
El segundo hombre que la salvóDurante dos años de matrimonio, Sofía Lozano fue desatendida por Leonardo Montes. Hasta que un día, encontró por casualidad un óvulo vaginal espermicida debajo de la cama, una pieza que le reveló una cruda realidad: jamás había sido la esposa legítima de Leonardo, sino una intrusa entre él y Clara Soto.
Cuando el tío de Sofía cayó gravemente enfermo, le suplicó a Leonardo únicamente por un medicamento vital.
Él aceptó de palabra, y luego le pasó el asunto a su secretaria como si nada. Sin embargo, la secretaria le daría a Sofía un medicamento falso.
Cuando la vida pendía de un hilo, apareció en el hospital un visitante inesperado: Daniel Guerrero.
Un hombre de aspecto impecable, con un porte que irradiaba poder, se presentó como amigo de su primo.
Pero Sofía conocía a todos los amigos de su primo. Y él no estaba en esa lista.
Daniel la acompañó a buscar el medicamento. Para que ya no tuviera que humillarse rogándole a nadie.
Una noche de huracán, todo el edificio quedó sumergido por las inundaciones. Él la rescató entre las aguas, y sus primeras palabras fueron un consuelo suave: —No temas, estoy aquí.
Nunca prometía futuros vacíos ni imposibles. Cada plan que hacía tenía a Sofía como protagonista.
Jamás logró comprender por qué un hombre tan inalcanzable como Daniel Guerrero, se convertía en una sombra silenciosa que no se separaba de su lado ni un instante.
Un día, Sofía le preguntó: —¿Qué es lo que quieres de mí?
Daniel frunció el ceño. —Que me acompañes a pasear a mi perro todos los días. Sin faltar ni uno.
El día del divorcio de Sofía, al salir del juzgado, vio a Daniel esperándola en la puerta con el perro.
En ese instante, un recuerdo se apoderó de su mente.
En la preparatoria, cada vez que iba a buscar a su primo, siempre veía a un chico parado a lo lejos, con mascarilla, de expresión seria.
Ella pensaba que le caía mal. Ahora entendía la verdad: Daniel no se atrevía a mirarla, por miedo a que un solo vistazo revelara todo el amor que ocultaba en su pecho.