La tarde ya se estaba desvaneciendo. Desde los amplios ventanales de su oficina, Raymond apenas advertía la belleza de la ciudad. Su propio reflejo le devolvía la mirada con los ojos hundidos y el rostro tenso por la furia. Durante horas no se había movido. Ni un sorbo de agua, ni un bocado de comida. Su escritorio estaba repleto de papeles que no tenía la menor intención de leer ni de firmar. Lo único en su mente —ardiendo, supurando— era Cassie. Cassie, con sus ojos orgullosos y sus palabras venenosas. Cassie, que había sido su esposa. Cassie, que ahora pertenecía a Nikolai Rosewood. Cada vez que el pensamiento volvía a dar vueltas, se lo clavaba más hondo en el pecho, dejándolo consumido por el dolor. Sus manos se aferraron a los reposabrazos de su sillón con tanta fuerza que el cuero chirrió. «Ella no puede ser feliz sin mí. No debería serlo», pensó para sus adentros. El sonido de unos tacones altos resonando en el pasillo lo arrancó de su espiral. No necesita
Last Updated : 2026-10-28 Read more