LOGINMientras Jacob me empujaba hacia su guardia y me arrastraban fuera del salón, su mirada permaneció fija en la mía, inquebrantable. Susurré: «Por favor, ayúdame», pero mis sollozos ahogaron la súplica; ni siquiera estaba segura de que me hubiera oído.
Grité, lloré, supliqué.
Mi voz se quebró hasta que apenas podía distinguirla yo misma. Mis ojos ardían, mi cuerpo palpitaba por el maltrato rudo. Que me arrastraran de vuelta a mi habitación y me encerraran fue, paradójicamente, el desenlace más amable de aquel día miserable.
Incluso desde arriba, su timbre profundo y ronco me llegaba. Su risa... Me tendí en la cama y escuché, cautivada. Me encontré fascinada por una mera voz.
Mi atención se agudizó cuando lo oí preguntar por mí. Provocó la emoción vertiginosa que siente una colegiala al enterarse de que su crush ha preguntado por ella. Pero esa dulzura fugaz se agrió cuando el miedo se coló: ¿Qué diría el monstruo que se hacía llamar padre?
—No creo que sea importante —respondió Jacob. Había pegado la oreja a la puerta, esforzándome por oír.
—¿Cómo que no? Es tu hija, ¿verdad, Jacob? —Su tono sugería que saboreaba algo, tal vez la comida.
Se oyó el tintineo de copas de vino y platos de cerámica. —Mm-mm, no lo es. Es la desgracia encarnada. Te juro, Eric, que en mi lugar estarías peor.
Eric. Así se llamaba.
—¿Peor? ¿Me conoces siquiera? Jacob, si yo estuviera en tu lugar, la valoraría... no le daría motivos para rebelarse.
La risa de Jacob me raspó, el sonido que más odiaba. — ¿Amor?
—Exacto.
Más tintineo de copas.
—Eric, con todo respeto, estás delirando. Tú... la destruirías. Te conozco.
Él soltó una risa —escuché esa risa rica y resonante. La repetí en mi mente una y otra vez, incluso la imité tontamente hasta que me disolví en risitas por mi propia ridiculez. Gracias a Dios que nadie vio mi locura.
—No me conoces, Jacob. Y hoy lo confirma. ¿Salud?
—Salud...
Las últimas palabras que capté de él aquel día fueron al marcharse —una despedida. Luego volvieron los planes de Jacob. Mi habitación daba a la parte trasera de la mansión, en el tercer piso. Con cuidado, la huida era factible; lo había hecho antes.
Trepe por la barandilla de hierro del pasillo, descendiendo con prudencia, aferrándome al borde bajo mi ventana mientras balanceaba las piernas hacia la barandilla del segundo piso. Solté el agarre y aterricé pesadamente en el balcón de abajo —uno de los cuartos del personal.
Repetí la maniobra hasta que golpeé el césped del patio trasero con un impacto doloroso, lacerándome la pierna izquierda. El dolor me atravesó la rodilla al intentar levantarme —estaba gravemente herida. Pero ese sufrimiento palidecía ante mi desesperación. Cojeando hacia el frente de la casa, lo vi entrar en un Mercedes.
La desesperación me aplastó. No tenía vida —solo una existencia dictada por otros. «¿Y si acabo con todo?»
El motor del auto ronroneó al encenderse...
«¿Y si simplemente... muero?»
Comenzó a moverse, ganando velocidad...
«Si muero, todo termina...»
Cuando se acercaba a la puerta, pasando por mi escondite, con velocidad suficiente para ser fatal...
Corrí a su camino.
«Todo morirá conmigo... ¿verdad?»
En un instante, mi corazón pareció abandonar mi pecho. Me preparé para el impacto aplastante —el accidente que rogaba que me reclamara.
Reí.
.
.
Fui golpeada...
El sonido se volvió borroso; la visión se oscureció. Yacía en el suelo, parcialmente atrapada bajo el vehículo detenido, sangre manando de mi cabeza, el cuerpo sacudido por el dolor. ¿Era esto realmente la muerte?
El conductor saltó fuera, frenético, me sacó y me acunó en sus brazos. El contacto humano —preocupación genuina— era ajeno, raro. Ni siquiera mi madre me había sostenido; no había vivido para hacerlo. Pero la inquietud de este extraño... era exquisita. Lágrimas volvieron a brotar. «Calor...» Cerré los ojos, saboreando la sensación.
Me dio tres palmadas en la mejilla, provocando una débil respuesta mientras abría los ojos. Entonces «El Hombre» apareció, acercándose sin prisa. Vi sus labios moverse; el conductor respondió. Por dentro, sonreí —por primera vez, alguien realmente se preocupaba.
El conductor me depositó suavemente en el suelo y se alejó corriendo. Mis sentidos flaquearon hasta que Eric mismo me habló directamente.
—¿Me oyes?
No respondí, solo miré. Se quitó la chaqueta, la dejó sobre el auto, luego se arrodilló y me tomó en sus brazos. Su latido era estable, sin prisa —a diferencia del pánico que esperaba. ¿Sin miedo? ¿Sin remordimiento? Tal vez no; yo misma había orquestado esto.
Mi mirada se clavó en él. —Por favor, ayúdame. Por favor, llévame lejos de aquí... —Mi voz era un hilo desgastado.
La fuerza se desvanecía; los miembros se entumecían, la cabeza latía.
Me miró, el pulgar rozando mi mejilla antes de que una sonrisa torcida curvara sus labios. —¿Llevarte conmigo? —Soltó una risa burlona—. Dudo que sea un deseo que realmente alberges.
Antes de que pudiera protestar, el conductor regresó con Jacob, mis hermanastras y más guardias. Jacob me arrancó bruscamente de los brazos de Eric.
—¡Cuidado! ¡Está gravemente herida!
—No, no lo está. Está fingiendo —es un viejo truco —replicó Jacob.
Mientras los guardias me levantaban, alcancé desesperadamente a Eric; él tomó mi mano.
—Espera... ¿a dónde la llevan?
Jacob apartó mi mano de un golpe. —Adentro.
—¿No ves que está seriamente herida? Debo asumir la responsabilidad... llevarla a un hospital.
Jacob lo apartó a un lado, murmurando seguridades de que no sería una carga para un «gran magnate» como él.
—Eso es irrelevante.
—¿Por qué tanta preocupación? —insistió Jacob.
Me pregunté por qué el guardia me cargaba sobre el hombro mientras la sangre goteaba de mi herida. El mareo giraba; la náusea subía —estaba al borde de la inconsciencia.
Las palabras de Jacob persistieron: —¿Es porque poseo un fruto que deseas?
Anhelaba ver la expresión de Eric, pero las reacciones de los demás —y su risa lenta posterior, seguida de la respuesta que me derrumbó— fueron suficientes.
—¡Sí!
****
✧Días después✧
Pasaron días sin ver a Eric. Nadie lo mencionaba en mi presencia. Anhelaba escapar de esta prisión disfrazada de hogar —una cautiva no deseada. Pocos me reconocían como De L’Rosa; nadie me quería de verdad.
Luego llegó el día de conocer a mi prometido —un hombre decrépito con inclinaciones pedófilas. Una cena formal. Su mera proximidad me provocaba repulsión y lágrimas. ¿Casarme con semejante criatura? Impensable. Me negué.
En medio de la reunión, humillé a Jacob repetidamente —rompiendo vajilla, lanzando insultos, violando el decoro. Pero eso solo avivó el interés del viejo.
El punto de quiebre: desaté insultos contra los invitados —el novio, su familia— denunciando su perversión. La furia de Jacob alcanzó su pico mientras mi estrategia triunfaba. Huí de la mesa, atrincherándome en mi habitación.
...
Poco después,
«¡Diana De L’Rosa!!»
El terror me invadió; deseé que la tierra me tragara. Guardias corpulentos irrumpieron, me arrastraron —reabriendo heridas apenas cicatrizadas. Me arrojaron más allá de las puertas mientras pataleaba y gritaba...
Mis pertenencias siguieron, lanzadas como basura. Jacob había cortado lazos por fin. Me quedé frente a las puertas de la mansión. «¿Y si los depredadores me encuentran aquí fuera?»
Golpeé, suplicando perdón durante más de una hora —sin resultado. Agotada, sin aliento, me desplomé contra el hierro, al borde del colapso, hasta que unos faros perforaron la noche.
Me levanté, esperando el vehículo.
Se detuvo frente a mí. —Recuerdo este auto. —Protegí mis ojos del resplandor y distinguí la figura que emergía.
El primer hombre del que me había enamorado.
Se detuvo, evaluándome de pies a cabeza...
Echó la cabeza hacia atrás y rio. —Diana De L’Rosa, ¿qué quieres de mí? ¿Por qué tú?
—Por favor, ayúdame.
¡Por tercera vez!
PDV de Diana:Ya nada tenía sentido.Tenía un pensamiento vacío de dormir en mi maldita cama desnuda mientras esperaba que el espíritu de un hombre muerto viniera a abrazarme en la oscuridad.Nada tenía sentido.Sentía que solo quería reclinar la cabeza...No podía dejar de pensar en la voz llamando mi nombre cada noche.Finalmente de vuelta al único lugar en el que me sentía cálida.En realidad no podía determinar qué me había invadido antes.Lo peor era cuánto seguía sin importarme. Estaba conmocionada conmigo misma por sentirme vacía. No sentía nada en absoluto, mi corazón se sentía vaciado.Pensar que incluso recibí un regalo de muerte de él, su anillo — un anillo minimalista dorado que quizás am&o
PDV del escritor:Verlo así y recordar la protesta y todo me hizo preguntarme por qué la gente se molestaba siquiera.Winston no se lo merece.Su plan, inicialmente, era que él la ayudara a llegar a Rafael... Pero luego se enteró de lo que había hecho..."Me traes problemas, querido. Esto no estaría pasando si tu familia se hubiera callado y dejado a la estúpida e incompetente policía hacer su nada... O si hubieras mantenido tu pene para ti solo—?" Soltó una carcajada.Él aullaba tan fuerte como un niño.Diana rió aún más. "O quizás ibas a ser de más ayuda para mí..." hizo una pausa, dejándolo saborear el daño que se había infligido a sí mismo. "¿Lo harías?" preguntó.Gritó llorando, "&ie
PDV de Diana:"Que no se me olvide... ¿Encontraste algo sobre Julius Greenwood?" pregunté, aún sintiendo la presión en sus palabras sobre esta persona llamada Aster."¿Julius Greenwood?""¡Sí!" respondió Zee con rudeza — hasta hoy sigo sin saber qué pasa entre los dos. "Es bastante urgente...?"Felix resopló. "Me preguntaste eso como... esta mañana," respondió. "Y no exactamente... Pero tengo a alguien en eso, Di. ¿Y Zee?"Se giró para mirarla y se mordió los labios, luego de vuelta a la carretera. Aún viajábamos en el bosque. "¿Pensé que no me estabas hablando?""¡Tch!" resopló ella, con la atención fuera de la ventana mientras susurraba maldiciones silenciosas hacia él."No
PDV de Diana:El dolor que sentí era incontenible. Esas palabras tenían peso y era muy pesado. No es que me sorprendiera que fueran aliados — no. Tampoco era porque fueran los que asesinaron a mi esposo.Lo aterrador era la intensidad de la rabia que sentí... hacia Jacob. Sin embargo la debilidad llenó mis huesos. Jacob siempre estuvo en la historia. Siempre ha sido el enemigo y sé que él sabe que soy consciente de ese hecho y que lo encontraría un día."Pero no lo hicieron ellos mismos... Obviamente," continuó Felix. "Aster~ Aster Conrad... contratado por Marcus para el asesinato de Eric."---Mientras tanto...---PDV del escritor:"¿Aster?" Rafael caminó de su cama al sofá unipersonal en la esquina del gran salón esa no
PDV del escritor:"Vamos~" articuló Preston con los labios mientras presionaba el pecho de Diana con ambas palmas. Su corazón latía tan fuerte que Charlie y Steven podían escucharlo. Realizó la RCP de la manera que sabía. "Vamos~" lloró de nuevo, tan silenciosamente, presionando para reanimarla. La lluvia no les daba tregua. Estaban empapados en agua fría. Los trajes chorreando. Habían nadado hasta la orilla pero no estaban completamente fuera del río. Las olas seguían corriendo y los alcanzaban donde estaban.Se esforzó tanto por reanimar a Diana, pero ella permaneció sin respuesta. No se detuvieron. Aunque la lluvia ya había empapado todo su cuerpo, aún podían verse gotitas de lágrimas escapando de sus ojos. Charlie y Steven estaban cerca, observándolo. Steven tenía las manos en la cintura.
PDV de Diana:"¿Su vida?" preguntó Zee en voz baja con preocupación. "¿Señora?""Tu trabajo... Zee, es ejecutar órdenes. Mis órdenes. No me molestes." Tomé otro sorbo y dejé la taza sobre la mesita lateral. "Apresura nuestro viaje a San Juan... Rápido," añadí."Sí." Zee asintió y se levantó para salir del salón.Respiré. Winston había empezado a traerme estrés. Luego concluí en acabar con él. "Espérame, querido," dije, respirando hondo. Alexa había sido advertida de mantener los labios sellados incluso con el pago. Siempre supe que hablaría. "La muerte te sienta bien, corazón."Los ecos de una voz familiar llegaron desde el televisor. Una voz que esperaba en cualquier momento, pero esta vez era alarmante. Mi







