La Esposa sumisa. Ya no más
su infidelidad no tenía justificación
La imagen de mi madre, sentada en el salón de la mansión, esperando una visita que nunca llegaba, se clavó en mi mente como una espina. Durante años, ella había sufrido en silencio mientras Ryan hacía exactamente lo mismo: desaparecer, dejarla sola. Yo había juzgado a Ryan en aquel entonces por su actitud egoísta e insencible, la había juzgado también a ella por su apego, por no saber soltar, pero ahora entendía. Ahora que el miedo de perderla me oprimía el pecho, todo tenía sentido. ¿Qué clase de hijo era yo? ¿Por qué esperé hasta este momento para darme cuenta de lo mucho que significaba para mí?