2 Answers2026-02-04 00:35:40
Hay escritores españoles cuya forma de mirar las relaciones de poder me sigue dando vueltas por la cabeza cada vez que vuelvo a sus textos. En novelas del siglo XIX como «Fortunata y Jacinta» de Benito Pérez Galdós o en «Los pazos de Ulloa» de Emilia Pardo Bazán se ve la maquinaria social —clases, patriarcado, clientelismo— funcionando con una precisión casi clínica: no es solo quién manda, sino cómo se naturalizan las jerarquías en la vida cotidiana. Galdós despliega la política y la ambición burguesa entre escenas domésticas, mientras Pardo Bazán expone la violencia simbólica y material que reproducen las élites rurales. Me gusta cómo ambos combinan lo íntimo y lo público para mostrar que el poder no cae del cielo, se sostiene por costumbres y miedos. En mi lectura más moderna, autores como Javier Cercas o Almudena Grandes me atraen por la manera en que entrelazan memoria, historia y poder. Cercas en «Soldados de Salamina» cuestiona la construcción de los mitos y cómo el relato puede convertirse en instrumento de legitimación o de resistencia; Grandes, en obras como «El corazón helado», traza la herencia del franquismo en las relaciones familiares y sociales, mostrando que el poder también se transmite en silencios y omisiones. Rosa Montero, con su mezcla de ensayo y ficción en títulos como «La loca de la casa», explora el poder de las narrativas personales y cómo el género condiciona el acceso a la voz pública. Hay además voces contemporáneas que me interesan por su firme atención a microviolencias y jerarquías cotidianas: Sara Mesa en «Cicatriz» disecciona relaciones de control y humillación en espacios urbanos; Cristina Morales en «Lectura fácil» ataca desde lo visceral las instituciones que deshumanizan. Y no puedo dejar de mencionar a Manuel Castells en el ámbito de ensayo: su trilogía «La era de la información» ofrece herramientas para entender el poder en red y su impacto sobre mercados, Estado y movimientos sociales. En conjunto, estos autores muestran que las relaciones de poder son un tejido: hay hilos visibles—políticos, económicos—y otros invisibles—afectos, memoria, lenguaje—y leerlos me ayuda a reconocerlos y, a veces, a cuestionarlos con más claridad.
2 Answers2026-02-04 12:07:28
Me flipan las series españolas que no solo cuentan una historia, sino que la usan para enseñar quién manda y por qué; esas tramas me hacen pensar en estructuras sociales y en cómo el poder se infiltra en lo cotidiano.
En «La Casa de Papel» el poder se juega en tres tableros: el interno (Jerarquías dentro de la banda, con Berlin, El Profesor y las lealtades que se rompen), el público (el Estado, los medios y la policía) y el simbólico (la narrativa de resistencia que se convierte en arma). Me interesa cómo la serie mezcla carisma y manipulación: un abrazo puede ser liderazgo, una orden puede ocultar inseguridad. En «Vis a Vis» la cárcel es un microcosmos donde la violencia, la economía informal y las alianzas definen quién sobrevive; allí el poder de las reclusas frente a la de los funcionarios, y las diferencias entre ellas (origen social, edad, inteligencia) marcan la cadena alimenticia del penal.
También hay series que exploran poder más silencioso y local. En «Hierro» la isla no es solo paisaje, es un sistema: las familias antiguas, los negocios y la prensa local controlan la memoria colectiva y condicionan la justicia; ver a la investigadora chocando contra esa red me recordó lo difícil que es desmontar influencias en espacios cerrados. «Fariña» enseña el vínculo entre corrupción política, dinero fácil y la impunidad de los poderosos del narcotráfico: el relato está lleno de gestos pequeños que producen grandes consecuencias, como favores, miedo y silencio. Por otro lado, en «Las Chicas del Cable» el poder se manifiesta en lo laboral y lo íntimo: las mujeres negocian autonomía en oficinas donde los jefes patriarcales deciden su destino laboral y sentimental.
Lo que más me atrae es la variedad de recursos narrativos: el montaje para mostrar choques de poder, los flashbacks para justificar decisiones, y el uso del espacio (un banco, una cárcel, una isla, una fábrica) como personaje que favorece a ciertos grupos. Estas series no siempre ofrecen respuestas limpias, y ahí está su riqueza: te dejan la sensación de que el poder es respirable, que está en las miradas y en las ausencias. Al terminar cualquiera de ellas me quedo dándole vueltas a quién tenía realmente la sartén por el mango y por qué, y eso es lo que me engancha.