Me encanta cómo Carlos Ríos convierte recetas que podrían parecer «fuera de alcance» para vegetarianos en platos sencillos, sabrosos y realmente centrados en comida real. En sus libros, como «
come comida real», la adaptación no es solo cambiar carne por algo similar: es rehacer la lógica del plato para que el protagonismo lo tengan las legumbres, los cereales integrales, los frutos secos y las verduras de temporada. Muchos de sus ejemplos transforman una receta tradicional carnosa en una versión con lentejas, garbanzos o setas que conservan umami y textura, sin recurrir a productos ultraprocesados.
Técnicamente, lo que más me gusta es cómo propone sustituciones prácticas y accesibles: la boloñesa se hace con lentejas cocidas y tomate concentrado, los filetes se reemplazan por champiñones portobello o steaks de coliflor bien asados, y las albóndigas pueden formarse con garbanzos y avena. También introduce alternativas como tofu firme, tempeh o seitán cuando la receta necesita una estructura más «cárnica», pero siempre recomendando las versiones mínimamente procesadas. Además aporta trucos de sabor —miso, salsa de soja, levadura nutricional, hierbas tostadas— para compensar la falta de grasa animal y aportar profundidad.
Un punto clave que él recalca, y que valoro mucho, es su rechazo a depender de sucedáneos industriales ultra procesados: evita aconsejar hamburguesas veganas empaquetadas, sucedáneos con larga lista de aditivos o «quesos» muy procesados. Prefiere que la proteína venga de combinaciones inteligentes como legumbres + cereales (arroz y lentejas, por ejemplo), o que se complemente con huevos y lácteos en dietas lacto-ovo, cuando procede. También dedica espacio a ajustar aspectos nutricionales: combinar hierro vegetal con una fuente de vitamina C para mejorar su absorción, y recomendar alimentos fortificados o suplementos para B12 si la dieta lo requiere.
En la práctica, sus recetas vienen con instrucciones para batch-cooking, conservación y pequeñas variaciones para que cada plato encaje en distintos estilos vegetarianos. Yo he probado varias y funcionan: mantienen la sensación de «comida casera», tienen buena textura y, sobre todo, son fáciles de replicar con ingredientes del súper. Al cerrar cada receta, sigo pensando que su enfoque es más educativo que puramente recetario: enseña a pensar en la comida real como sustituto inteligente de la carne, no como una imitación forzada. Eso me deja con muchas ganas de experimentar más en la cocina.