
¡Contrólate! ¡Nos acabamos de casar!El día que recuperó la audición, Patricia Mireles descubrió que su novio la había traicionado.
Después de soltarle unas cuantas bofetadas a ese par, tomó una decisión definitiva: sustituiría a su hermana fugitiva y se casaría con César Pérez, el hombre al que todos temían por su carácter despiadado.
Todos aseguraban que César estaba gravemente enfermo y que era violento por naturaleza.
Casarse con él era prácticamente resignarse a una vida sin intimidad.
Pero la noche de bodas, César la tomó por la cintura y la presionó contra la ventana.
—¿Así que crees que no puedo?
Durante los tres días siguientes, Patricia caminó con las piernas temblorosas y el cuerpo tan débil que apenas podía sostenerse.
Solo entonces comprendió que los rumores podían ser terriblemente engañosos.
Tiempo después, en un banquete, aquel desgraciado apareció con los ojos enrojecidos, aferrándose a ella y rogándole que regresaran juntos.
César se llevó con calma varias pastillas a la boca y las trituró entre los dientes con un crujido seco.
—Mauricio, tráeme un cuchillo. Me acaba de dar un ataque, y si mato a alguien, nadie podrá culparme.
Todos le temían a su locura.
Solo Patricia sabía que, bajo esa apariencia feroz, ardía un amor intenso que existía únicamente por ella.