El pulso acelerado de Doménico retumbaba con fuerza bajo la punta del estilete. El fino hilo de sangre que corría por su garganta le quemaba la piel, pero la rabia que le inflamaba el pecho dolía muchísimo más. Miraba de cerca los ojos celestes de Anna Karerina, encendidos en una furia tan grande que parecía incapaz de caber en su cuerpo tan pequeño. Estaban tan cerca que sus alientos agitados se mezclaban en un aire denso, pesado, cargado de tanto odio y un calor indeseado que amenazaba con incinerarlos a ambos.—No me tientes, muñequita —murmuró Doménico con la voz reducida a un susurro oscuro, rasposo, cargado de una promesa mortal—. Tienes una aguja de metal pegada a mi piel, pero sigues atrapada entre mi cuerpo y esta pared. Un solo movimiento mío y te aplasto antes de que consigas enterrármela del todo.—Inténtalo, Carpio —lo desafió Anna, apretando la mandíbula hasta que le dolieron los dientes. La mano le temblaba por la adrenalina, pero no retrocedió ni un solo milímetro—. Ponm
Última actualización : 2026-10-16 Leer más