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Capítulo Diez — Deseos implícitos

Author: Mitha Souza
last update publish date: 2026-09-18 06:39:08

Carmen González

Por si no fuera suficiente convivir con mi familia y el comportamiento manipulador de mi madre, ahora tengo que lidiar con las groserías de la "pareja magnánima".

No entiendo esta insistencia masoquista de Martina por obligarme a tragarme su presencia y la de Pablo.

Ver a Matteo presenciar la forma en que me han tratado fue humillante en exceso; una herida abierta expuesta ante un desconocido. ¿Y qué tenía en la cabeza al ir hasta mi casa?

Claro que sabes la respuesta, Carmen. D
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    Carmen GonzálezPor si no fuera suficiente convivir con mi familia y el comportamiento manipulador de mi madre, ahora tengo que lidiar con las groserías de la "pareja magnánima".No entiendo esta insistencia masoquista de Martina por obligarme a tragarme su presencia y la de Pablo.Ver a Matteo presenciar la forma en que me han tratado fue humillante en exceso; una herida abierta expuesta ante un desconocido. ¿Y qué tenía en la cabeza al ir hasta mi casa?Claro que sabes la respuesta, Carmen. Dejé a mi paciente recién operado en la ducha y salí corriendo como una virgen asustada, solo porque tuve miedo de no resistir la tentación de caer de boca en ese pene maravilloso.Sentí que el rostro me ardía solo de recordar su textura bajo mis dedos. Vaya pensamientos de una mujer que lleva meses sin sexo... estaba perdiendo el juicio.Ahora estoy aquí, de vuelta en el lugar donde tendré que conviver con este dios griego, teniendo que bañarlo, secarlo y vestirlo. Si es que quiere vestirse.El

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    Carmen González—Hola, amor. Tardaste mucho y me duele bastante. Vine a buscarte... —dijo mirándome como quien pregunta si todo está bien.Aquella escena parecía uno de esos momentos en los que solo deseas desaparecer.Regresé a casa para pensar en qué haría tras aquel episodio desenfrenado en el baño con mi jefe, y ahora estaba allí, frente a mi familia, con él casi desnudo ante sus ojos.Sí, estaba prácticamente desnudo. Porque llevar un pantalón de chándal sin ropa interior, teniendo un órgano genital que de pequeño no tenía nada, y encima sin camiseta...Solo llevaba una chaqueta de chándal a juego sobre los hombros.—Matteo... —hizo un gesto extraño con la cabeza y entendí que debía actuar—. Amor, no deberías estar aquí. ¿Mira cómo está tu herida? Se te puede infectar.Y no mentía. Me di cuenta de que lo había dejado solo durante el baño y que necesitaba haberle secado la zona de la cirugía y cambiarle los vendajes. Lo dejé desprotegido y me sentí muy mal por ello.—Tenemos que i

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