Jacinta señaló a Pablo con resignación.—Tú provocaste este problema. ¡Tú lo resuelves!Él conservó la sonrisa.—Mamá, si no me hubieras arreglado un matrimonio a mis espaldas, nada de esto estaría pasando.—¡Me vas a matar de un coraje! ¿No puedes aprender un poco de tu hermano y dejar de preocuparme?Jacinta suspiró, agotada.—Aunque Luna sí es muy bonita. ¿Cómo se le ocurrió fijarse en ti? Por cierto, ¿de qué familia viene? Por lo menos tienes que decirnos eso.La sonrisa de Pablo se acentuó.—Pronto lo van a saber.Se dio la vuelta y bajó.Jacinta e Hilario intercambiaron una mirada. Sintieron que sus palabras tenían otro significado y un mal presentimiento empezó a inquietarlos.***Al llegar a la sala, Pablo encontró a todos alrededor del sofá.Eloísa estaba envuelta en una manta, con el rostro bañado en lágrimas.Luna, en cambio, bebía café tranquilamente en otro sofá, como si nada hubiera pasado.En cuanto lo vio, Eloísa se levantó y corrió hacia él, llorando, dispuesta a quej
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