Plantada en el Registro Civil
Nos fuimos acercando cada vez más y, al graduarnos, estar juntos fue lo más natural del mundo.
El día de nuestro segundo aniversario, me pidió matrimonio.
Yo, con los ojos llenos de lágrimas, dije que sí y lo abracé como si el mundo pudiera derrumbarse en ese instante.
Entonces pensé, con una certeza absoluta, que él sería el amor de mi vida.
Planeamos ir al registro civil el siguiente Día de San Valentín.
Pero ese día, lo esperé ahí, todo el día, y nunca apareció.