La Princesa Alfa Que Él Perdió Para Siempre
Para prepararme para el papel que me esperaba, oculté la verdad… que era la única hija de un Rey Alfa.
En mi primer año en la manada Luna Oscura, me enamoré de Leo —el hijo menor del Alfa— en el instante en que lo vi.
Fueron tres años de amor. Aquel hombre frío y despiadado me consentía hasta el exceso.
Y aun así… nunca aceptó realizar conmigo la ceremonia de marcaje.
Más tarde descubrí la razón: su manada jamás me consideró digna.
Después de todo, la manada Luna Oscura era la más poderosa de los Territorios del Norte, y a sus ojos, yo no era más que una loba errante sin nombre, proveniente de una manada insignificante.
A medida que los susurros sobre la diferencia entre nuestros rangos se hacían cada vez más fuertes, decidí contarle la verdad sobre mi linaje.
Pero entonces Leo empezó a desaparecer… día tras día.
Hasta que, en la noche noventa y nueve de su ausencia, vi una historia en la red social de su amor de infancia.
Un árbol de Navidad… decorado con juguetes sexuales.
El texto decía:
"Leo me lo prometió… la noche de nuestra ceremonia de marcaje, vamos a probarlos todos."
Antes de que pudiera siquiera asimilarlo, mi teléfono vibró de nuevo.
Un mensaje directo. De la misma mujer.
"¿Tienes idea de cuánto me necesita Leo? Cada año, en tu cumpleaños, en cada aniversario… espera a que te duermas y luego viene a pasar la noche conmigo."
"Una loba de sangre noble como yo es la única digna de ser su compañera. Tú no eres más que un estorbo entre un Alfa y su Luna."
Me quedé mirando las palabras en la pantalla, con el pulgar suspendido en el aire.
“¿Debería enfurecerme? ¿Debería derrumbarme?”, me pregunté.
Nada… no sentía nada. Solo un vacío, justo donde antes estaba mi corazón.
Bien.
Este amor contaminado… este hombre…
Ya no significaban nada para mí.
Cerré los ojos y extendí mi mente a través del enlace mental, buscando a mi padre, el Rey Alfa.
"Papá, acepto volver a casa… y heredar el trono."