ログイン—Ándele, con que me deje salir de la escuela, hasta le doy una probadita. En la caseta de vigilancia, una estudiante muy atractiva estaba sentada en mis piernas y me rogaba que le abriera la puerta. Estaba a punto de negarme porque la escuela prohíbe que los estudiantes salgan después de las diez de la noche. Pero ella me bajó los pantalones y se me montó encima.
もっと見るMariana hizo una seña para que guardáramos silencio.—Shh, cállese. Escuche, parece que ahí adentro se oye algo.Desde el fondo del pasillo llegaba un jadeo, mezclado con el arrastre de una cadena sobre el suelo. Agucé el oído y comprobé que era la voz de Karina. No cabía duda de que estaba ahí dentro.Contuvimos la respiración y nos acercamos despacio, siguiendo el sonido. Por la rendija de la puerta se filtraba la luz tenue de una vela, y el arrastre de la cadena resonaba en el pasillo vacío. Karina estaba adentro, tal como temíamos. La tenían atada a una cama, rodeada de toda clase de instrumentos.Al vernos, a Karina se le llenaron los ojos de lágrimas; le temblaban los labios, pero no podía emitir ni un sonido.Tenía la boca amordazada y no podía hablar. Me abalancé para desatarla, y Mariana me siguió. Le quité el trapo de la boca y Karina tosió con fuerza, mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas pálidas.—¡Karina, rápido, ven con nosotros! —dijo Mariana.Karina apena
Las tres iban vestidas bastante llamativas; una ni siquiera traía ropa interior, y se le veían los pezones. Fui directo al grano.—¿Alguna de ustedes conoce a Karina? Desapareció hace poco. Si saben algo de ella, más les vale decirlo.Al escuchar ese nombre, las tres palidecieron. Se miraron unas a otras y ninguna se atrevió a abrir la boca.Pasó un buen rato hasta que la de adelante murmuró:—Nosotras… la vimos hace un par de días. Dijo que iba a ver a un tipo rico y que con eso juntaría dinero para una cirugía…Sentí un nudo en el estómago y me tembló un poco la mano que sostenía la linterna.—¿Y sabes adónde fue?Respondió que no, con la voz temblorosa.—Mencionó el motel abandonado; dijo que ahí la esperaba alguien. Le insistimos en que no fuera, pero no nos hizo caso… Con tanta vigilancia estos días y la escuela encima de todo, seguro no quiso salir por la puerta principal para que no la reconocieran.Cuando terminó de hablar, un escalofrío me recorrió la espalda. Esa zona llevaba
—Ah, acabo de hacer una ronda por la entrada de la escuela. ¿Necesitaba algo?Mariana se acercó y se plantó frente a mí.—Es sobre una alumna de mi grupo. Se llama Karina. Hoy la maestra notó que faltó a clase, así que vine a preguntarle si anoche salió.Al escuchar eso, sudé frío. Me temblaron los labios y balbuceé:—Ah, ¿alguien desapareció? Pues no sé, anoche no salió nadie.Al verme tan tenso, entrecerró un poco los ojos y se quedó mirándome unos segundos.—Se ve muy mal, ¿no se siente bien?Sonaba preocupada, pero eso solo aumentó mi culpa. Contuve los nervios y forcé una sonrisa.—No, no es nada. A lo mejor me estoy resfriando.Asintió y sacó del bolso la copia de una credencial de estudiante.—Entonces échele un vistazo. Esta es la foto de Karina. Anoche, cuando cerraron los dormitorios, usted estaba de guardia. ¿La recuerda?Clavé los ojos en esa cara fina y delicada de la foto. ¡Era la estudiante de ayer! La mano empezó a temblarme. Me obligué a mantener la calma y dije:—No,
Sentí una oleada intensa de placer. ¡Qué bien usaba esa boquita! Nunca había sentido algo así.Tras varios espasmos, levantó la cabeza y me miró; todavía le quedaba en la boca un hilo de líquido blanquecino.Se rio bajito.—¿Quedó a gusto? ¿Ya me deja salir?Me miraba fijo a los ojos, con una chispa en la mirada. Me subí los pantalones y, medio mareado, caminé hasta la puerta. La abrí y le dije:—En serio que contigo no se puede. Bueno, acuérdate de regresar mañana tempranito a primera hora.Ella salió emocionada y, antes de irse, volvió a mirarme.—Gracias, jefe. Luego le doy otro premio. No imaginé que lo tuviera tan grande. Es mucho mejor que todos los que he visto.Me alegré; con semejante halago, se me calentó el cuerpo. Con solo pensar que mañana volvería a pasar, todo me parecía mejor. Esa noche, incluso entre sueños pensaba en ella; tenía que preguntarle sin falta en qué grupo estaba y cómo se llamaba.A mi edad, sentía por primera vez eso que llaman amor de juventud. Fue como
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