3 Respuestas2026-01-15 08:04:06
Me hace mucha ilusión cuando encuentro los paquetes auténticos de «Donetes» en los estantes; es como descubrir un pequeño tesoro de la infancia. Normalmente los veo en las grandes superficies: Mercadona suele tener presentaciones básicas y ofertas puntuales, Carrefour y Alcampo ofrecen una gama más amplia (tamaños variados, packs familiares y ediciones especiales), y El Corte Inglés / Hipercor guarda a veces versiones más exclusivas o packs promocionales.
También compro «Donetes» en supermercados de barrio y cadenas como Eroski y Día, que a menudo tienen promociones locales. En mis viajes por distintas provincias he comprobado que cadenas regionales (Coviran, Gadis, Ahorramás) también los traen; puede cambiar la variedad, pero el formato original suele estar. Si voy con prisa tiro de gasolineras o máquinas vending: no es lo ideal, pero funcionan en emergencia.
Cuando quiero asegurarme de que es el producto original reviso el etiquetado y la referencia del fabricante en el envase, y prefiero comprar en tiendas grandes si busco ediciones limitadas o packs grandes. Para comodidad, uso las tiendas online de Carrefour, Mercadona y Amazon.es: a veces hay packs que no veo en tienda física. Al final, me quedo con la emoción de abrir el paquete y recordar sabores de siempre.
3 Respuestas2026-01-15 07:34:16
Me encanta la sensación de la masa cuando está en su punto: suave, elástica y un poco pegajosa. Después de probar muchas recetas, he llegado a una fórmula que me da donetes esponjosos muy parecidos a los que recuerdo en las cafeterías de España. Para empezar, usa una harina de fuerza (unos 500 g), 200 ml de leche tibia, 70 g de azúcar, 10–12 g de levadura fresca (o 4 g de levadura seca), 2 huevos, 60 g de mantequilla a temperatura ambiente y una cucharadita de sal. Mezcla la leche con la levadura y un poco de azúcar, deja que burbujee 5–10 minutos; añade los huevos y la harina y amasa hasta obtener una masa lisa; por último incorpora la mantequilla poco a poco hasta que quede bien integrada.
La clave está en el levado y la técnica: deja reposar la masa en un bol engrasado tapado, en un lugar cálido, hasta que doble volumen (1–1,5 horas). Desgasifica, forma los anillos con cortador o con dos manos presionando el centro, y deja una segunda fermentación más corta (30–45 minutos). Fríe en aceite limpio a 170–180 ºC, cuidando de no llenar mucho la sartén; cada lado suele tardar 60–90 segundos. Escurre sobre papel y pásalos por azúcar o glaseado. Otros detalles que a mí me funcionan: añadir una ralladura de limón o un chorrito de anís para aroma, no sobrefermentar (pierden esponjosidad) y controlar temperatura del aceite con un termómetro. Me encanta comerlos templados, con ese punto tierno y mullido que se deshace al morder.
3 Respuestas2026-01-15 09:05:02
Me flipa descubrir rincones donde los donetes veganos saben mejor que los industriales: en España hoy hay más opciones de las que imaginamos, pero hay que saber buscarlas.
Si vives en una ciudad grande como Madrid, Barcelona o Valencia, lo más fácil es empezar por las pastelerías veganas y cafeterías especializadas; suelen anunciar en Instagram cuando hacen tandas de donas o mini-donetes veganos. También uso HappyCow para encontrar lugares veganos cerca y mirar las fotos para ver si alguien subió la versión dulce. En barrios con mucho movimiento alternativo —Malasaña, Lavapiés, Gràcia, El Born, Ruzafa— aparecen panaderías artesanas que prueban recetas sin huevo ni leche.
Para opciones empaquetadas reviso los súper grandes: Carrefour, El Corte Inglés y a veces Lidl o Aldi traen productos veganos en ediciones limitadas. En supermercados, mirad la etiqueta: «sin huevo», «sin leche» o el sello vegano son clave. Los herbolarios y tiendas eco (Herbolario local, tiendas de producto integral) también venden mixes, donuts congelados o masas veganas que sólo tienes que freír o hornear.
Si me apetece algo inmediato, tiro de pedidos online: Amazon España y la tienda online del súper suelen tener marcas veganas que envían. Y cuando no hay nada disponible, preparo una tanda en casa: con una receta sencilla quedan riquísimos y calientitos, perfectos con café. Me quedo con la satisfacción de comer algo pensado con cariño, no sólo por ser vegano sino por ser sabroso.
3 Respuestas2026-01-15 01:38:09
Hoy me levanté con antojo de donetes y me puse a rastrear todas las opciones de entrega rápida en mi ciudad: la verdad es que en España tienes varias vías según la prisa y el bolsillo. Si vivo en una gran ciudad, lo primero que reviso son las apps de reparto ultrarrápido —Gorillas, Getir y Flink— porque suelen traer paquetes de bollería en 10 a 30 minutos. Suelen tener marcas populares y paquetes pequeños, perfectos para un antojo puntual; la pega es que el precio por unidad puede ser algo más alto y cobran una pequeña tasa de envío, pero la velocidad lo compensa cuando lo necesito ya.
Si busco algo más económico o quiero pedir en cantidad, pienso en supermercados online: Amazon.es (con Prime) suele tener packs de «Donettes» en stock y entrega a domicilio en 24 horas o incluso el mismo día en zonas con servicio exprés. Carrefour, Alcampo y El Corte Inglés/Supercor ofrecen opciones de compra online con entrega en franjas horarias; en ciudades grandes muchas veces puedes reservar el envío para hoy. Mercadona también tiene su servicio online en muchas zonas y, aunque los horarios pueden llenarse rápido, suele ser la mejor relación calidad-precio para packs grandes.
Cuando quiero la solución más flexible, recurro a Glovo o a servicios de personal shopper como Lola Market o la sección de supermercados de apps como Deliveroo en algunas ciudades: permiten pedir en tiendas físicas cercanas (tiendas 24h, estancos, gasolineras o pequeños minisuper) y llegan en menos de una hora. En resumen, para entrega rapidísima uso Gorillas/Getir/Flink; para envío fiable y nacional, Amazon o Carrefour; y si quiero ahorrar y no me corre tanta prisa, Mercadona o Lidl. Me quedo tranquilo sabiendo que, dependiendo de la urgencia, siempre hay una ruta rápida para los donetes.
3 Respuestas2026-01-15 15:14:41
Tengo un recuerdo nítido de los donetes en la merienda del colegio: eran ese anillo pequeño, esponjoso y cubierto de azúcar o chocolate que desaparecía en segundos. Históricamente, el origen de los donetes tradicionales en España es una mezcla entre la tradición de las masas fritas y la influencia de la pastelería industrial. Antes de los envases y las grandes fábricas existían las rosquillas y los buñuelos, recetas que han estado en las cocinas españolas desde hace siglos y que se adaptaron según la región y la festividad.
Con la modernización de la alimentación y la llegada de técnicas de panificación industrial en el siglo XX, esas recetas caseras comenzaron a transformarse: se buscó una textura más uniforme, una vida útil mayor y formatos más prácticos para el consumo rápido. Ahí es cuando aparecen los donetes tal como los recordamos: pequeños, redondos, a veces glaseados o con cobertura de chocolate, pensados para merienda y venta en supermercados. No hay un único “inventor”; fue más bien un proceso colectivo entre panaderías artesanas que pasaron sus recetas a obradores más grandes y marcas comerciales que estandarizaron el producto.
En lo personal me encanta cómo ese objeto humilde cuenta una historia de adaptación: de la masa frita de pueblo a la galleta-donut industrial, manteniendo el sabor reconfortante pero ganando presencia en la cultura popular. Cada bocado me recuerda que la tradición se reinventa sin perder su esencia.