LOGINANASTASIA PETROV
Esto es una m****a. Ya llevo una semana aquí metida con la bestia y ni siquiera he salido de esta habitación. Siento que me estoy volviendo claustrofóbica en este lugar.
—¿Qué haces tan callada? —Cuando escucho su voz, brinco del susto, ya que no lo escuché entrar.
—Casi me matas del susto.
—No sabía que te ponía tan nerviosa. - Este acerca lentamente de manera peligrosa con una mirada de depredador.
—¿Qué haces? —Intento retroceder, pero la pared me lo impide hasta que lo tengo pegado a mi cuerpo— Estás invadiendo mi burbuja personal, idiota.
Este sonríe y pone sus manos a cada lado de mi cabeza, encerrándome.
—¿Te han dicho que eres muy altanera? - M****a.
Se está acercando mucho. Esto no me gusta. No puedo dejar que se salga con la suya. Levanto mi rodilla y le doy justo en sus partes íntimas, haciendo que se doble del dolor.
—¡Joder!
—Te dije que te alejaras. - Tengo el corazón a mil.
—¿Acaso quieres dejarme sin descendencia? -Veo cómo se pone de pie con cuidado.
—No estaría mal hacerlo. -Este vuelve a sonreír.
—Quiero que me acompañes a un evento, así que ponte hermosa.
—No iré.
Este me toma con fuerza del brazo, haciendo que suelte un gemido de dolor.
—Recuerda algo, Anastasia. No eres tú la que da las órdenes, soy yo. Así que más te vale que te pongas un puto vestido y estés lista en una hora, porque te juro que no me quieres ver enojado.
Me suelta con brusquedad, haciendo que caiga sobre la cama, y luego se va.
—Hijo de puta...
Me siento en la cama con ganas de no hacer nada, pero sé que, si no me arreglo, él vendrá más enojado, y es lo último que quiero.
Elijo un vestido corto y dejo mi cabello suelto, con unas suaves ondas.
—Espero que estés ya lis... - Las palabras del idiota se quedan en el aire cuando me ve. —Estás...
Cuando creo que va a decir algo más, simplemente se queda callado.
—Es hora de irnos. - Tomo mi cartera y luego nos montamos en una camioneta. —Antes de que lleguemos, te voy a dejar unas cosas en claro. Ni se te ocurra escapar o hacer algo estúpido, porque el único que lo pagará será tu adorado padre.
—No entiendo por qué me metes en esto. Ese es un asunto entre mi padre y tú. Yo no encajo en eso.
—Desafortunadamente, encajas porque eres la debilidad de Petrov. Me servirás para que me pague lo que me debe o, de lo contrario, te mataré.
—Qué cruel eres.
—Así es esta vida.
Cuando llegamos, este me toma con fuerza de la cintura y veo cómo todos empiezan a mirarnos.
—Qué bien acompañado está, señor Ivanov.
Vemos a un señor de unos cincuenta años, con un traje elegante y fumando un tabaco.
—Yo siempre estoy bien acompañado, Leonardo.
—¿No te interesa compartir?
Cuando el anciano dice eso, siento cómo las ganas de vomitar me invaden y tomo con fuerza la mano de Antón, logrando llamar su atención.
—No me gusta compartir mis juguetes. - ¿Me llamó juguete?... Es un hijo de puta.
—Qué lástima. Linda, cuando te aburras de él, me llamas.
No respondo. Solo me quedo callada hasta que una persona llama mi atención.
—Papá...
Antón mira en la dirección en la que estoy viendo yo y, cuando intento ir hacia él, me detiene.
—Por favor, deja que lo vea. Te juro que no haré nada. Solo quiero abrazarlo, te lo suplico.
—No confío en ti.
—Por favor. Haré lo que quieras, pero deja que lo vea. – lo observo con mirada suplicante, y para mi buena suerte este accede caminando hacia el
—Señor Petrov. - Mi padre voltea y, al verme, sus ojos se abren.
—¡Princesa!
Cuando intenta acercarse, Antón lo detiene.
—Aquí no. Subamos.
Subimos a una oficina y, ya cuando estamos solos, corro a abrazar a mi padre mientras lloro en su pecho.
—Ya, mi vida. Aquí está papá.
—Papá, dime que ya tienes el dinero. - Le suplico y puedo ver el dolor reflejado en su mirada.
—Aún no.
—Quiero ir a casa... - Sollozo.
—Ivanov, yo me voy contigo, pero déjala a ella. Ella no tiene nada que ver con el negocio.
—Tú sabes cómo es este negocio, Petrov. Ella se vendrá conmigo hasta que tú me pagues lo que me debes.
—Por Dios, Ivanov, ten piedad.
Ivanov se ríe maliciosamente y se acerca a nosotros, quitándome de los brazos de mi padre.
—Yo no conozco esa palabra. Ya sabes el plazo que tienes.
Salimos de la habitación y las lágrimas aún no dejan de salir, pero Antón me las limpia.
—Ya no llores más.
—No puedo creer que seas tan cruel. ¿Acaso no tienes corazón?
Antón se pone tenso por unos segundos y su mirada se endurece.
—Lo tuve, pero lo enterré con alguien que fue importante para mí. Ahora deja de llorar, que todavía tenemos una fiesta.
—Yo me quiero ir.
—¡JODER! ¡ESTOY CANSADO DE TUS BERRINCHES! O haces lo que te digo o te juro que tendremos problemas.
—Eres un hijo de puta.
—Tranquila, me lo dicen muy seguido.- Cuando voy a caminar, este me detiene.—Recuerda que me debes algo.
—No te debo nada —le digo desafiante.
—¿Ah, no? Entonces, ¿qué fue eso de " hago lo que quieras"?
M****a...
—¿Qué quieres?
Este me lleva hasta la pista de baile y junta nuestros cuerpos.
—Baila conmigo.
Comenzamos a bailar y, en medio de la música, me pierdo en el gris de sus ojos. ¿Qué tiene este hombre que grita misterio por todas partes?
Antón pasa sus manos por mis caderas mientras yo rodeo su cuello con mis brazos. Siento cómo se acerca a mi rostro hasta quedar a centímetros de mí.
—¿Qué haces?
—Solo sígueme.
Sin que yo me lo espere, junta nuestros labios en un beso pausado, pero cargado de pasión. Intento separarme, pero él me lo impide hasta que escuchamos un montón de aplausos.
—Qué vergüenza... – no puedo creer que hiciera eso, como tiene el descaro de besarme delante de toda esta gente.
Veo a mi padre mirando a Antón con ganas de matarlo, pero el pobre está maniatado y no puede hacer nada.
—Caballeros... —llama la atención Antón—. Quiero hacer la presentación oficial de esta bella dama. Con ustedes... mi hermosa reina.
La reina de la mafia rusa...
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ANASTASIADespierto con un terrible dolor en todo mi cuerpo, pero en especial en mis costillas. Y ni hablar de la cabeza, siento que me va a explotar.-Pequeña - al abrir mis ojos veo a mi padre sentado a mi lado. Este parece cansado, como si no hubiera dormido en días - al fin despertaste.-Oh, papá.El llanto se acumula y comienzo a llorar, pero rápidamente soy abrazada por mi padre, como cuando era pequeña.-Ya, preciosa, aquí está papá.-Fue horrible, papá. Creí que moriría. Leonardo se enloqueció.-Lo sé, mi niña, pero ahora estás a salvo y no dejaré que nada te pase.-¿Lograron detenerlo? - Este se pone tenso y aprieta las manos.-No, hija, pero te juro que lo atraparé.La puerta se abre, dejándome ver a una persona que carga un ramo precioso de rosas-Al fin despiertas. -Joder, es Antón. Está muy guapo.-Te traje estas rosas. Sé que te gustan mucho.-Son preciosas, gracias. - Le dedico una tierna sonrisa.-Petrov, ¿podría hablar a solas con Ana?Se me hace extraño que Antón sea
ANASTASIAEsta situación se salió de control. Me estoy viendo al espejo y veo dos grandes hematomas en mi rostro. Al bajar a mis brazos, veo los dedos de Leonardo marcados y, cuando levanto mi blusa, veo más hematomas. Definitivamente, no reconozco a la persona que tengo al frente. Ahora siento mucho miedo, no sé si mi padre o Antón me vengan a buscar.-Ana, cariño - cuando veo a Leonardo que entra, por instinto me alejo de él. -Tranquila, no te haré nada.-No te acerques - le suplico. Por un instante veo en su mirada algo de culpabilidad, pero se recupera rápidamente.-Arréglate, nos vamos - ¿Qué? ¿Irnos? No...-¿A dónde?-Eso no debe importarte. Ahora arréglate, no me hagas enojar. Odio ver tu cara lastimada.Este sale, dejándome sola y, como no quiero que se enoje, decido hacer caso y me cambio rápido con unos pantalones y una chaqueta.Bajo las escaleras con algo de dificultad y noto que hay bastante movimiento.-¡Vámonos! El imbécil de Ivanov ya debe estar en camino.¿Antón vendr
6 meses despuésYa han pasado muchos meses y ahora ya me siento más acostumbrada viviendo en Argentina, lo que aún no me acostumbro es a no ver a Antón. Todavía me pregunto cómo estará. Mi padre no ha dejado que sepa nada de él. Lo único que tengo claro es que no ha querido firmar los papeles del divorcio.-Tierra llamando a Ana - dice Agus, una amiga que conseguí aquí en Argentina que me ha hecho gran compañía. Le conté lo que me pasaba, pero omití la parte de que vengo de una familia mafiosa y que me casé con un mafioso.- Lo siento, Agus.-¿Todavía pensando en tu marido? - cómo me conoce esta mujer.- No lo puedo evitar - suelto un suspiro y tapo mi cara.-¿Por qué no lo llamas?-¿Qué? ¡¿Estás loca?! Mi padre me matará si lo llamo. Además, quizás él ya no quiera saber nada de mí. Ha pasado mucho tiempo.-Por Dios, Ana, si él no quisiera saber nada de ti, ya te hubiera dado el divorcio.Bueno, en eso puede tener la razón, pero aún no sé por qué carajos quiero saber de él. O sea, ¿qu
ANASTASIA PETROVDespierto con una terrible sensación de mareo. Abro mis ojos lentamente y me doy cuenta de que esta habitación no es la mía. ¿Dónde mierdas estoy?Con mucho cuidado me paro y veo que hay un baño, así que aprovecho y hago mis necesidades. Luego me doy cuenta de que hay una ropa con una nota que dice que me la coloque. Hago lo que me piden, me doy un baño y luego me pongo lo que me trajeron, que, para mi sorpresa, todo es de mi talla.Miro hacia la puerta y noto que está abierta, así que salgo de la habitación, dándome cuenta de que estoy en un palacio. La casa es enorme y está llena de lujos.—Al fin despertaste.Esa voz...—¿Fuiste tú el que me secuestró?—No te secuestré, Ana. Solo te salvé de estar en un matrimonio que no avanzaba. Tu padre vio tus marcas y me pidió ayuda.—Leo, no era la forma. Ahora Antón me va a buscar por cielo y tierra.—Ana, estamos muy lejos de Antón. Él no nos puede hacer nada. - ¿Cómo así? ¿Acaso salimos del país?—¿Dónde estamos?—Argentin
Llego a la casa y, sin importar los gritos de Antón, cierro la puerta de un portazo. Tiro todo lo que encuentro a mi alrededor, ya que la rabia y el dolor me están consumiendo lentamente.—¡Abre la maldita puerta!—¡Vete a la mierda! —Siento cómo la puerta se abre de golpe, dejando ver a un Antón muy enojado.—Que sea la última vez que te vea hablando con Leonardo.—¿Qué pasa? ¿Acaso tienes celos de él? - Este se queda serio mirándome.—Al menos él es más hombre que tú.Cuando menciono eso, los ojos de Antón se oscurecen y, en un rápido movimiento, me tira a la cama.—Te voy a demostrar que soy más hombre que cualquier otro.Se coloca encima de mí mientras comienza a dejar besos en mi cuello y escote.—¡Suéltame!Intento no caer en su trampa, pero Antón sabe perfectamente dónde tocar para hacerme sentir en las nubes, y así fue como caí en sus manos. Tuvimos una noche de pasión increíble, pero cuando todo terminó me sentía la peor basura del mundo. Me sentía sucia y usada; solo quería
Había pasado un mes y ahora me encontraba mucho más recuperada. Gracias a la ayuda de todos logré recuperar el peso que había perdido, y las terapias me habían ayudado muchísimo.¿Y las cosas con Antón?Bueno... él se había portado de maravilla. Al parecer estaba decidido a conquistarme y, siendo sincera, ¿quién era yo para negarle esa oportunidad?Sentí unos brazos rodear mi cintura, pegándome contra un pecho firme.—Hola, esposa mía —susurró Antón junto a mi oído, erizando cada centímetro de mi piel.—Hola. ¿Qué haces tan temprano aquí?—Quiero invitarte a cenar. Así que ponte esto que te traje. - Me extendió una bolsa y vi una caja de zapatos sobre la cama. —Te espero en una hora.Salió de la habitación y yo corrí al baño para darme una ducha rápida. Después continué arreglándome. Cuando saqué el vestido de la bolsa, me quedé sin palabras. Era precioso: estaba cubierto de pedrería y tenía un escote que, estaba segura, haría que a Antón le diera un infarto.Una hora después bajé las







