Me viene a la mente la imagen de la pequeña que siempre traía un aura traviesa en la tele: yo la recuerdo como Tabitha Stephens, la hija de Samantha y Darrin en «Bewitched». Erin Murphy, junto con su gemela Diane, compartió el papel cuando la niña apareció en la serie; cuando pienso en las escenas donde algo extraño sucedía en la casa, casi siempre estaba la mirada inocente de Tabitha como detonante o como remate cómico.
Yo solía fijarme en esos detalles de producción de niño curioso: los gemelos se emplean mucho para roles infantiles por las reglas del trabajo infantil, y Erin fue la cara más reconocida de Tabitha en varios episodios. La chica tenía poderes heredados, pequeñas manifestaciones mágicas que los guiones usaban para complicar la vida familiar de los Stephens y generar situaciones cómicas o tiernas. Verla crecer (en pantalla y en cariño del público) fue parte importante del encanto de la serie.
Años después, cuando revisito capítulos viejos, valoro cuánto aportó ese personaje a la dinámica familiar y a la industria televisiva de la época. Erin Murphy dejó una marca: Tabitha pasó de ser un recurso encantador a un personaje entrañable que el público recordaría décadas después. En lo personal, siempre me provoca nostalgia ver a esa niña con poderes intentando entender el mundo humano con ojos de travesura y ternura.
Pienso en Tabitha como el pequeño terremoto adorable de «Bewitched», y sé que Erin Murphy fue una de las niñas que le dio vida. Erin, junto con su gemela Diane, interpretó a la hija mágica de Samantha y Darrin cuando la serie introdujo al bebé que traería nuevas situaciones cómicas y entrañables al hogar Stephens. En pantalla, Tabitha tenía poderes que se manifestaban de maneras inocentes y a veces problemáticas, y eso permitió jugar mucho con la comedia y con la ternura familiar.
Yo, viéndolo con ojos más maduros, aprecio cómo un personaje infantil puede cambiar la dinámica de una serie y quedarse en la memoria colectiva; la contribución de Erin durante esos episodios fue esa chispa que convirtió a Tabitha en uno de los rostros más recordados de la ficción.
En el fondo tengo una imagen clara: Erin Murphy interpretó a Tabitha Stephens en «Bewitched», la hija de Samantha y Darrin. Ella y su hermana gemela Diane compartieron el papel cuando Tabitha era pequeña, y Erin suele ser la que más se recuerda por aparecer en muchos episodios. Tabitha era un personaje que, aunque menor, servía como catalizador de gags y dilemas familiares: su magia aparecía sin avisar y obligaba a los adultos a arreglárselas de formas cómicas.
Como fan de series clásicas, me interesa también el impacto que tuvo ese tipo de personaje infantil. Tabitha no solo era adorable; representaba la idea de que la magia podía ser parte del día a día y mostraba los miedos y ternuras de unos padres que no siempre entendían a su propia hija. Más adelante la vimos crecer en otras adaptaciones con actrices diferentes, pero la huella de Erin en la fase infantil de Tabitha quedó patente para quienes seguimos la serie desde entonces.
Personalmente, me gusta pensar que esos rostros infantiles y ese humor ligero ayudaron a que «Bewitched» trascendiera generaciones, y la actuación de Erin, con su mirada y su presencia, fue clave para que Tabitha se convirtiera en un personaje memorable.
2026-07-02 08:26:41
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«Mi amo vampiro: Un contrato de sangre y lujuria» es una creación de Angeline Hartwood, una autora de eGlobal Creative Publishing.
Recuerdo perfectamente la sensación de ver a esas pequeñas en la pantalla y preguntarme quiénes eran; así empecé a interesarme por la historia de Erin Murphy. Erin comenzó su carrera muy, muy joven: ella y su hermana gemela se metieron en el mundo del entretenimiento cuando todavía eran niñas pequeñas y pronto llamaron la atención para trabajos frente a cámara. Lo que mucha gente recuerda es que ambas compartieron el papel de Tabitha en «Bewitched», apareciendo en la serie durante las últimas temporadas, lo que les dio un lugar inmediato en la cultura pop de la época.
Antes de convertirse en la carita conocida de una serie popular, Erin ya tenía experiencia en sesiones fotográficas y anuncios, algo típico en familias que buscan oportunidades para sus hijos en la industria. El hecho de ser gemelas ayudó mucho: la producción podía alternarlas para cumplir con las estrictas reglas laborales sobre menores y así mantener la continuidad del personaje sin sobrecargar a ninguna de las niñas. En el set aprendieron desde muy temprano a lidiar con luces, pendientes de tiempos y una rutina de trabajo que para muchas familias resulta intensa.
Mirando hacia atrás, lo que me parece más interesante no es solo el hecho de que fuera una actriz infantil, sino cómo ese comienzo modeló su trayectoria: la exposición masiva con «Bewitched» le abrió puertas, pero también la marcó como una de esas figuras infantiles icónicas que luego tienen que reinventarse. Personalmente, me encanta pensar en cómo una etapa tan temprana puede convertirse en una historia de vida, con recuerdos del set que perduran y una relación especial con los fans que crecieron viéndola.
Tengo una imagen clara de aquellos episodios infantiles que marcaron a toda una generación: Erin Murphy nació en Encino, California, y se convirtió en un rostro familiar gracias a su papel como Tabitha en la serie «Bewitched». Empieza ahí su historia pública: de bebé que ganó la simpatía del público a una carrera que fue adaptándose con los años.
Enseguida se vio cómo la fama infantil abrió muchas puertas pero también trajo retos de tipo de encasillamiento. Yo recuerdo leer entrevistas y reportajes que cuentan cómo Erin siguió vinculada al mundo del espectáculo a lo largo de su vida: hubo apariciones en programas, trabajos en publicidad, y presencia constante en convenciones y eventos de nostalgia televisiva. Esa transición —de actriz infantil a figura que maneja su propia imagen— me resulta fascinante, porque exige reinventarse sin perder la esencia que la hizo famosa.
Personalmente, me gusta pensar en su trayectoria como un viaje con varias paradas: fama temprana, adaptación a roles puntuales y luego un trabajo más independiente en proyectos, apariciones públicas y actividades relacionadas con el entretenimiento y el público fan. Para quien admira a los niños-estrella que logran mantenerse activos sin desaparecer, la historia de Erin tiene lecciones sobre resiliencia y sobre definir la carrera uno mismo.
Me sigo sorprendiendo de cómo el tiempo transforma a las caras que vimos de niños en la pantalla; ver a Erin Murphy hoy es un buen ejemplo de eso. Nació el 17 de mayo de 1964, así que ahora tiene 62 años. Aunque la mayoría la recuerda como la adorable Tabitha de «Bewitched», lo que más me llama la atención en sus fotos actuales es que conserva esa sonrisa abierta y esa mirada vivaz que la hicieron tan entrañable en su infancia.
En las imágenes recientes se le ve con un estilo natural y cuidado: el cabello suele aparecer en tonos rubios o ceniza, cortado a una longitud que le da un aire fresco y cómodo, y su atuendo tiende hacia lo clásico y elegante pero sin excesos. Las arrugas y las líneas de expresión están presentes, claro, pero le dan carácter más que restarle encanto; transmite una sensación de salud y de alguien que disfruta la vida y los recuerdos de su carrera.
Como fan que creció viéndola en programas antiguos, me gusta ver que no intentó borrar el tiempo sino aceptarlo con estilo. A veces aparece en eventos para fans y en redes compartiendo momentos con familia y proyectos personales, lo que ayuda a ver no solo la imagen sino la persona detrás del personaje. En definitiva, a los 62 años Erin Murphy muestra una versión madura y serena de la niña que encantó a tantas generaciones.