La mirada sombría de Sebastián contenía una buena dosis de ira, pero estaba dirigida a Lucía.Lucía sostuvo su mirada y sintió un aguijonazo en el pecho.Para él, aunque Sofía hubiera sido maleducada, la culpa era de Lucía por haber hecho algo malo.Ni siquiera se le pasó por la cabeza que, si ella realmente hubiera perdido a una hija, las palabras de Sofía estaban abriendo una herida que nunca cerró.¡Eso era casi querer matarla!Sebastián no lo ignoraba. Simplemente, no le importaba.Camila, a su lado, mucho menos iba a intervenir. Actuaba como si no hubiera oído nada.Sus ojos se burlaban de Lucía con descaro.¿Todos se hacían los sordos?Lucía apretó los puños.Si nadie la defendía, se defendería sola.Dio un paso al frente y, de repente, señaló detrás de Sofía:—¿Ves eso? Ahí, colgado boca abajo, hay un niño muerto. —Tiene los dientes muy afilados, y te está mordiendo la oreja.Sofía era miedosa. Al oírlo, creyó de verdad que había un fantasma y soltó un grito agudo.Se le dob
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