INICIAR SESIÓNEn medio de todo ese renacer, Logan enfrentó la última conversación pendiente: habló con su padre. Lo hizo en el despacho de la mansión Stewart, esa donde casi un año atrás había recibido un ultimátum que le cambió la vida.Redados de paredes imponentes con libreros hasta el techo, cuadros de generaciones pasadas y el olor a cuero viejo, se sentó frente a él.—Padre —comenzó con voz firme—, lo intenté. De verdad quise tomar las riendas de la empresa, como te prometí. Pero… no es lo mío. No quiero pasar la vida entre balances y consejos de administración.Su padre lo miró largo rato, su rostro pétreo como una estatua. Durante un instante, Logan creyó que escucharía un sermón sobre responsabilidad y legado. Finalmente, se recostó en la silla y dejó escapar un suspiro resignado.—Siempre supe que no eras como yo. Intenté moldearte, pero el fuego que tienes viene de otra parte.Logan bajó la mirada, esperando un reproche. Pero lo que escuchó lo desarmó.—Hijo… te veo diferente. Más maduro
El tiempo demostró que ni siquiera la tragedia más oscura podía frenar la necesidad de sanar. Chelsea estaba muerta, Caleb tras las rejas, y aunque las cicatrices quedaban, la vida exigía seguir adelante.El eco de la captura de Caleb Ward o como se llamara, seguía retumbando en los medios. Desde las redacciones de Nueva York hasta las radios locales de Europa, todos hablaban de la caída de aquel hombre que había intentado construir un imperio sobre estafas por todo el mundo.Además, no solo se comprobó que fue el autor de los asesinatos de Tessa y Adler, sino que en la ciudad de Chicago había dejado un difunto mas y en Italia a una mujer que, aparentemente, no se dejó engatusar por él.La fortuna mal habida comenzó a regresar poco a poco: las cuentas congeladas en bancos europeos, los bienes ocultos en compañías fantasma, los contratos fraudulentos deshechos por los abogados de la familia.Con el trabajo de los abogados, y no pocas reuniones que parecían más juicios de guerra que jun
Logan había aprendido muchas cosas, una de ellas era a no confiar en el destino. Ese mismo destino le puso a la mejor mujer del mundo, pero se la quitó de inmediato solo por no saber luchar por ella.Así que, esta vez no se quedaría de brazos cruzados. Movió influencias y denuncio internacionalmente a Caleb.Esperaría que las autoridades internacionales actuaran y si no tenían resultados, estaba decidido a buscarlo él mismo hasta debajo de las piedras y ponerle fin a esa historia.…Caleb llevaba semanas moviéndose como una sombra. Había logrado fugarse con varios millones de dólares de la editorial, escondiéndose tras nombres falsos, compañías fantasmas y paraísos fiscales que prometían ser inexpugnables.Había cambiado de hoteles, de autos de lujo, de identidades. Ahora se hacía llamar “Alexander Moreau”, un supuesto inversionista con pasaporte belga.En su círculo reciente, nadie sospechaba que aquel hombre de sonrisa encantadora era en realidad un prófugo internacional.Finalmente
El humo del hangar aún ascendía en columnas negras cuando Logan y Mónic fueron llevados bajo custodia médica.El aire estaba impregnado de queroseno, ceniza y tragedia. Aunque Chelsea había sido consumida por las llamas, la sombra de lo que acababa de suceder se alargaba como un espectro que no se iría fácilmente.La policía rodeó a Logan apenas cruzó la línea de seguridad. Jenkins se le acercó con rostro adusto.—Señor Stewart, está detenido de manera preventiva. Necesitamos aclarar los hechos. Ha disparado un arma de fuego y hay una persona muerta. Espero me entienda —dijo con voz firme.Logan, todavía con Mónic entre los brazos, apretó la mandíbula. Sus ojos eran un mar encendido, pero no discutió.—Llévenme donde quieran, pero primero asegúrense de que ella reciba atención.Los paramédicos tomaron a Mónic, quien todavía temblaba por el shock, los labios resecos, la piel marcada por la presión del amarre y la exposición al humo. Ella se resistía a apartarse de él, pero la voz de Lo
El hangar se levantaba al final de la pista privada como un monstruo de metal dormido, iluminado a medias por reflectores que cortaban la oscuridad con haces blancos. La policía había rodeado el lugar con discreción, varios agentes apostados en la periferia, esperando la orden de irrumpir.Logan, sin embargo, no tenía intención de esperar. Cada segundo que pasaba era un latigazo en su pecho: Mónic estaba ahí dentro, y la sola idea de perderla lo mantenía de pie cuando las piernas parecían de plomo.—No voy a quedarme sentado mientras ella… —siseó par sí mismo.La voz de Logan se quebró en un rugido contenido.El agente intentó detenerlo, pero Logan ya se había apartado, pegando la espalda a la verja que delimitaba el hangar.La adrenalina le palpitaba en las sienes. El frío del metal en su mano era lo único que le daba seguridad. La sostuvo con firmeza mientras avanzaba por la sombra de los depósitos cercanos. Cada paso era un desafío a la cordura, pero retroceder no era opción.Logan
El desconcierto tras la desaparición de Mónic era tan espeso que podía palparse en el aire. Nadie en la editorial podía concentrarse, los teléfonos no dejaban de sonar y las miradas de angustia se cruzaban sin necesidad de palabras.Logan, sin embargo, no era hombre de quedarse sentado esperando milagros. Sentía cómo la rabia y el miedo lo carcomían por dentro, como una fiera encerrada.—Revisen las cámaras del estacionamiento —ordenó con la voz firme, aunque el temblor de su mandíbula lo delataba—. Nadie se esfuma, así como así. Llamaré a Jenkins.Vera y Freth corrieron a la sala de seguridad, donde los monitores aún mostraban la rutina anodina del día anterior.Los minutos de grabación se arrastraban como siglos, hasta que finalmente apareció la imagen: Mónic caminando hacia el estacionamiento, con su paso decidido, aunque cansado. Logan contuvo la respiración… y allí estaba Chelsea, esperándola junto a su coche, sonriendo como si no hubiera nada extraño.No hubo forcejeo. No hubo g







