Callum no me siguió cuando salí de nuestra casa.A mis espaldas, sus amigos seguían riéndose.—Joder, Callum, nunca decepcionas. Cada año consigues superarte.—Vamos, Lucía, no te rindas tan pronto. Callum soltó una risita antes de responder con absoluta seguridad:—Déjenla en paz. Solo está haciendo su numerito de siempre. En tres días estará de vuelta, ya verán.Esa misma noche, reabrió las apuestas en el chat grupal soltando treinta mil dólares sobre la mesa, convencido de que yo no aguantaría ni setenta y dos horas fuera de casa.Y para obligarme a dar el brazo a torcer, registró la huella de Sienna en el sistema de seguridad y le entregó la llave de repuesto reservada para la señora de la casa.Con mis pantuflas puestas, Sienna publicó una foto de la llave junto al desayuno que Callum le había preparado:«Probando la vida de casada. Día uno.»El chat grupal se volvió loco de inmediato.«¿A que hoy sí duermes en la suite principal?»«Hombre, déjala manejar el auto depo
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