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Capítulo 2

Author: Anna Smith
Al tercer día, los Ashford organizaron una cena familiar.

La madre de Callum me había enviado la dirección y me había pedido que llevara el anillo con el escudo familiar. Ella misma me lo había entregado cuando me casé con su hijo, pues era tradición que las esposas de los herederos Ashford lo llevaran.

A pesar de todo, sabía que nunca le había caído bien. Para ella, Lucía Bennett no era más que una cualquiera, sin contactos ni nada que pudiera servir a las ambiciones de su preciado hijo. Si Callum no hubiera insistido en casarse conmigo, aquel anillo jamás habría llegado a mi mano.

Todavía recuerdo la primera vez que visité la mansión. Aquella mujer no tuvo reparos en anunciar, delante de una mesa llena de familiares, que mis orígenes no podían aportar nada al futuro de Callum.

Él me tomó de la mano y sentenció:

—Me casaré con Lucía. Mi matrimonio no es uno de sus negocios.

En aquel entonces, de verdad creía que estaría a mi lado pasara lo que pasara.

Ahora, no era más que un recuerdo lejano.

Bajé la mirada hacia el anillo que todavía llevaba en el dedo. Esa noche pensaba devolvérselo a su madre y poner fin, de una vez por todas, al vínculo que me unía a los Ashford.

No me sorprendió encontrar a Sienna ocupando mi lugar cuando llegué. Como no quedaba ninguna silla libre, uno de los empleados tuvo que traer una de otra habitación y colocarla en el extremo más alejado de la larga mesa del comedor.

Mi suegra me miró con una sonrisa.

—Ay, querida, no te lo tomes como algo personal. Es parte de la experiencia —explicó—. Ya sabes que, cuando termine el juego, todo volverá a ser como antes.

Y, por si fuera poco, el menú también había cambiado. Callum le había pedido al personal que lo adaptara a los gustos de Sienna, ignorando por completo mi alergia al maní. Incluso después de siete años de matrimonio, seguían sirviendo crocante de maní y postres preparados con frutos secos.

Al principio, Callum solía recordarles a los empleados que tuvieran cuidado con lo que servían. Con el tiempo, dejó de hacerlo y empezó a decirme que simplemente evitara comer esos platos. Sin embargo, cuando se trataba de Sienna, bastaba con que no le gustara el cilantro para que no hubiera ni una sola hoja en toda la mesa.

Así que podrán imaginar lo que pasó cuando vio un pequeño trozo verde flotando en su sopa.

Callum ni siquiera esperó a que Sienna frunciera el ceño. Enseguida llamó al mesero.

—Llévatela y que preparen otra. El olor le da náuseas.

Todavía recuerdo cuando Callum me siguió hasta el jardín después de que Sienna se sentara en mi lugar por primera vez. Me dijo que aquello no significaba nada. Luego me abrazó y prometió:

—Tu lugar siempre será tuyo.

Este año, ni siquiera tenía derecho a sentarme a su lado.

Antes de la foto familiar, mi suegra me miró la mano derecha y extendió la suya hacia mí.

—Dale el anillo a Sienna para que la foto quede bien.

Sienna negó enseguida.

—No deberíamos. El anillo le pertenece a Lucía.

Pero nadie le hizo caso. Mi suegra seguía esperando con la mano extendida y yo ni siquiera alcancé a responder cuando Callum intervino.

—Es solo una foto —murmuró—. Te lo devolverá en cuanto terminemos.

Me quitó el anillo con cuidado, aunque el roce dejó mi piel enrojecida alrededor del dedo. Después comprobó que la joya no tuviera rayones y se la colocó él mismo a Sienna en la mano derecha.

—Una semana, Lucía —susurró, mirándome—. No hagas un berrinche por un anillo.

Para la foto, ambos quedaron de pie, uno junto al otro, con sus padres sentados delante de ellos. Yo terminé otra vez en un extremo, casi fuera del encuadre.

Cuando el fotógrafo pidió que todos se juntaran un poco más, Sienna tomó del brazo de Callum. Él no se apartó.

Me volví hacia mi suegra.

—Quédese con el anillo. Ya no lo necesito.

Su sonrisa se tensó.

—¿De qué estás hablando? Es solo un juego. No hagas un numerito para amargarle la noche a la familia.

No respondí.

Tampoco dije nada cuando uno de los familiares, que al parecer desconocía aquella dinámica, compartió el retrato en el chat de los Ashford con una descripción: «Familia completa».

Todos se veían perfectos juntos. Incluso Callum y Sienna. Alguien hasta bromeó con que deberían celebrar otra boda.

Nadie lo contradijo. Mi suegra tampoco. Solo se limitó a reaccionar con un corazón.

Me quedé mirando la conversación unos segundos. Después de siete largos años, seleccioné la opción de salir del grupo.

Callum se dio cuenta casi de inmediato.

«Sé que estás molesta. Hablaremos en cuanto termine el juego.»

Pero yo ya no quería tener esa conversación.
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