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Mal Amar, Eterno Lamento

Mal Amar, Eterno Lamento

Cuando yo estaba embarazada de cuatro meses, mi esposo médico me dejó plantada 16 veces cuando íbamos a registrar nuestro matrimonio. La primera vez, su amante, la enfermerita Lucía, se desmayó por la sangre durante una cirugía. Esperé todo el día frente a la oficina de registro. La segunda vez, recibió una llamada de Lucía. Me abandonó en el puente elevado solo para comprarle toallas sanitarias. Cada vez que intentábamos registrar el matrimonio, su amante encontraba una nueva excusa. La última vez, escuché que él estaba enfermo. Corrí al hospital bajo la lluvia torrencial, solo para descubrir que era la Lucía quien estaba enferma. Él permaneció a su lado sin moverse, mientras me mentía descaradamente por teléfono. En ese momento, comencé a odiarlo. Decidí abortar y marcharme. Pero él recorrió medio mundo, persiguiéndome hasta otro país, solo para suplicarme perdón.
Historia corta · Romance
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Anillo Roto y Promesas en la Cancha

Anillo Roto y Promesas en la Cancha

El día que celebrábamos nuestro tercer aniversario de bodas, Camila Estévez —enamorada de mi esposo desde hacía tres años— decidió proclamar su amor por él en Facebook.
Historia corta · Romance
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Me Fui con el Secreto que Él Nunca Supo

Me Fui con el Secreto que Él Nunca Supo

Puse fin a un embarazo antes de que cumpliera tres meses… y él nunca llegó a saberlo. Estaba demasiado ocupado retomando su relación con su ex, aún atrapado en las brasas de un amor pasado. Para que ella se sintiera cómoda, le entregó mi dormitorio principal como si no significara nada. Incluso convirtió lo que debía ser nuestra fiesta de compromiso en una fiesta de bienvenida para ella, dejándome como el hazmerreír de todos. Así que me di la vuelta, destrocé mi vestido de compromiso y acepté casarme con el hombre que mi familia había elegido para mí.
Historia corta · Romance
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Renacida para Escapar de la Familia Mafiosa

Renacida para Escapar de la Familia Mafiosa

Para devolverle a mi amor platónico el derecho de heredar su familia mafiosa, le di una de mis córneas. Sin embargo, cuando él recuperó la vista, mi familia prefirió que se casara con mi hermana mayor en lugar de conmigo. En mi vida pasada, intenté encontrarlo y explicarle todo, pero me rechazó. Por si fuera poco, mi familia me exilió y morí la noche de su boda con mi hermana. Y entonces, renací antes de mi exilio. Esta vez, decidí abandonar mi grupo mafioso y a mi amor platónico por voluntad propia... Pero, ¿aquel jefe mafioso despiadado? Él se derrumbó por completo.
Historia corta · Mafia
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Jueguitos Xpeciales en Familia

Jueguitos Xpeciales en Familia

Desde que me volví tontito, mi madrastra siempre me cuidó personalmente. No solo me daba masajes y me llevaba a hacer ejercicio, sino que tampoco rechazaba mis caricias. Mi padrastro, seguro de que era un idiota, nunca se molestaba en ocultar sus actos íntimos con mi madrastra delante de mí. Pero lo que ellos no sabían era que yo ya había vuelto a la normalidad. Mientras mi madrastra tenía una videollamada con mi padrastro y se consolaba con su juguete frente a la cámara, yo, en silencio, tomé mi hombría y la hundí en su cuerpo. Y mi padrastro no tenía ni idea.
Historia corta · Pasional
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Después de renacer, dejé de obsesionarme con mi esposo.

Después de renacer, dejé de obsesionarme con mi esposo.

Al renacer, decidí escribir el nombre de mi hermana en la solicitud de matrimonio. Esta vez, le concedí a Lucas Delgado su deseo. En esta vida, me adelanté: vestí a mi hermana con el traje de novia y le coloqué el anillo de compromiso. Yo misma orquesté cada encuentro entre ellos. Cuando él la llevó a Ciudad Esmeralda, sin dudarlo partí al sur para estudiar. Porque en mi vida pasada, incluso a los cincuenta años, Lucas y nuestro hijo seguían rogándome que me divorciara. Así que cumplí su último deseo: que estuviera con ella. Al volver a vivir, solo anhelé desplegar mis alas... libre de amor.
Historia corta · Romance
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El Humo De La Sirena Que Amó Al Alfa

El Humo De La Sirena Que Amó Al Alfa

Yo era una princesa del mar. En cuanto vi a Dominic, el Alfa de los lobos, caí rendida ante él. Quería ser su pareja, ser parte de su mundo. Por eso le entregué todo lo que yo era a la Diosa de la Luna. Pero él me encerró en la sala de aislamiento de la manada por tres días. Según él, para que “pensara en lo que había hecho”. Todo porque no corrí a ayudar a su amiga de la infancia, Harper. Se dejó caer en el banquete de la manada y todos los presentes se carcajearon. Harper lloró y se refugió en los brazos de Dominic. —Marina ha de tener celos de lo bien que me tratas. ¡Seguro usó su magia de forastera para hacerme caer frente a todos! Mientras me encerraba, la cara de Dominic reflejaba una gran decepción. —Te he consentido mucho, Marina. Y ahora usas mi amor como un arma contra mi manada. Te quedarás aquí tres días. Cuando hayas aprendido la lección, me buscas por el enlace mental y te disculparás. Entonces te dejaré salir. La sala de aislamiento estaba diseñada para limpiar espíritus. Pero él no sabía la verdad. Quemar salvia solo limpia el espíritu de un hombre lobo. Pero para una sirena, es veneno. El humo me quemó los pulmones. El veneno inundó mis venas. Me asfixié en esa habitación sellada. Y nadie se dio cuenta jamás.
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El Don Me Rogó Por Una Segunda Oportunidad

El Don Me Rogó Por Una Segunda Oportunidad

—Ayúdame a fingir mi muerte y a organizar una identidad completamente nueva. —Doña —el hombre estaba claramente conmocionado—. ¿Por qué? El Don la adora. Toda Sicilia sabe que... —Eso no es asunto tuyo —lo interrumpí—. Me voy en cinco días. Al salir del mercado negro, la pantalla LED de la plaza todavía mostraba imágenes de mi fastuosa boda con el Don Alexander hace tres años, una ceremonia que costó más de quinientos millones de dólares. Todos pensaban que Alexander me amaba profundamente, y yo también lo creía. Hasta esta tarde. En nuestro tercer aniversario de bodas, regresé a Sicilia temprano y me escondí en la sala de descanso de la oficina de mi esposo, queriendo darle una sorpresa. En su lugar, vi a su secretaria escondida bajo su escritorio. Mientras el subjefe, Marco, informaba sobre las pérdidas de la operación de contrabando en el muelle, Isabella estaba arrodillada entre las piernas de Alexander, desabrochando hábilmente sus pantalones. Su cabeza subía y bajaba. Después de que Marco se fue, Isabella sonrió seductoramente. —¿Podría tu Doña atenderte de esta manera durante una reunión? La voz de Alexander estaba llena de deseo. Sus manos amasaban los pechos de ella. —Sophia es demasiado convencional, demasiado aburrida. Tú eres mucho más emocionante en la cama, pequeña zorra. Me cubrí la boca, completamente devastada. Pero cuando finalmente me fui, el Don, que me había considerado aburrida, fue quien se desmoronó por completo.
Historia corta · Mafia
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La esposa a la que dejó morir

La esposa a la que dejó morir

Me desangraba en una esquina tras un ataque de una familia rival. Mi esposo, Dante —el subjefe de la familia Torrino— estaba en su auto, sosteniendo a la hermanita de su mejor amigo. Me lanzó una mirada fría y dijo: —Déjala. No es nadie. Más tarde, cuando otro me salvó, caminé a casa empapada en mi propia sangre. Encontré a Dante meciendo a Serafina, preocupadísimo por ella. Ella solo tenía una rodilla raspada. ¿Y la sangre que cubría mi ropa? Ni siquiera la vio. Solo observé. No dije nada. Luego saqué mi teléfono y llamé a mi madre: —Mamá, necesito volver a casa.
Historia corta · Mafia
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Todas las Flores que No Fui

Todas las Flores que No Fui

Llevo diez años casada con Nicolás. He conocido a cada una de sus novias. Cada vez que se aburría y quería cambiar, yo era su mejor pretexto para terminar con ellas: —Si te casas conmigo, vas a terminar igual que ella. Nos acostumbraríamos tanto el uno al otro que se perdería toda la emoción. En nuestro aniversario de bodas, yo le secaba las lágrimas a la universitaria que acababa de dejar, mientras él llevaba a su nueva conquista al cine. Cuando se acabó el paquete de pañuelos, fue como ver un reflejo de mi pasado. Así que le pedí el divorcio. Su reacción fue de una confusión genuina, algo raro en él. —¿No vas a esperar un poco más? Tal vez lo nuestro pudo funcionar. Le dediqué una sonrisa vaga, sin responder, y compré un boleto de avión para cruzar el océano. Ya no podía esperar a que cambiara, así que decidí dar el primer paso.
Historia corta · Romance
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