El timbre del gran reloj de pared en el vestíbulo marcó las ocho en punto de la noche, un sonido seco y solemne que reverberó en los altos techos de estuco blanco de la residencia Aldana. Para Valeria, ese tictac no era la medida del tiempo, sino el latido mecánico de una prisión invisible.Desde el ventanal del salón principal, enfundada en un vestido de seda verde esmeralda que abrazaba su esbelta silueta con una rigidez calculada, contemplaba los jardines perfectamente simétricos iluminados por luces tenues. Todo en aquella casa exudaba un lujo silencioso, caro y estéril. Cada mueble antiguo, cada alfombra persa y cada obra de arte en las paredes había sido elegida no por gusto personal, sino como un manifiesto estético de poder e influencia.—Valeria, el coche estará aquí en diez minutos. Espero que no lleves puesta esa cara de funeral durante la recepción del gobernador —la voz de Julián Aldana resonó seca, cortando el aire con la precisión de un bisturí.Valeria no se giró de in
Last Updated : 2026-11-05 Read more