Lucía terminó contestando el celular.—¡Lucía, ¿cómo te atreves?! —bramó su padre, Juan Herrera, como si no estuviera hablando con su hija, sino con una criminal.—Sebastián te hace el honor de poner a la hija de Camila bajo tu nombre, ¡y tú te niegas!—Vuelve ahora mismo y coopera con Sebastián para los trámites de adopción.Lucía soltó una risa fría.Ese era su padre.Sebastián la pisoteaba junto con Camila y su hija, y él, lejos de molestarse, esperaba que ella se arrastrara para servirles.—Hazlo tú si quieres, no tengo tiempo —respondió Lucía con frialdad.Juan se enfureció aún más:—¡Si pudiera hacerlo yo, no te llamaría a ti! Lucía, tienes que...Lucía colgó sin escuchar más.Los gritos cesaron, y una extraña calma la envolvió.Los negocios de los Herrera ya no eran lo que fueron. Juan dependía de Sebastián para sobrevivir.Por fuera era su suegro, pero ante Sebastián se arrastraba como un mendigo.Con tal de congraciarse con él, no solo obligaría a Lucía a adoptar a la hija ba
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