Lucía era una persona ingrata.Desde que se casó con los Duarte, nunca le había traído ningún beneficio a Juan. En cambio, si Camila se casaba con Sebastián, él sacaría mucho más provecho.Juan estaba seguro de que sus cuentas eran correctas.Daniela agitó la pulsera en el aire:—Esta pulsera barata te la pedí una vez y no quisiste dármela. —Mira, ahora está en mis manos.—Lucía, si piensas obedecer a papá, arrástrate en el suelo para rogar, tal vez, te la devuelva.Lucía apretó los puños.La que ella consideraba como un tesoro invaluable, Daniela la manoseaba como si nada, y Juan ni siquiera la detenía.Peor aún, Daniela la humillaba a propósito, y Juan se quedaba ahí, como un muerto, sin reaccionar.Todo lo que Juan había logrado en la vida se lo debía a Yara.Cuando él estaba en la ruina, a punto de morirse de hambre, Yara le dio de comer y beber.Después, ella pidió dinero a su propia familia para ayudarlo a emprender y le consiguió contactos.Mientras disfrutaba del dinero y los
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