—Muy bien.Me soltó el mentón, satisfecho, y sonrió como quien acaba de ganar.—Entonces, por cooperar con el tratamiento, te mereces un premio. —Se dio la vuelta, sacó un frasquito del cajón del escritorio y me lo dio—. Es un gel calmante importado. Te va a ayudar con los síntomas.Tomé el frasco como una autómata.—Ahora, aquí. —Señaló el catre del cuarto de descanso—. Póntelo tú misma. Quiero verlo.Sentí un zumbido en la cabeza y por poco dejé de pensar.¡Él... él quería que yo hiciera eso delante de él!—¿Qué? ¿No quieres? —Entrecerró los ojos, y volví a sentir la amenaza en el aire.—No... no es eso... —Asustada, negué varias veces.No me atrevía a desobedecerlo. Como una muñeca sin vida, fui paso a paso hasta el catre. De espaldas a él, me abrí el vestido con manos temblorosas, me bajé la tanga, que ya estaba empapada de fluidos, y quedé desnuda de la cintura para abajo.Destapé el frasco y me puse un poco del gel helado en la yema de los dedos. Sentía su mirada ardiente clavada
Leer más