Recuerdo claramente la primera vez que vi a Hani en un escenario y cómo su estilo me pegó de inmediato; su mezcla de elegante descaro y guiños callejeros me hizo repensar cómo se ve el
k-pop más allá del maquillaje perfecto y las coreografías. En España, noté que su influencia llegó por oleadas: primero a través de vídeos virales y fancams que la mostraban con prendas sencillas pero memorables, luego con chicas y chicos recreando esos looks en plazas, universidades y conciertos de K-pop.
Desde mi rincón de fan veterana, creo que Hani aportó dos cosas cruciales a la moda K-pop española: accesibilidad y actitud. Su manera de combinar crop tops con faldas midi, o de poner una chaqueta oversize sobre algo más femenino, encajó perfecto con el
armario español, donde muchas piezas ya eran comunes. Eso hizo que imitar sus outfits fuera fácil y auténtico, no una copia fría. Además, su sonrisa y movimientos añadían una confianza que la
gente quiso emular; no solo vestirte igual, sino moverte con la misma intención.
Hoy veo su legado en los mercados de segunda mano, en tiendas independientes que etiquetan looks como «
inspirado en Hani», y en estilismos de creators
españoles que mezclan la estética coreana con toques locales. Me gusta pensar que Hani ayudó a que el K-pop en España dejara de ser algo distante y se convirtiera en una fuente real y práctica de moda cotidiana; eso me parece precioso y útil para la escena local.