
Mi Tío Intocable Quiere RecuperarmeA los diez años, la huérfana Laura Aguilar fue acogida por la familia Salvatierra, una de las más poderosas de la capital. Desde entonces, quedó legalmente bajo la tutela de Gustavo, el segundo hijo de la familia.
En aquel entonces, él acababa de cumplir dieciocho años. Era apuesto, elegante y de una arrogancia despreocupada que parecía ponerlo por encima de todos.
Miró a la pobre niña que tenía delante con frialdad y desdén.
Laura quería aferrarse desesperadamente a esa estabilidad que tanto le había costado conseguir. Se mostró dócil, educada y obediente. Con los ojos llenos de lágrimas, murmuró con timidez:
—¿Gustavo…?
Él soltó una risa baja y le apoyó la mano sobre la cabeza, acariciándola como si fuera un cachorro.
—Así me gusta. Buena niña.
Tiempo después, la noche en que cumplió dieciocho años, la lluvia golpeaba con furia al otro lado de la ventana. Laura se subió a la cama de Gustavo, rodeó con los brazos su cintura firme y, terca, alzó el rostro para morderle apenas el labio antes de fundirse con él en un beso.
El hombre le apretó la cintura con fuerza. Su respiración ardía contra ella, intensa, casi capaz de calarle hasta los huesos.
Afuera, todos decían que Gustavo era el heredero intocable de una familia poderosa: distinguido, distante y completamente indiferente a las mujeres.
Solo Laura sabía la verdad.
Era un bastardo frío, despiadado y mucho más atrevido de lo que cualquiera imaginaba.
Laura se aferró a él durante dos años, pero no logró moverle el corazón ni una sola vez. Así que, al final, rompió con él de forma limpia y definitiva.
Más adelante, Laura apareció frente a Gustavo tomada del brazo de su novio. Con una sonrisa dulce que le iluminaba la mirada, señaló a Gustavo y se lo presentó a su novio:
—Él es mi tío.
Esa noche, en una habitación estrecha, la mirada del hombre ardía de celos. Dominante y posesivo, le sujetó la cintura con fuerza y la acorraló contra la pared.
—¿Tu tío? ¿No se supone que soy tu prometido?