
Le Dio Mi Luna de Miel a OtroMi esposa, Norma Estévez, presidenta de la compañía, se enteró de que yo le había cedido a Manuel Anaya, su asistente favorito, un proyecto valuado en diez millones de dólares.
Creyó que esos tres meses de ley del hielo por fin habían funcionado.
Feliz de la vida, fue ella quien me propuso irnos al extranjero de luna de miel.
Pero, en cuanto Manuel se enteró, se llenó de celos y armó un escándalo diciendo que iba a renunciar.
Norma, que siempre lo consentía, entró en pánico.
Después de pasarse tres días y tres noches consintiéndolo, volvió a cancelar nuestra luna de miel con la excusa de un viaje de negocios y le dio a él el otro boleto.
Más tarde, me explicó con total indiferencia:
—El amor es lo de menos. El trabajo es lo más importante. Como presidenta, debo poner la empresa en primer lugar. Tú eres mi esposo, deberías entenderlo, ¿no?
Miré la publicación que Manuel acababa de subir a sus redes, junto con una foto de ellos dos con las cabezas juntas, haciendo un corazón con los dedos.
No dije nada, solo asentí.
Norma creyó que me había vuelto más generoso y comprensivo, y pareció quedar muy satisfecha.
Incluso aseguró que, cuando regresara al país, me lo compensaría con una luna de miel aún más romántica.
Pero ella no sabía que yo ya había presentado mi renuncia.
Y tampoco sabía que el acuerdo de divorcio ya llevaba estampada su firma.
Entre ella y yo, ya no habría ningún después.