Me flipa la idea de transformar un libro en un video que atrape desde el primer segundo. Primero me concentro en el gancho: una frase potente o una imagen que deje preguntas, porque esos segundos iniciales deciden si alguien sigue mirando. Escribo un guion corto de 30 a 90 segundos donde priorizo sensaciones sobre explicaciones; más atmósfera que sinopsis completa. Luego hago un storyboard simple para visualizar ritmo y transiciones: close-ups para emoción, planos abiertos para mundo, texto en pantalla para frases clave.
Para lograr impacto sin gastar una fortuna uso mezcla de recursos: tomas propias si puedo, material de archivo libre, ilustraciones estáticas con efectos sutiles y tipografía dinámica. El audio lo cuido casi tanto como la imagen —una pieza musical que apoye la emoción, algún efecto puntual y, si encaja, una voz en off con tono íntimo. Adaptar el lenguaje visual al género ayuda mucho: colores fríos y silencios para thriller, paleta cálida para contemporáneo, edición ágil para juvenil.
Antes de publicar creo varias versiones: 15–20 segundos para redes, 60–90 para YouTube y una miniatura potente con título y frase gancho. No olvido subtítulos ni una llamada a la acción clara: dónde comprar o leer el primer capítulo gratis. Testeo con amigos o gente del grupo de lectura para ajustar ritmo y claridad. Al final lo que me emociona es ver cómo un fragmento bien contado despierta la curiosidad; un buen
booktrailer tiene que sentirse como una promesa, no como un resumen, y dejar una sensación que invite a abrir el libro.