LOGIN
CAPÍTULO 1. La sustituta
—¿Quieres saber de quién está enamorado realmente tu esposo?
Aquellas palabras salieron de la boca de Angela, la hermana adoptiva de su marido. Pero las que siguieron fueron las que realmente le hicieron apretar los puños a Katerina.
—Dentro de siete noches, en el evento de firma del proyecto The Legacy, Jordan me presentará ante su inversionista como su esposa —le aseguró Angela—. Eso te enseñará tu lugar, maldita recogida.
—Estás enferma. Eres la hermana de Jordan… —siseó Katerina, pero su “cuñada” solo se rio en respuesta.
—Pero no compartimos sangre, y no puedes cambiar lo que él siente. Como no puedes cambiar que él siempre me elegirá a mí antes que a ti —escupió con ese desprecio que siempre le mostraba desde que había vuelto a la familia—. En siete noches, haré que él se deshaga de ti.
Katerina cerró los ojos por un segundo, comprendiendo por fin demasiadas cosas, y luego sonrió. Porque solo ella sabía que en siete noches, su marido, su adorada “hermanita” y los prestigiosos Blackwood sabrían por fin quién era ella… y por qué acorralarla era un error.
CAPÍTULO 1. La sustituta
Katerina había sido “rescatada” por el magnate Jordan Blackwood. La guerra en Ucrania la había separado de su familia, ella se había quedado en Odessa ayudando con la evacuación de orfanatos, y en medio de eso había conocido a Jordan, que cerraba sus negocios a toda prisa porque los magnates como él no ponían su dinero en países en crisis.
Jordan era asquerosamente rico, más hermético que la bóveda de un banco suizo y la clase de hombre que provocaba un silencio respetuoso donde quiera que entraba, sin necesidad de hablar. Le había propuesto matrimonio para sacarla del país, como el favor que le hace un hombre poderoso a una mujer desvalida.
Y ella había aceptado porque se había enamorado como una tonta, y como una tonta había creído que su amor bastaba para conquistarlo.
Pero todo se había derrumbado solo unos días antes, cuando la hermana adoptiva de Jordan, Angela Blackwood, había regresado a Nueva York después de cinco años viviendo en Inglaterra. Desde entonces su vida se había convertido en un pequeño infierno con pestañas postizas y tacones Louboutin.
“Esa mujer no tiene nada de clase”
“¿Cómo te dejaste colar a una arrimada, mamá?”
Y la peor de todas:
“Menos mal que Jordan no la presenta en público”.
Katerina había escuchado todo eso en los últimos días, y creía que no había nada peor que el desprecio de su suegra y su cuñada… hasta que escuchó la verdad completa mientras cuchicheaban fumando en la terraza.
—¿Estás segura de que esta vez vienes dispuesta a todo? —preguntaba Jasmine.
—Por supuesto que sí, mamá —respondía Angela—. Jordan me mandó a Inglaterra hace cinco años porque papá es un moralista de mierd@ y Jordan no quería reconocer frente a él lo que sentía por mí. ¡Pero Jordan me ama! ¿O qué crees que es la recogida esa que trajo de Ucrania?
—Una sustituta —se río su suegra y esa palabra hizo que Katerina se tambaleara.
“No…. no puede ser…” pensó mientras el pecho se le apretaba y los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Katerina solo es tu sustituta. Jordan se casó con ella para llenar el vacío que tú dejaste, pero ahora que estás de regreso, lo primero es sacarla de esta casa —espetó su suegra—. ¡Ya no soporto tenerla aquí!
—Entonces voy a demostrarle que Jordan siempre va a elegirme a mí primero —siseó Angela y Katerina se alejó de aquel lugar con el corazón cayéndose a pedazos.
Desde el primer día Jasmine Blackwood la miraba como si fuera un huevo de codorniz colado en su caviar. La llamaba "recogida", "mantenida", "arrimada"… pero nunca lo hacía delante de su hijo; frente a Jordan era un modelo de educación y amabilidad.
Katerina se tambaleó contra la reja que dividía las dos mansiones. En una vivían sus suegros, en la otra ella con Jordan. “Cerca, pero no revueltos”.
—¿Kat, estás es casa? —escuchó apenas cruzó la puerta de la cocina, y por primera vez desde que había conocido a su esposo, no le sonrió automáticamente.
Jordan dejó la maleta en una butaca, la abrazó por la espalda y le dejó un beso en la mejilla. Pero en la mente de Katerina, solo había esas palabras:
“Una sustituta”
“Katerina solo es tu sustituta”
“Jordan se casó con ella para llenar el vacío que tú dejaste”.
—¿Lista para la cena en casa de mi madre? —preguntó él, sacándola de sus pensamientos—. Es la celebración oficial por el regreso de Angela, toda la familia estará ahí.
—Creí que tenías mucho trabajo con el proyecto del rascacielos —murmuró Katerina tratando de contener el temblor en su voz.
—Sí, pero salí temprano de la oficina. Enseguida me arreglo y nos vamos.
Jordan pasó a su lado para meterse al baño y ella sintió como si la apuñalara. Era la quinta vez en todo su matrimonio que él salía temprano de la oficina… los mismos cinco días que Angela llevaba en el país.
—No puede ser… —murmuró mientras una ola de dolor y rabia le surcaba el pecho—. No puede ser…
El hombre que no había podido salir temprano por su cumpleaños o su primer aniversario, llevaba cinco días saliendo temprano solo para compartir más con su “hermana adoptiva”.
En ese momento la puerta de cristal se abrió y Angela entró con expresión de triunfo.
—¿Jordan ya llegó? —preguntó pasando junto a Katerina como si fuera la empleada doméstica—. Vine a darle las gracias por el regalo de bienvenida que me hizo.
Sacudió la mano con suavidad y Katerina se quedó muda al ver la pulsera en su mano.
—¿Eso es…?
—¡Ah, es una pulsera de parejas! —sonrió Angela.
Y Katerina sabía perfectamente lo que era porque ella misma había puesto el folleto sobre el escritorio de Jordan. Él le había preguntado qué quería por su aniversario, ella le había enseñado aquellas pulseras a juego: Oro blanco, orfebrería fina, y un sello grabado en un chip digital; cuando tocabas uno, el sello en la otra pulsera se iluminaba.
¡Era su maldit@ pulsera para parejas!
—Jordan y yo íbamos a comprar eso por nuestro aniversario.
—Pero no te lo compró, ¿verdad? —siseó Angela—. Te regaló otra joya común, porque hay cosas que solo son para las parejas de verdad. Y tú solo eres la obra de caridad de Jordan, no su esposa real.
En ese momento Jordan llegó a la sala con el cabello húmedo y abotonándose la camisa.
—¡Cariño, gracias! —exclamó Angela colgándose de su cuello y besándolo en la mejilla—. ¡Me encantó la pulsera que me regalaste!
Jordan miró la pulsera con curiosidad y luego a la cajita que Angela sacaba.
—¡Mira, te compré la que hace juego! —Le puso la pulsera a Jordan y tocó el sello de la suya para que la de él se iluminara—. Ahora siempre vas a saber cuándo estoy pensando en ti.
—Eran las más bonitas del catálogo —sonrió Jordan y Katerina sintió otra cuchillada.
—Y son para parejas —escupió, haciendo que Jordan levantara la cabeza hacia ella, como si recién se diera cuenta de que estaba allí—. Te las pedí por nuestro aniversario. No las encargaste.
Por un segundo Jordan pareció recordar, y luego frunció el ceño.
—Lo siento, mi asistente es la que se encargó del regalo de aniversario…
—Tu asistente se encargó del regalo de tu esposa, pero el de tu hermana lo compraste personalmente —sentenció Katerina con el pecho apretado, y Angela se adelantó de inmediato.
—Por favor, no saques esto de contexto. Jordan solo quiso tener un detalle lindo conmigo, ¡somos familia!
—Creí que yo también lo era.
—¡Entonces quédate con la mía! —exclamó Angela con los ojos brillantes—. Jordan, no quiero que tengas problemas por mi culpa, si tu esposa quiere la mía, yo se al doy.
Pero él la detuvo antes de que se la quitara.
—No tienes que darle nada. Kat está exagerando. No vamos a arruinar la celebración por unas pulseras —suspiró con fastidio—. Kat, mejor ver a cambiarte, voy a saludar a mi padre antes de la cena.
Y mientras él salía, Angela volvió a acercarse a ella, dejando caer la máscara por completo.
—Tienes una semana para firmar el divorcio y largarte por las buenas. O vas a conocerme por las malas.
30 DÍAS… CAPÍTULO 53. Un pago atrasadoMientras Oliver discutía con los médicos y le encargaba a ese que había recibido el cheque que estuviera disponible para él en todo momento, Allison sacó el pequeño aparato de su oído y lo dejó caer en el cesto de desechos peligrosos de su habitación, porque sabía que nadie metería la mano entre agujas usadas y gasas sucias.Regresaron al departamento casi después de la una de la madrugada. Oliver estaba agotado y Allison también, aunque por razones completamente distintas.Apenas entraron, ella se dejó caer sobre el sofá.—No puedo más.Oliver se quitó la chaqueta.—Ve a darte un baño y descansa.Ella miró hacia el despacho con disimulo y luego apretó los dedos de Oliver con un gesto de agradecimiento.—Lo siento, amor.—¿Por qué? —preguntó él con una sonrisa fácil.—Por darte tantos problemas.Oliver se acercó y le acarició el cabello.—Después de la boda no tendrás que preocuparte por nada de esto. Y sobre el poder, no te preocupes, me encarga
30 DÍAS… CAPÍTULO 52. Parte del planOliver estaba tan alterado que ni siquiera volvió al despacho.Los paramédicos tomaron los signos de Allison mientras ella continuaba quejándose del dolor abdominal y manteniendo una expresión de auténtico terror.—¿Desde cuándo está así? —preguntó uno.—Empezó de repente —respondió Oliver—. Estaba bien y comenzó a vomitar sangre.Increíblemente, él también parecía aterrado, pero Alisson sabía muy bien que no era un simple miedo. Estaba realmente aterrado de que a ella pudiera pasarle algo y no por amor, al parecer la codicia y el miedo a perder lo que ya creía suyo podían hacer el mismo efecto.Pero cuando las puertas de la ambulancia se cerraron, ella sintió vibrar discretamente el pequeño dispositivo que llevaba oculto en el oído. Después escuchó la voz de Sammy.“Ya estamos dentro”.Allison mantuvo los ojos cerrados.“La caja está abierta” continuó Sammy. “Esta vez sí lo tenemos. Gánanos tiempo”.Allison soltó un gemido mucho más convincente y
30 DÍAS… CAPÍTULO 51. Un poder temporalOliver regresó al departamento bastante más tarde de lo habitual, pero apenas salió del ascensor, se detuvo: Había comida tirada frente a la puerta.Una bolsa de papel estaba volcada en el pasillo, con varios recipientes esparcidos por el suelo y parte del contenido derramado sobre la alfombra. Oliver frunció el ceño, miró alrededor y abrió rápidamente la puerta.—¿Allison?Escuchó el llanto antes de verla. Cerró y avanzó hacia la sala. Allison estaba sentada en el suelo, acurrucada contra un extremo del sofá, con las piernas pegadas al pecho y las manos cubriéndole el rostro.—¡Allison!Ella levantó la cabeza y retrocedió de inmediato.—¡No!—Soy yo. —Oliver se detuvo como si supiera que ella necesitaba espacio—. Soy yo, cariño. ¿Qué pasó?Allison respiraba agitadamente. Tenía los ojos enrojecidos y las mejillas empapadas.—¡Vinieron…!—¿Quiénes?—¡No sé!Oliver se acercó lentamente.—Explícame qué ocurrió.—¡Alguien trajo comida… tocaron a la
30DÍAS… CAPÍTULO 50. Un plan Al otro lado de la línea se escuchó un golpe seco, después otro, y Allison separó ligeramente el teléfono de la oreja.—¿Ángel?Algo volvió a estrellarse contra una pared y luego lo que llegó del otro lado parecía una voz sacada de alguna de las cavernas del infierno.“No te vas a casar con nadie” espetó él, y su tono sonó tan cortante que Allison dejó de sonreír.—Ángel...Pero ya no pudo seguir hablando, porque un segundo después lo único que se escuchaba era cómo él gritaba órdenes a diestra y siniestra.“Alejandra, prepara todo. Salimos ahora. Mamá, dile a papá que baje los pies del sofá, que es hora de trabajar”.Del otro lado se escuchó algo parecido a ¿cuál es la prisa?” y Angel ni siquiera dudó en responder.“Porque yo digo que es urgente y punto”.Y ahí sí que solo se escucharon gritos y algo como muebles cayéndose o puertas derribándose. Allison frunció el ceño porque no sabía qué estaba pasando pero se escuchaba grave.—Angel… ¿Qué estás hacien
30 DÍAS… CAPÍTULO 49. Una presión peligrosa.—Le dejamos un rastro que seguir, uno que no lo haga preocuparse por el secuestrador que “contrató” —respondió Angel echándose hacia atrás y tirando de Allison para que descansara sobre su pecho—. Mi hermanan fue “dada de alta voluntaria y urgente” en el hospital, el departamento que ocupaba como fachada tiene signos de salida rápida y hay copias de recibos de boletos hacia Canadá en la madrugada que supuestamente escapaste.—Así que si Oliver investigó, o investiga… lo que parecerá es que tú también escapaste cuando te diste cuenta de que tu víctima se había liberado.—Exacto —respondió Angel.—¿Te he dicho ya que tu inteligencia es capaz de mojarme las bragas? —sonrió Allie y Angel le dio la vuelta para quedar sobre ella.—Ahora mismo no traes ninguna, pero ¿me dejas comprobar?Y sí, era una insinuación muy coqueta, lo suficiente como para que ella volviera a jadear bajito debajo de él el resto de la noche.Cuando Angel abandonó el depart
30 DÍAS… CAPÍTULO 48. Un plan aceleradoSabía que estaba al límite, y con un último movimiento brutal, se hundió hasta el fondo y se quedó allí, mientras un gruñido gutural escapaba de su garganta. Se corrió en silencio porque ninguno de los dos podía gritar; Allison sintió el calor inundándola, y esa fue la última gota. El orgasmo la golpeó como una ola, y una contracción violenta que sacudió todo su cuerpo mientras el mundo se disolvía en un estallido de luz blanca.Se derrumbaron sobre el colchón, como un entrelazado de extremidades sudorosas y jadeantes, y Angel tiró de ella contra su pecho, abrazándola con la poca fuerza que todavía le quedaba.—No vuelvas a hacer lo que acabas de hacer —le advirtió y los dos sabían que hablaba de ponerse peligro—. O la próxima vez no quedará nada de Oliver Crewman para que puedas denunciarlo.Allison cerró los ojos por un segundo y se permitió descansar. No quería pelear con él, y entendía que si estaba allí era porque para Angel también era dif







