Siempre me saca una sonrisa pensar en dónde volver a ver películas que me marcaron, y «Escuela del Rock» es de esas que vuelvo a buscar con frecuencia. En España, si hablas de la película protagonizada por Jack Black, lo más cómodo suele ser recurrir a las tiendas digitales: en plataformas como Apple TV, Google Play (Películas de Google) y YouTube Movies la tienes para compra o alquiler casi siempre. Eso me funciona cuando quiero verla sin depender de catálogos rotativos.
Si prefieres servicio por suscripción, me ha tocado encontrarla en Netflix y en Prime Video en distintas épocas; no es raro que aparezca y desaparezca según acuerdos de licencia. Otra vía que uso es Rakuten TV y Filmin para buscar si hay versiones en alquiler o eventos especiales. También conservo la copia en Blu-ray porque la banda sonora merece calidad, y así la puedo poner cuando quiero sin sorpresas de disponibilidad.
En resumen, mi consejo práctico es revisar primero las tiendas digitales para comprarla o alquilarla si quieres verla ya, y si prefieres suscripción, echar un vistazo rápido a Netflix, Prime Video y Movistar+ porque a veces la incluyen en sus catálogos. Me encanta cómo la banda sonora y la energía de la peli siguen funcionando, así que siempre es un buen plan para una tarde de nostalgia y risas.
Recuerdo haber visto los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez en la lista de lecturas de algunos colegios, pero no en todos; mi impresión viene de charlas con padres y de proyectos de lectura en los que participé hace años. En ciertas escuelas privadas y en centros con orientación religiosa, títulos como «La fuerza de Sheccid», «Los ojos de mi princesa» o «Juventud en éxtasis» se mencionan con frecuencia en talleres de valores o como lecturas recomendadas. Ahí suelen presentarlos como relatos que ayudan a conversar sobre afectos, límites y decisiones personales, aunque muchas veces vienen acompañados de debates sobre el enfoque moral que proponen.
En el ámbito público es más irregular: en algunos planteles los docentes sugieren sus obras de manera extracurricular o como parte de clubes de lectura, pero no forman parte del currículo oficial de literatura en la mayoría de los casos. Eso tiene sentido porque sus libros mezclan ficción con mensajes muy explícitos sobre moral y espiritualidad, lo que provoca que equipos académicos y autoridades prefieran materiales más neutrales o de análisis literario clásico para evaluaciones formales.
Personalmente, encuentro que hay valor en leer textos que conectan con emociones adolescentes, siempre y cuando se enmarquen críticamente. Si una escuela incluye estas obras, pienso que lo ideal es hacerlo con actividades que fomenten el diálogo y el pensamiento crítico, no como imposición única de valores. Al final, la presencia de sus libros en las escuelas depende mucho del proyecto educativo y del criterio de cada comunidad escolar, y eso es algo que me parece importante discutir abiertamente.
Nunca dejo de sonreír cuando pienso en quiénes ejercen como "profesores" en «School of Rock»; la dinámica es lo que hace todo tan divertido.
En la película, el protagonista central que toma el rol de docente es Dewey Finn: él no es un profesor titulado, sino un músico que se hace pasar por sustituto y termina enseñando rock a un aula de alumnos. Al otro lado está Rosalie Mullins, la directora y maestra formal de la escuela, que representa la educación tradicional y al principio choca con las ideas de Dewey. También está Ned Schneebly, cuya identidad es usada por Dewey para entrar al aula; Ned no actúa como profesor activo durante la mayor parte de la trama, pero su figura es clave para el conflicto.
Si me pongo en plan fan, eso es lo que más me gusta: la tensión entre el método formal de la señorita Mullins y el caos creativo de Dewey crea una lección sobre la música, la confianza y la enseñanza que aún me hace sonreír.