Sin dejar de lanzar insultos, Nolan subió corriendo las escaleras, tomó varios relojes caros y todo el dinero en efectivo que encontró, y huyó de la mansión de los Voss esa misma noche.La mansión volvió a quedar en silencio, como una tumba.Yo flotaba junto a la ventana y lo veía alejarse. No sentí la menor lástima por él. Nolan no era enteramente malvado. Era, ante todo, codicioso. Había recibido con los brazos abiertos todo lo que debió haber sido mío, pero nunca había querido asumir las responsabilidades que aquello implicaba. Ahora, por fin, pagaba el precio de su codicia.Al día siguiente, papá recibió una llamada de la Cruz Roja.—Señor Voss, le llamo por la donación de córneas de su hijo Miles. El receptor se está recuperando bien. A su familia le gustaría mucho agradecerles en persona, si están dispuestos a reunirse con ellos.Papá apretó el teléfono con fuerza.—Nos reuniremos con ellos.Esa tarde, empujó la silla de ruedas de mamá por los jardines del hospital. Ella apenas
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