La Última Carta
¡Tienes que aguantar!
—¡Dijiste que ibas a vivir! ¡Yo renuncio a todo, te acompaño a donde quieras, pero no te vayas ahora!
Lloraba, suplicando, pero Julieta no reaccionaba.
—¡Enfermera! ¡Necesitamos a un familiar para firmar autorización!
Antonia se quedó en blanco, paralizada.
Luego, sus lágrimas cayeron con más fuerza.