El oscuro deseo de un Marchetti
Frente a la cama, una gran pantalla plana descansaba en la pared, lista para ofrecer distracción y entretenimiento a quien lo deseara, mientras un sistema de sonido envolvente aseguraba que la música o las palabras resonaran con una claridad cristalina.
El centro de la habitación lo ocupaba una cama amplia y tecnológicamente avanzada, con sábanas de algodón egipcio que prometían el máximo confort. A un lado, una mesa de noche de madera oscura sostenía un ramo de flores frescas que perfumaba el aire con un leve aroma a lirios y jazmín. Junto a la cama, Dantes Marchetti estaba sentado en una silla ergonómica, sujetando la mano de su luna.