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—La única que salvará Horacio, seré yo, tú y ese mocoso ¡ya están muertos, Casandra!Los ojos de Casandra la miraron con miedo y rabia.—¡Tú…! ¡Maldita loca! ¿Estás en esto?La voz de Casandra salió ahogada por el miedo y la rabia.Miró a Irlanda con incredulidad.Durante todo ese tiempo había pensado que ambas eran víctimas de la misma pesadilla, dos mujeres atrapadas por hombres sin escrúpulos.Pero al ver aquella sonrisa en los labios de Irlanda, comprendió que quizá había algo mucho peor detrás de todo aquello.Irlanda no respondió de inmediato.Simplemente sonrió.Una sonrisa fría, satisfecha, completamente diferente a la expresión de terror que había mostrado cuando llegaron al almacén.—Esto te pasa por ser mi sustituta.Casandra sintió que el corazón se le detenía.—¿Qué…?Irlanda se acercó un poco más.—Es hora de que me devuelvas lo mío, mi lugar junto a Horacio.Casandra negó con la cabeza.—Estás loca…—¿Loca? —Irlanda soltó una pequeña risa—. No. Solo recupero lo que quie
Casandra sentía que el corazón estaba a punto de salírsele del pecho.Abrazaba a Elliot con todas sus fuerzas mientras el niño lloraba contra su pecho, temblando de miedo.—¡Calla al mocoso! —ordenó uno de los hombres.Casandra levantó la mirada.El miedo la paralizaba, pero no iba a permitir que aquellos hombres vieran cuánto estaba aterrada.Bajó la cabeza y acarició lentamente el cabello de Elliot.—Amor, escúchame.El niño levantó los ojos llenos de lágrimas.—Vamos a ser valientes, ¿sí?Elliot sollozó.—Tengo miedo…Casandra sintió que algo se rompía dentro de ella.Pero sabía que cualquier reacción equivocada podía poner al niño en peligro.Así que respiró profundamente y dibujó una sonrisa en sus labios.—Somos superhéroes.Elliot parpadeó.—¿Superhéroes?—Sí.Casandra asintió con seguridad.—Y los superhéroes no se rinden cuando tienen miedo. Son valientes porque protegen a las personas que aman.El pequeño la miró fijamente.Sus lágrimas todavía resbalaban por sus mejillas, p
Dos días después.Casandra todavía no estaba segura de querer permanecer al lado de Horacio.Había demasiadas cosas que debía pensar.Su relación con él se había complicado hasta un punto en el que ya no sabía si existía un futuro para ambos.Había heridas que no podían desaparecer de un día para otro y preguntas que todavía necesitaban respuestas.Pero había algo de lo que estaba completamente segura.Elliot. El pequeño había conseguido ocupar un lugar en su corazón.Lo amaba. Lo había amado desde que comenzó a conocerlo, y ahora sentía que cualquier cosa que pudiera hacer para protegerlo valía la pena.Aquella mañana, Casandra se levantó temprano.Ayudó a Elliot a prepararse para el kínder y comprobó varias veces que llevara todo lo necesario.—¿Ya podemos irnos? Quiero ver a mis primos —preguntó el pequeño.Casandra sonrió.—Sí, mi amor. Ya podemos.Elliot tomó su mochila y corrió hacia la puerta.—Hoy voy a enseñarle a la maestra el dibujo que hice.—¿El del dinosaurio?—Sí.—Est
Al día siguiente, Miranda y Joaquín llegaron temprano al hospital.Durante todo el camino ninguno de los dos habló demasiado.Había una tensión extraña dentro del automóvil, como si ambos supieran que, en cuanto cruzaran aquellas puertas, sus vidas podrían cambiar para siempre.Joaquín mantenía la mirada fija al frente.Aunque había intentado convencerse de que el resultado no cambiaría nada, sabía que no era cierto.Si la prueba era positiva, tendría que enfrentarse a una realidad que no había elegido.Miranda, sentada a su lado, tomó su mano.—Pase lo que pase, estoy contigo.Joaquín apretó suavemente sus dedos.—Lo sé.Cuando llegaron al hospital, ambos sabían que Liliana seguía allí.Su hijo continuaba internado y los médicos luchaban por salvarle la vida.Pero aquella mañana, para Joaquín y Miranda había otro asunto que resolver.El resultado de la prueba de paternidad.Entraron al hospital y caminaron hasta el área administrativa.Miranda fue la encargada de recoger el documento.
Casandra lo miró en silencio.Horacio seguía arrodillado frente a ella, con el rostro lleno de una angustia que no había intentado ocultar.Por primera vez, ella podía ver que sus palabras no eran solamente una declaración impulsiva. Había algo en sus ojos que parecía verdadero.—No sé, Horacio —murmuró ella, apartando la mirada—. Entiende, tengo miedo.Él frunció el ceño.—¿Miedo de mí?Casandra negó lentamente.—Miedo de tus sentimientos. Miedo de no saber si de verdad es amor o… una confusión. No quiero ser eso para ti.Horacio intentó levantarse, pero ella retrocedió un paso.—Casandra…—Yo no quiero que me elijas porque ella regresó —continuó Casandra—. No quiero que me quieras porque descubriste que quizá no puedes tenerla. No quiero ser la segunda opción de nadie.—Nunca has sido una segunda opción.—Pero yo me sentí así.El silencio cayó entre ambos.Casandra respiró profundamente.—Necesito tiempo. Tengo que pensar. Necesito saber si cuando dices que me amas, realmente me está
Casandra lo miró completamente sorprendida.Durante unos segundos no pudo reaccionar. Las palabras de Horacio parecían haber llegado demasiado tarde, justo cuando ella había decidido marcharse y cerrar para siempre aquella parte de su vida.Sus labios temblaron.—¿Amarme? —repitió con un sollozo—. ¿Ahora dices que me amas?Horacio asintió.—Sí.Casandra soltó una risa amarga entre lágrimas.—¿Y cuando le creíste a ella? ¿También me amabas entonces?La pregunta lo golpeó.Horacio bajó la mirada.No tenía una respuesta que pudiera reparar el daño.—Casandra, yo...—No —lo interrumpió—. No intentes justificarlo.Él se acercó lentamente.—Solo déjame explicarte.—Ya explicaste suficiente.Horacio intentó acercarse para besarla, pero Casandra giró el rostro y se apartó.—No.Él se detuvo.Casandra estaba llorando.—No puedes decirme que me amas y esperar que todo desaparezca de un momento a otro.Horacio sintió una punzada en el pecho.—No espero eso.—Entonces, ¿qué quieres de mí?Él la ab







