La mañana del jueves se levantó con un bochorno espeso que se colaba por los ventanales abiertos de los tribunales de Ancón, donde el aire acondicionado central llevaba días zumbando con un esfuerzo inútil. En la sala de espera de la Fiscalía auxiliar, el ambiente era denso, cortante, impregnado del olor a papel viejo, café de máquina y la tensión invisible de quienes acuden a rendir cuentas ante la justicia.Valeria llegó puntual, acompañada por Mateo y por Elena. No vestía el traje sastre gris que antaño utilizaba como armadura corporativa en los consejos de administración de la Fundación Aldana, ni tampoco el overol de obra del taller. Llevaba una sencilla camisa de lino blanco y un pantalón sastre oscuro; su cabello caía suelto sobre sus hombros y su rostro, desprovisto de artificios, irradiaba una serenidad absoluta. A su lado, Elena se mantenía con los brazos cruzados y la mandíbula firme, actuando como un ancla invisible que disipaba cualquier vestigio de duda.A las nueve en p
Last Updated : 2026-11-07 Read more