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En las librerías de segunda mano de mi ciudad siempre me cruzo con tapas de «Astérix» que me trasladan a otros veranos; en España su fama es evidente y casi todas las recopilaciones encuentran su público. Para mí, las obras más famosas de Uderzo aquí son la propia serie de «Astérix» en su conjunto y, de forma puntual, «Astérix en Hispania», por la empatía que genera al jugar con referencias hispánicas y por aparecer en planes de lectura escolar y familiar.
Si afinas más, en el circuito de coleccionistas se habla de primeros números y ediciones antiguas de los álbumes escritos por Goscinny y dibujados por Uderzo. Tras la desaparición de Goscinny, Uderzo continuó la serie en solitario: esos volúmenes tienen opinión dividida entre los fans españoles, pero no dejan de formar parte de su huella. Y fuera de «Astérix», hay curiosidad por «Oumpah-pah», un trabajo anterior que algunos descubren como una pieza clave para entender la evolución del autor. Al final, en España Uderzo es sinónimo de trazo claro, humor visual y álbumes que se pasan de generación en generación.
Me asombra que en España Obélix sea prácticamente un personaje de referencia popular, y eso lo explica todo sobre la influencia de Uderzo. Aquí, lo más famoso son las aventuras de «Astérix» en general; títulos concretos que siempre aparecen en conversaciones son «Astérix el Galo» y «Astérix en Hispania», porque este último tiene guiños directos a nuestra historia y costumbres y suele gustar mucho en las reediciones españolas.
También se suele mencionar «Oumpah-pah» cuando se habla de los orígenes del autor, aunque con menos notoriedad que la saga de los galos. He visto a familias comprar tomos antiguos en mercadillos y a estudiantes comentarlos en clase: la mezcla de lenguaje visual y chiste histórico que plantea Uderzo conecta con diferentes edades. Me queda la impresión de que su legado aquí es tan fuerte que seguirá apareciendo en escaparates y conversaciones muchos años más.
En conversaciones sobre cómics populares en España, «Astérix» aparece casi siempre en primer plano y con razón: la saga creada junto a Goscinny es, sin duda, la obra más famosa de Uderzo en nuestro país. Entre los volúmenes que más eco han tenido están «Astérix el Galo» como inicio canónico y «Astérix en Hispania», que por su temática suele recomendarse o mencionarse por la cercanía cultural.
Más minoritaria, pero presente en colecciones y ferias, está «Oumpah-pah», obra anterior a Astérix que revela la evolución del estilo de Uderzo. También hay discusión sobre los álbumes que Uderzo completó en solitario después de la muerte de Goscinny: algunos aficionados los valoran por el dibujo, otros por cómo cambiaron el tono; en cualquier caso, forman parte de la bibliografía que se encuentra en las librerías españolas. En definitiva, en España Uderzo es sinónimo de cómic clásico europeo y de risas compartidas entre generaciones.
Tengo una pila de cómics en la estantería y entre ellos «Astérix» siempre tiene un sitio preferente. Cuando pienso en Albert Uderzo en España lo primero que me viene a la cabeza es, claro, la saga de «Astérix»: desde el emblemático «Astérix el Galo» hasta álbumes como «Astérix en Hispania», que aquí conecta por obvias razones culturales y siempre genera risas por cómo juega con los estereotipos y la historia.
Además de la serie principal, recuerdo haber visto ediciones españolas de «Oumpah-pah», la aventurilla que Uderzo creó con Goscinny antes de que llegara Astérix; no es tan famosa como la otra, pero tiene su encanto y aparece de vez en cuando en mercadillos y colecciones. También se suelen citar los álbumes que Uderzo hizo tras la muerte de Goscinny: algunos fans los defienden por la energía visual, otros los ven más irregulares, pero siguen siendo parte de su legado en España.
Personalmente valoro mucho cómo Uderzo dibujaba las expresiones y los fondos: su trazo lleva décadas haciendo que las historias funcionen tanto para niños como para adultos, y en España eso se nota en la cantidad de generaciones que han crecido leyéndolos.
Mi vecino de infancia me dejó un tomo con la portada de «Astérix» y recuerdo haberlo devorado en un fin de semana. En el entorno español, los que más respeto y reconocimiento han tenido son los álbumes clásicos de la dupla Goscinny-Uderzo: «Astérix el Galo», «La vuelta a la Galia», y en concreto «Astérix en Hispania», que siempre se nombra cuando se habla de cómo la serie retrata diferentes países con humor y cariño.
También me viene a la memoria «Oumpah-pah», que aunque no alcanzó la fama masiva de «Astérix», está valorado entre coleccionistas y aficionados a los cómics europeos. En las bibliotecas y librerías españolas las reediciones y las colecciones completas de «Astérix» han mantenido vivo el interés: las traducciones son ágiles y el humor se conserva tan bien que varias generaciones se reconocen en los chistes. Si pienso en Uderzo, veo un dibujante que hizo del detalle y la expresión su sello, y por eso sus trabajos siguen leyéndose en España con mucho cariño.