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El Marsupilami es uno de esos personajes que trasciende su origen. Franquin lo concibió como una mezcla de fantasía y biología imaginaria, sin preocuparse por las reglas de la naturaleza. Su hábitat, la selva de Palombia, es tan ficticio como él, pero eso no impidió que audiences de todas las edades lo adoptaran. Su diseño minimalista pero expresivo lo hace fácil de reconocer, y su personalidad juguetona lo vuelve entrañable. Hoy sigue siendo un símbolo de creatividad sin límites en el noveno arte.
¿Sabías que el Marsupilami casi no habla? Franquin usaba su lenguaje corporal y onomatopeyas para darle vida, algo revolucionario en los 50. Su cola infinita y su curiosidad insaciable lo hacen perfecto para gags visuales. Más que un personaje, es una fuerza de la naturaleza dibujada. Franquin demostró que lo absurdo, con talento, puede convertirse en eterno.
Me fascina cómo el Marsupilami surgió de la mente creativa de André Franquin. En 1952, mientras trabajaba en la serie «Spirou et Fantasio», Franquin quería introducir un animal exótico y divertido. Dibujó una criatura amarilla con manchas negras, cola prensil y un comportamiento hiperactivo. Su diseño evolucionó hasta convertirse en un icono, mezclando rasgos de simios, felinos y marsupiales.
Lo más curioso es su nombre, que combina «marsupial» y «palíndrome» (al revés, «milupasram»), dando esa sensación de rareza. Franquin era un genio para crear personajes memorables, y el Marsupilami es prueba de eso. Su popularidad fue tal que incluso tuvo su propia serie y adaptaciones animadas décadas después.
Franquin era un maestro del cómic franco-belga, y el Marsupilami refleja su humor absurdo y amor por lo excéntrico. El personaje apareció primero en «Spirou et Fantasio», pero robó la escena con su energía salvaje y sonidos únicos («Houba houba!»). Su cola, casi un personaje aparte, podía estirarse metros y hacer de todo. No hay otro animal ficticio tan carismático en el mundo del cómic europeo. Franquin lo diseñó para ser visualmente impactante y lleno de posibilidades narrativas, y vaya que lo logró.