La lluvia torrencial envolvía la ciudad de Madrid en una atmósfera gris y opresiva. Sobre la tierra roja y húmeda del cementerio público, las lágrimas que empapaban mis mejillas se mezclaban con las gotas que caían del cielo. Frente a mí, los ataúdes de mi padre, Fernando Alarcón, y mi madre, Elena Alarcón, eran bajados lentamente a sus tumbas. En una sola noche maldita, aquel trágico accidente automovilístico había arrebatado todo el calor de la vida que alguna vez tuve.Uno a uno, los dolientes comenzaron a marcharse. En medio de una desesperación que paralizaba mi alma, una figura alta y corpulenta, vestida de negro, se acercó por detrás. El hombre permaneció en silencio, protegiéndome bajo un gran paraguas completamente negro y resguardándome del frío de la lluvia que calaba mi cuerpo.Estaba demasiado destrozada para siquiera levantar la mirada y contemplar su rostro. No pronunció una sola palabra, pero su presencia me ofreció un fugaz espejismo de protección.Pasaron varios minu
Last Updated : 2026-10-01 Read more