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Tres

Author: Imma's Ink
last update publish date: 2026-03-07 06:55:52

Alexa Deere apartó la mirada y se alejó lentamente, sumida en sus pensamientos, aún cuidando su mano... como una forma humilde de rechazar la orden de su jefe.

Él levantó la vista hacia su secretaria con brusquedad.  

—¿Estás sorda o solo finges ser estúpida, Alexa?

Ella sonó angustiada.  

—Jefe, por favor, no me malinterprete, pero esa mujer es una víbora... el diablo en persona. En el momento en que caiga en su trampa... —chasqueó los dedos— ...está acabado. No saldrá. Es malvada. La señorita Diana McCoy es peligrosa. No parará hasta que usted esté destruido. Señor, por favor... no haga esto. No la deje entrar. Será su fin —sus ojos se hundieron en preocupación—. Me importas demasiado para...

—¿Entonces qué carajos sugieres que haga? —Winston Counter ahora habló en voz baja pero cargada de ira, con los ojos entrecerrados.

Ella se acercó más, suavizando la voz, los dedos de su otra mano rozando delicadamente su barbilla en una caricia sutil.  

—Jefe, no tiene que seguir con esto. Solo aléjese. Por favor, deje que su abuelo se encargue de ella...

Él la abofeteó y la tomó del cuello. Habló en voz baja y amenazante:  

—¿Para que me llame inútil, incompetente y niño, eso es lo que quieres, verdad? ¿Para que siga viéndome como m****a que solo genera problemas cuando no se necesitan? ¡Basta de tonterías! No me estreses, haz lo que te dije, idiota. —Su voz bajó a un gruñido—. Puta.

*****

★La noche siguiente★

La cita con la señorita Diana McCoy de McCoy Companies estaba programada para la próxima semana... pero Winston no era hombre que esperara.

Anika, la silenciosa mayordoma de Diana, lo guio por los pasillos inquietantemente silenciosos de la mansión. Él escaneó los alrededores oscuros.

—Veo que a la señorita Diana le gusta la oscuridad —murmuró—. Gusto creepy para una mujer.

Anika siguió caminando, el taconeo de sus zapatos el único sonido sobre los impecables azulejos blancos.

—Para —Winston la tomó del brazo—. No pareces del tipo charlatán...

—Correcto —dijo ella con una leve reverencia, intentando seguir adelante.

Él la jaló de vuelta, molesto.  

—No hace falta ser grosera. —Acarició su mejilla un momento... en un intento de besarla, ella empujó su rostro y se apartó, mirando hacia otro lado sin disculparse.

Su voz fue baja y calmada.  

—Mis órdenes son llevarlo con Diana y nada más.

Su mirada se endureció, la tomó de nuevo con agresividad. Esta vez vio un ceño fruncido.  

—¿Por qué no me miras?

Ella se liberó de su agarre otra vez, dándole la espalda esta vez.  

—Señor Counter, sugiero que continuemos, a menos que disfrute esperar.

Él soltó una risa, los ojos recorriéndola.  

—¿Difícil de conseguir, eh? —La siguió y le susurró al oído—: Las de tu tipo siempre terminan regresando rogando por más, ¡tch!

Ella siguió caminando, optando por ignorarlo. Soltó un bufido en el camino que Winston notó perfectamente.

Llegaron a las ornamentadas puertas.

—Adelante, señor —dijo Anika, señalando hacia las puertas.

---

Normalmente, Diana McCoy nunca recibía a invitados que irrespetaran su agenda. Pero este... este era exactamente lo que había esperado.

Se encontraba de pie junto al alto ventanal de su estudio, bañada por la luz de la luna, con una copa de vino a medio llenar en la mano. El resplandor hacía danzar el rojo carmesí del líquido.

Un trueno retumbó a lo lejos.  

—Lluvia —susurró para sí misma y una lenta sonrisa apareció en sus labios.

--- 

★Punto de vista de Winston:★

Entré en su estudio... y en ese segundo solo pude ver con claridad sus labios mientras ella se sentaba allí.

Profundos. Rojo sangre. Goteando tentación. Sonriendo con sorna.

Al igual que los pasillos y corredores, su oficina estaba oscura. La luz de la luna desde la ventana la enmarcaba en plata, iluminando justo lo suficiente sus labios y cuello para torturarme.

Se levantó despacio, dejando la copa de vino sobre la mesa.

¿Qué demonios está haciendo?

—Bienvenido —ronroneó.

Esa cintura. Esos pechos cargados. Esa maldita figura... Me está llamando.  

Esas fotos en línea definitivamente no son Photoshop.

¡Mírate, Diana!...  

«¡Mierda!», susurré por lo bajo.

Su silueta estaba hecha para el pecado. Mi cuerpo reaccionó al instante y tuve que controlar mi expresión para no mostrarlo.

Mis ojos la recorrieron. Su presencia era magnética. Su mirada —afilada e hipnótica— parecía capaz de atravesarme el pecho.

Abrí los brazos mientras ella caminaba hacia mí, lenta y depredadora...

Un paso tan majestuoso debería ser delito...

Ven con papá...

Me mordí el labio, obligando al control a volver a mi sangre. Su aura es perversa, peligrosa, embriagadora. No es solo hermosa en persona. Es un arma.  

Y esta noche, yo había caminado directo a su guarida.

...

El nombre «Diana McCoy» no debería ser tan conocido ni siquiera en el futuro más lejano. Pero por razones válidas, es el tema en la lengua de todo hombre en esta nación.

«Diana McCoy»  

Según su biografía, es una de las hijas de la familia De L' Rosa. Desterrada a los... ¿qué edad?

Su biografía la describe como la esposa del difunto Eric McCoy, pero la verdad es (risas) que era la amante de Eric. Algunos la llamarían su puta privada. (Risas)

Fue expulsada por su padre biológico, Jacob De L' Rosa, cuando ella arruinó personalmente un matrimonio arreglado entre ella y un viejo socio italiano de su padre. Nació de una sirvienta local en la casa De L' Rosa a quien Jacob folló y dejó embarazada en un dos por uno.

Tras el nacimiento de Diana, la perra murió y el mundo quedó maldito con una niña pequeña que nadie sabía que se convertiría en un problema tan grande hoy. O tal vez si el señor Eric no hubiera ido seis pies bajo tierra, ella no sería un problema... pero él sí lo está.

Si tienes que preguntar quién es Eric McCoy, entonces quizás deberían dispararte en el pie.

Eric McCoy fue el hombre que arruinó muchas vidas. Era temido y respetado. El bastardo era un maldito gángster, un jefe de la mafia... o al menos eso dice la gente: «Eric es mafioso, por eso tiene tanto poder en una ciudad que ni siquiera es suya. Controla todo y a todos». «¿Cómo puede Eric ganar tanto dinero solo con una empresa de construcción? Su compañía de envíos es un desastre y sus otras empresas valen menos que su patrimonio neto, ¿entonces cómo?». El hombre era la ley.

Estaba metido hasta el cuello en el negocio de las armas. La compañía de envíos y la m****a de construcción que ahora es más grande que nunca eran solo fachadas.

Me enteré de él en mis últimos años de secundaria cuando estaba en todas partes. Todos lo envidiaban, querían ser como él, querían derribarlo. Era un problema. Mi abuelo y muchos de sus socios se quejaban de este «hijo de puta inglés cabeza dura» que jodía a todo el mundo.

Era un macho alfa. El hijo de puta era un imán para mujeres. Tenía a todas las que quería, cuando quería. Muy peligroso de tratar, inteligente y calculador. Se le veía mayormente con el señor Marcus Goldman, que también está muerto, y con Jacob De L' Rosa. Hasta que rompieron por alguna razón...

Hay rumores de que Diana fue la causa de la ruptura entre Eric y Jacob, pero creo que debió ser algo más serio, ¿verdad?

Pero ahora pienso diferente.

-----

Diana Corinne Quigley McCoy,

¡Vas a volverme loco de m****a con este cuerpo tentador!

*****

✧AÑOS ATRÁS✧

Punto de vista del escritor:

Una niña corre hacia las puertas de la mansión De L' Rosa, llorando mientras sube las escaleras. La persiguen dos guardaespaldas y su padre.

«¡Diana!» —grita su padre con toda su ira en las palabras—. «¡Diana! ¡Para ahí, niña estúpida!»

Inmediatamente irrumpe en su habitación y cierra la puerta de golpe, sosteniéndola. Los hombres la alcanzan y, como su pequeño cuerpo no es rival para ellos, la dominan. La puerta es pateada y la joven Diana cae al suelo en lágrimas. Mira a su padre y no puede superar el hecho de que este hombre intenta venderla...

—Nunca me casaré.

—¡Mentiras! —Jacob se acerca más y más—. Mentiras, Diana. Estoy harto de tu terquedad, tu desobediencia y tu estupidez. Te casarás con él y no hay nada que puedas hacer para detenerlo. Aunque seas un cadáver, serás su novia fantasma. ¡Fuera de mi camino! Desde que naciste no has traído más que frustración. Todo termina en unos días, solo espera y verás.

—¡Nunca! Nunca te pedí que me tuvieras, tampoco te pedí que me mantuvieras. Siempre has querido sacar algo de mí. Cobrar por mi cabeza. ¿Ahora intentas conseguirlo con un matrimonio? ¡Nunca me casaré, Jacob!

Jacob retrocedió y soltó una risa, los ojos muy abiertos mirándola.  

—¡Pequeña m****a! —siseó. Miró a uno de sus hombres, que asintió, y procedió a arrastrar a Diana fuera de la habitación a la fuerza.

Sus gritos y los ecos que producían eran desgarradores. Lloraba, pateaba, golpeaba y luchaba por escapar del guardia.

—Señor —una de las niñeras se acercó a Jacob mientras bajaban de la habitación de Diana—. El señor McCoy está aquí para verlo.

Justo entonces Eric McCoy entró.  

—Jac...

—Hermano —Jacob no había visto a Eric en un tiempo desde su viaje de negocios. Su regreso lo sorprendió, aunque no estaba orgulloso de la escena que Eric presenciaba.

Eric se quedó con sus hombres al otro lado de la habitación mientras Jacob se acercaba, lo abrazaba y le daba la bienvenida.

Pero en la mente de Diana...  

Este hombre...

---

Punto de vista de Diana:

Este hombre...  

Sentí que podía alcanzarlo, quería tocarlo. «Él me ayudará», me dijo mi mente. Era grácil. Se veía magnífico y elegante con su traje bien cortado, la chaqueta colgada cuidadosamente sobre los hombros.

Me retorcí del agarre del guardia y me encontré corriendo hacia este hombre, pero antes de llegar a él, uno de los guardaespaldas de mi supuesto salvador me detuvo y me empujó de vuelta a las manos de mis opresores.

Sus ojos se encontraron con los míos en el proceso. Sus hermosos ojos grises me miraron profundamente. Mis ojos brillaban con desesperación, lo sé. Incluso en medio de todo, él seguía mirándome. No pude decir si estaba molesto, preocupado o feliz por eso, pero no sería la última vez que me vería.

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