecable como uno de los magnates financieros e inmobiliarios más implacables del país. Para él, las personas eran como los edificios
Última atualização : 2026-09-23 Ler mais