Se connecterEl día de su aniversario, Valeria descubre que su esposo tiene una amante embarazada y pretende llevarla a vivir con ellos. Cuando pide el divorcio, Mauricio amenaza con quitarle a sus hijos. Entonces reaparece Sebastián Rivas: su primer amor, ahora rico, poderoso y lleno de rencor. Él puede ayudarla, pero quiere cobrar cada año que creyó que ella lo traicionó. Entre un esposo obsesionado con recuperarla y un hombre que todavía la desea demasiado, Valeria está a punto de descubrir que su matrimonio comenzó con una mentira.
Voir plusA las diez de la noche dejé de calentar la cena.
La había metido al horno dos veces, convencida de que Mauricio aparecería en cualquier momento. A esas alturas, la salsa comenzaba a secarse en los bordes y el vino llevaba tanto tiempo servido que ya no tenía sentido volver a enfriarlo.
Emma y Nicolás dormían desde hacía casi una hora.
Habían querido esperarlo. Nicolás incluso había dejado junto al plato de su padre un trozo del pastel que preparamos esa tarde, mientras Emma dibujaba a los cuatro tomados de la mano bajo un enorme corazón rojo.
Era nuestro aniversario: cinco años.
Antes de acostarlos les aseguré que papá probablemente seguía trabajando y que vería sus dibujos por la mañana.
No sabía que acababa de mentirles.
Me quedé sola en el comedor, todavía con el vestido que había elegido para Mauricio. Durante los últimos meses llegaba tarde cada vez con más frecuencia, pero yo me había acostumbrado a encontrar explicaciones que no dolieran: reuniones, clientes, problemas en la empresa.
Aquella noche ya no quería buscarlas.
Cuando escuché un automóvil frente a la casa, me levanté de inmediato y sentí alivio.
Ese fue mi primer error.
El segundo fue sonreír cuando escuché abrirse la puerta: Mauricio entró acompañado.
La mujer que caminaba detrás de él era demasiado joven para confundirse con una socia o un cliente. Esa era una de las desventajas de tener un esposo un poco mayor.
Reconocí a Renata Salcedo después de unos segundos; aparecía en varias campañas de su empresa y alguna vez Mauricio había mencionado lo divertida que era durante los eventos.
Renata llevaba un vestido de punto de color blanco claro. Su expresión era ligeramente incómoda, mientras que una de sus manos descansaba de manera casi inconsciente sobre la parte baja de su abdomen.
Mauricio, en cambio, parecía haber ensayado aquel momento. Dejó las llaves sobre el mueble de la entrada y me pidió que me sentara.
No lo hice.
—Es Renata. —Mauricio llevó a la chica hasta la mesa del comedor. Su mirada se posó en la comida, ya completamente fría, y frunció ligeramente el ceño—. Estoy feliz de que no te hayas quedado dormida, hay algo que tengo que decirte, Renata está embarazada de mí.
Mi mente se quedó completamente en blanco. Abrí los ojos con incredulidad y apenas pude reconocer mi propia voz.
Mauricio apartó una silla para que Renata se sentara y después apoyó una mano sobre la mesa. Hablaba con la misma tranquilidad que utilizaba cuando daba una orden en la empresa, como si todo aquello fuera una decisión que ya había tomado y mi opinión llegara demasiado tarde.
—Lo he pensado bien. En casa hay habitaciones de sobra, así que, a partir de ahora, Renata se mudará aquí. Podéis convivir en paz y tú puedes ayudar a cuidarla durante el embarazo.
Lo miré sin saber si había escuchado correctamente.
¿Esperaba que compartiera mi casa con la mujer que esperaba un hijo suyo?
Mauricio continuó antes de que pudiera responder.
—Mientras lo aceptes, nada tiene por qué cambiar para ti. Seguirás siendo la señora de esta casa y podrás utilizar las tarjetas como hasta ahora.
Mi mirada cayó sobre la mesa.
La cena seguía allí, completamente fría. Las velas que había encendido para celebrar nuestros cinco años de matrimonio se habían consumido casi por completo.
Cinco años reducidos a una casa, unas tarjetas y el privilegio de seguir llamándome su esposa mientras otra mujer llevaba a su hijo dentro.
Mauricio hizo una pausa y alzó una ceja. No parecía preocupado por mi respuesta. Al contrario, había una seguridad casi insultante en su expresión.
Estaba convencido de que yo no podía vivir sin él.
—Claro que, si insistes en divorciarte, tampoco puedo impedirlo —añadió—. Pero piénsalo bien, Valeria. ¿Cuántos años llevas alejada del mundo laboral? No tienes trabajo ni ingresos propios y tienes dos hijos que mantener.
Cada palabra parecía elegida con cuidado, no estaba intentando convencerme.
Estaba recordando todo aquello que había sacrificado durante nuestro matrimonio y que ahora podía utilizar en mi contra.
—Si te divorcias de mí, ¿cómo piensas vivir? —preguntó finalmente—. Lo hago por tu bien.
¿Por mi bien…?
Lo dijo con una tranquilidad que me revolvió el estómago, como si mi matrimonio pudiera reducirse a dos casillas: aceptar compartir a mi esposo o perderlo todo.
No recuerdo haber respirado durante los segundos siguientes.
—¿Desde cuándo? —Una pizca de impaciencia cruzó por los ojos de Mauricio. Se llevó una mano a la sien y se la frotó.
—Las personas cambian, Valeria. Ya no tiene sentido seguir hablando de esto. Ahora lo importante es que tengo la responsabilidad de criar a mi hijo.
Aquella palabra me hizo mirar hacia la escalera.
“Responsabilidad.”
Emma seguramente dormía abrazada a un conejo de peluche y Nicolás probablemente había vuelto a patear las mantas hasta dejarlas en el suelo.
Mauricio ya tenía dos hijos. Sin embargo, hablaba de aquel bebé como si fuera la primera vez que la palabra "padre" significaba algo.
No podía apartar la mirada del hombre que tenía delante, aquel a quien había llamado mi esposo durante cinco años.
Cuando Mauricio entró realmente en mi vida, Sebastián Rivas, mi primer amor, acababa de desaparecer de ella.
Durante meses había esperado llamadas que dejaron de llegar y cartas que nunca tuvieron respuesta. Me dormía preguntándome qué había hecho mal para que el hombre al que amaba pudiera marcharse sin mirar atrás.
Mauricio fue quien permaneció.
Fue quien me encontró rota, quien escuchó cada historia sobre otro hombre sin reprocharme nada. Cuando descubrí el embarazo, me acompañó al médico. Cuando mis padres comenzaron a hablar de matrimonio, él me tomó de la mano y prometió que cuidaría de mí.
El día de nuestra boda me aseguró que nunca volvería a sentirme abandonada y durante cinco años creí que Mauricio había sido mi salvación. Aquella noche descubrí que simplemente había tardado más que Sebastián en romperme.
—Eso es todo, piénsalo bien.
Me limpié las lágrimas con el dorso de la mano.
—No hay nada que pensar. —Respiré hondo, conteniendo a la fuerza las lágrimas que se agolpaban en mis ojos y enderecé la espalda—. Quiero el divorcio.
La expresión de Mauricio cambió y por primera vez aquella noche perdió la paciencia.
—¿Divorciarnos? ¿Y con qué piensas mantener a nuestros dos hijos? —Soltó una risa cargada de rabia—. Está bien. Ya que insistes en hacer las cosas por despecho, te daré treinta días. Durante este mes no te daré ni un centavo , si de verdad eres capaz de salir adelante por ti misma, podemos divorciarnos; si no lo consigues, deja de comportarte como una niña caprichosa y vuelve a cuidar de Renata. Sabes que un embarazo no es fácil.
Treinta días para encontrar trabajo, treinta días para conseguir un lugar donde vivir, treinta días antes de abandonar la casa.
No era tiempo para organizarme, era un castigo.
Me conocía demasiado bien, sabía que llevaba más de cinco años fuera del mercado laboral, apenas he salido a respirar el aire del mundo laboral, sabía que no administraba nuestras finanzas y que nunca había tenido que mantener una casa sola.
Estaba convencido de que el mundo real me asustaría lo suficiente para hacerme regresar, de que acabaría aceptando incluso a Renata con tal de recuperar mi antigua vida.
Subí las escaleras sin darle la satisfacción de responder, y entré en la habitación de los niños: Emma dormía de lado, abrazada a su conejo. Nicolás tenía una pierna fuera de la cama.
Los cubrí antes de sentarme en el suelo entre ellos.
Entonces sí lloré.
Lloré por el aniversario que había esperado celebrar, por el hombre que había prometido no abandonarme y por la mujer que había pasado cinco años creyendo que estaba a salvo.
Abajo, Mauricio esperaba que treinta días fueran suficientes para enseñarme que no podía vivir sin él, y yo, por primera vez, necesitaba demostrar que estaba equivocado.
Mauricio nos miró alternativamente, con esa sonrisa que ya conocía demasiado bien.—Sabía que terminarías arrepintiéndote —dijo, concentrando toda su atención en mí—. Por eso vine. Pensé que con suficiente presión en el trabajo, con los niños y todo lo demás, terminarías entendiendo que no puedes con todo sola.Sentí que se me helaba la sangre.—Así que fuiste tú.No respondió de inmediato. La ligera curva de sus labios fue suficiente para confirmar lo que ya sospechaba.—Solo necesitabas recordar cómo es tu vida cuando no estoy detrás resolviendo tus problemas.—No estoy sola —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.La mirada de Mauricio se desplazó lentamente hacia Sebastián.Vi el instante exacto en que algo encajó dentro de su cabeza. La seguridad desapareció de su rostro, reemplazada primero por desconcierto y luego por una furia cada vez más difícil de ocultar.—Él —murmuró y su mirada regresó a mí—. Todo este tiempo fue por él.—No seas ridículo.Mauricio soltó u
Sebastián me agarró del brazo antes de que pudiera alejarme. Su agarre era fuerte, casi doloroso.—Es solo una de las formas —dijo, con una frialdad que me erizó la piel—. Tengo muchas más para hacerte pagar lo que me debes.Intenté liberarme, pero sus dedos se cerraron todavía más.—Sebastián, suéltame.No lo hizo. En cambio, se inclinó hacia mí hasta que pude sentir su respiración contra mi mejilla.—Tú también tienes algo que necesito. Tu cuerpo se adapta perfectamente a lo que me gusta y estoy dispuesto a pagarte por ello.Durante unos segundos no pude reaccionar. Había esperado crueldad de su parte, incluso resentimiento, pero no aquello.—¿Pagarme?Mi propia voz me sonó extraña. Sebastián sostuvo mi mirada sin mostrar arrepentimiento.—El dinero no sería un problema.Sentí el insulto con la claridad de una bofetada, entonces pensé en Camila, en la mujer con la que estaba dispuesto a casarse.—¿Y tu prometida? —pregunté—. ¿La mujer noble y pura que sí merece convertirse en tu esp
A la mañana siguiente, fui a casa de Lucía con una sola intención: recoger a mis hijos y fingir que la noche anterior jamás había ocurrido.El segundo objetivo resultó bastante más difícil.—Mamá —dijo Emma apenas entramos al coche—, ¿Diego va a ser nuestro nuevo papá?Casi dejé caer las llaves.—¿Qué?Nicolás levantó la cabeza desde el asiento trasero.—La tía Lucía dijo que saliste con él.—Salimos como amigos —contesté—. Los adultos hacemos eso a veces: salimos a comer algo, conversar, pero solo somos amigos—Entonces, ¿no será nuestro papá?—No, mi amor —contesté antes de que se le hicieran ilusiones—. Además, ustedes ya tienen un papá que, por más que no lo vean ahora, los quiere mucho.Tuve que morderme el interior de la mejilla para soltar esa frase, por lo que yo sabía, tanto yo como los niños, no significábamos nada para Mauricio. Pero a veces es necesario dar un par de mentiras inocentes para preservar la mente de nuestros hijos.Emma frunció el ceño.—¿Segura?—Completamen
No fue tierno, ninguno de los dos quería que lo fuera.Sebastián me sostuvo contra el colchón con una intensidad que parecía cargar cinco años de rabia acumulada, y yo respondí con la misma fuerza, clavando los dedos en su espalda como si aquello pudiera vaciarme de todo lo que llevaba guardado desde la noche de mi aniversario.Me empujó hacia la cama con todo su peso. La respiración se me cortó cuando su cuerpo cubrió el mío, duro y exigente. Sentí cada músculo de su torso contra mi piel, la aspereza de su barba incipiente raspando mi cuello cuando bajó la boca con una voracidad que rozaba el castigo. Chupó con fuerza, demasiado fuerte, dejando marcas que sabía que me encontraría en el espejo al día siguiente, cada succión era una declaración de guerra.—No pienso rogarte —gruñó contra mi clavícula, y su aliento cálido me hizo estremecer.—Bien —respondí, arqueándome contra él con desafío.Sebastián levantó la cabeza. Sus ojos brillaban con algo peligroso en la penumbra. Durante un


















Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.