5 Respostas2026-01-25 07:07:52
Me apasiona cómo las series españolas mezclan lo ancestral con lo moderno al representar la brujería.
He visto de todo: desde escenas que recurren a leyendas gallegas —esas meigas que aún susurran en los pueblos— hasta propuestas urbanas donde la hechicería aparece como metáfora de poder femenino. En algunas ficciones la brujería conserva su aura rural, con rituales al borde del bosque, curanderas, y el choque con la Iglesia o la autoridad; en otras, se transforma en una subcultura contemporánea, con jóvenes que practican magia en pisos compartidos y redes sociales.
Lo que más me gusta es cuando la narración no simplifica: los guiones entrelazan superstición, sororidad y crítica social, mostrando la persecución histórica pero también la recuperación actual de símbolos. Esos matices hacen que la brujería deje de ser solo susto y pase a ser herramienta para hablar de identidad y resistencia; al final, me quedo con la sensación de que la pantalla española busca reconciliar tradición y crítica moderna.
5 Respostas2026-01-25 02:09:22
Siempre me llama la atención cómo un mismo tema puede atraer desde curiosos hasta lectores empedernidos: en España, los títulos sobre brujería que veo más a menudo en las mesas de novedades y en los catálogos suelen mezclar clásicos teóricos, guías prácticas y novelas que han calado por su componente mágico.
Entre los títulos que más se venden y circulan están obras como «La danza espiral» de Starhawk, que funciona como una mezcla de espiritualidad y activismo; «Wicca: Guía para el practicante solitario» de Scott Cunningham, ideal para quienes buscan un acercamiento práctico y sencillo; y «El descubrimiento de las brujas» de Deborah Harkness, que, siendo ficción, disparó el interés por la brujería con su mezcla de historia y fantasía. También se reimprimen a menudo ensayos históricos como los de Margaret Murray o colecciones tituladas «El libro de las sombras» (ediciones variadas) que sirven como manuales personales.
Personalmente disfruto ver cómo cada lector toma una de estas obras y la adapta a su propia curiosidad: algunos buscan rituales y hierbas, otros se meten en novelas con brujas como protagonistas, y otros más prefieren el contexto histórico y antropológico. En cualquier caso, esas son las referencias que más encuentro en librerías y tiendas online, y que suelen mover masa crítica en España.
5 Respostas2026-01-25 02:00:43
Me resulta fascinante cómo en España puedes acercarte a la brujería desde rutas muy distintas y todas legales si las planteas con respeto y sentido común.
Yo, con más de cuarenta años de lectura a cuestas, he terminado recomendando siempre empezar por la vía académica o asociativa: estudiar antropología, historia o etnografía en una universidad te abre contexto sobre rituales y persecuciones; por otro lado, cursos homologados de fitoterapia o herboristería (en escuelas de formación profesional o centros de salud natural) te dan conocimientos prácticos sin meterte en problemas legales. Muchas asociaciones paganas y wiccanas están registradas oficialmente como asociaciones culturales o religiosas; unirte a una de ellas te permite recibir formación comunitaria y participar en rituales con cobertura legal.
Además, existen talleres municipales y centros culturales que ofrecen cursos sobre tradiciones populares, recuperación de saberes y usos de plantas. Si vas a practicar, infórmate sobre especies protegidas, evita ofrecer diagnósticos médicos sin título y respeta la propiedad pública y privada. En lo personal, disfruto combinar lectura seria con encuentros presenciales: así aprendo y me siento seguro, y esa mezcla me ha dado confianza y criterio para seguir explorando.
5 Respostas2026-01-25 08:23:43
Me sigue asombrando cómo un rumor en un pueblo podía terminar en una hoguera o en una ruina familiar, y esa capacidad de propagar miedo explica gran parte del impacto histórico de la brujería en España.
En los siglos XV a XVII la acusación de brujería fue una herramienta social y judicial: en muchas zonas las autoridades municipales y los tribunales se valieron de esas denuncias para castigar desviaciones, resolver rencillas y vigilar comportamientos femeninos que escapaban a las normas. La creación de la Inquisición en 1478 no significó inmediatamente una caza de brujas masiva como en otros países; de hecho, la inquisición, más centrada en la herejía, mostró a veces escepticismo sobre pruebas basadas en confesiones forzadas. Aun así, los autos de fe y las espectaculares ejecuciones contribuyeron a consolidar la idea de un poder central que castigaba la desviación moral.
Pienso en casos concretos, como las acusaciones en el País Vasco alrededor de Zugarramurdi (1609–1614): allí confluyeron folklore, rivalidades locales y la intervención inquisitorial. El papel de inquisidores más cautos, como Alonso de Salazar Frías, que recomendó prudencia y pruebas más sólidas, marcó el camino hacia la disminución de los procesos por brujería. En conjunto, la persecución influyó en la cultura popular, en la marginación de curanderas y en la nítida definición de normas sociales; a día de hoy esas huellas siguen perceptibles en tradiciones, memoria colectiva y literatura.
5 Respostas2026-01-25 05:07:41
He repasado mi lista de favoritas y me quedo con estas para empezar si te interesa la brujería en el cine español.
«Las brujas de Zugarramurdi» (2013) de Álex de la Iglesia es la opción más gamberra: mezcla humor negro, referencias folclóricas y una pandilla de ladrones metida en un lío con brujas modernas; es puro desmadre y se disfruta si te va el tono satírico. «Akelarre» (2020) aborda la caza de brujas en el País Vasco con un enfoque serio y atmosférico, casi documental en su pulso; es cruda y te hace pensar en el poder y la superstición.
Si te interesa el terror clásico, no dejes de ver «La noche de Walpurgis» (1971), con Paul Naschy y ese aroma a cine de terror gótico español. Para un cruce entre comedia negra y ocultismo, «El día de la bestia» (1995) trae aires apocalípticos y rituales satánicos en clave de humor oscuro. Personalmente, alterno entre la risa irracional de Álex de la Iglesia y la solemnidad de «Akelarre», porque así cubro la faceta lúdica y la histórica de la brujería en España.