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Capítulo 7

last update publish date: 2026-09-04 11:34:51

Kim Yeonhwa

El día de la exposición ha llegado y estoy tan nerviosa que apenas puedo controlarlo para que no lo noten. Solo me toca rezar para que todo nos salga bien..

Al terminar de exponer el primer grupo, la profesora no dice nada; simplemente anota algo en su cuaderno. Luego se levanta el segundo y, en ese, sí dice algo. Se queja porque una chica se pone nerviosa, provocando que no logre explicar bien el tema que le toca y, por esa sola persona, le baja los puntos a todos ellos. La chica solo baja tristemente la cabeza, mientras que sus compañeros la miran con odio y se van a su lugar.

Nos levantamos con nuestra maqueta y nos ponemos en orden frente a todos nuestros compañeros, desde el primero hasta el último que va a hablar.

Hana es la primera en empezar a exponer, luego es Yuna, tercera es Tae-yang y, por último, yo. No sé cómo logro exponer tan bien, pero me concentro tanto en mi tema que los nervios se me olvidan. La profesora no dice nada, pero su silencio habla más que mil palabras y significa que lo hacemos bien, provocando en mí un sentimiento de alegría que siento en mi interior.

La profesora saca su celular del bolsillo y le da dos veces a la pantalla, provocando que se encienda.

—Faltan dos minutos para la salida. Los próximos grupos que faltan expondrán mañana —avisa la profesora.

Han Ria toma su cuaderno, donde anota todas las calificaciones, se levanta y sale del salón.

—Vamos al karaoke a celebrar que nos salió súper bien la exposición —propone Hana.

Y todo estuvimos de acuerdo.

***

Entramos y, de inmediato, las dos mujeres que están detrás del mostrador nos atienden. Nos dan la llave de la sala número 16, y Yuna, Hana y Tae-yang piden varias cosas para comer. Entre ellas están: refresco, papas de bolsa, pasteles de arroz y nuggets de pollo, mientras que yo solo pido un jugo, aunque me muero de ganas de comer lo que ellos piden. Pero, de tan solo pensar que esas comidas son altas en calorías, se me quitan las ganas de comer.

Me quito la mochila de un solo hombro y la jalo hacia delante. Deslizo la cremallera de uno de los bolsillos hasta abrirlo y saco mi cartera roja. Al abrirla, veo la pastilla para bajar de peso que había puesto ahí esta mañana antes de ir a la secundaria. La saco y me la guardo en un puño cerrado para que no la vean. Con los dedos índice y pulgar, saco 1500 wones y se los paso a una de las chicas que están detrás del mostrador.

Mis compañeros, al ver que ya me habían atendido, empiezan a caminar. Detrás, les sigo el paso, pero después recuerdo que no me he tomado la pastilla. Así que me detengo y espero a que se adelanten un poco. Me llevo la pastilla a la boca, pero, en ese mismo momento, Hana se da la vuelta y noto cómo su expresión cambia de neutral a una de preocupación.

Siento cómo mi corazón se acelera y, al tragar saliva junto con la pastilla, casi se me queda atorada en la garganta, pero, por suerte, tengo el jugo que he comprado y de inmediato le doy varios tragos, ayudando a que la pastilla baje con facilidad.

Hana camina hacia mí con pasos rápidos. Se detiene frente a mí y, sin titubear, me pregunta:

—¿Estás tomando la pastilla para bajar de peso?

—No, no, solo es vitamina C para la piel —le respondo, y una sonrisa forzada se forma en mis labios.

—Qué bueno —Hana suelta un suspiro de alivio—. Me alegra que hayas seguido el consejo, porque eso te podría hacer mucho daño y no quiero que termines como esas chicas obsesionadas por bajar de peso que provocaron a su perdición.

—¿Qué hacen ahí atrás? ¿Acaso ya no quieren venir a cantar? —nos pregunta Yuna en voz alta.

—Ya vamos, ya vamos —responde Hana en voz alta, y de inmediato empezamos a caminar a pasos rápidos hasta alcanzarlos.

Cuando ya estamos todos juntos de nuevo, avanzamos nuestro camino. Doblamos a la izquierda y atravesamos el pasillo hasta que llegamos a la sala número 16, que lo indica un número ubicado en la parte de arriba de la pared. Hana introduce la llave en la puerta y, al girarla, se abre.

Me percato de la poca iluminación que hay adentro; en cambio, afuera está iluminado por una luz amarilla, mientras que dentro de la sala, la única luz que ilumina es la pantalla de la televisión y las luces de diferentes colores que recorren el techo y las paredes.

Entramos y Hana y yo tomamos asiento en el sofá, mientras que Yuna y Tae-yang dejan lo que han comprado para comer encima de la mesa y van a poner una música para cantar juntos.

En menos de diez minutos, estoy casi orinándome de la risa por la voz de mi amiga y Tae-yang, que creen que cantan hermoso, pero en realidad parecen unos perros que lloran por la teta de su madre. Pero yo no soy la única, porque Hana está muriéndose de risa.

Entre la canción que está sonando y las voces de Tae-yang y Yuna, percibo la música conocida y me doy cuenta de inmediato de que me están llamando por teléfono. Me quito la mochila y la abro. Al coger mi celular, veo en la pantalla que es mi novio y le contesto.

—Hola, Yeonhwa, ¿qué haces? —pregunta Joon.

Escucho a alguien cantar desde el otro lado de la llamada. La voz es como la de un ángel, pero canta con tanto sentimiento que parece estar melancólico, como si alguien lo hubiera rechazado o su novia lo hubiera dejado.

—Estoy en el Karaoke Estrella con Yuna, Hana y un chico nuevo de mi salón —le respondo.

No quiero mencionarle que Tae-yang es el chico nuevo con el que se pone celoso en la cafetería, porque me da mucha vergüenza recordar lo que sucede ese día.

—Yo también estoy en el Karaoke Estrella con unos amigos que me aburren con sus canciones melancólicas —se queja Joon, y sé perfectamente que él odia ese tipo de canciones porque piensa que son para gente a la que solo le gusta sufrir—. ¿En cuál sala estás para ir?

—En la sala 16.

—Está bien, voy para allá.

—Aquí te espero —presiono el botón rojo para colgar y pongo el celular encima de la mesa.

—Qué bueno que ya pararon de cantar —se burla Hana al terminar la canción que Yuna y Tae-yang están cantando a todo pulmón—. Ya mis oídos no aguantaban más.

Al escuchar las palabras de Hana, suelto varias carcajadas.

—Solo estás celosa de nuestra melodiosa voz —bromea Tae-yang.

—Si esa voz es melodiosa… no quiero imaginarme cómo sería la espantosa —murmuro con una pequeña sonrisa.

—Ya que ustedes se creen mejores que nosotros, hagamos una competencia —propone Tae-yang.

—Ni hemos empezado y ya estoy segura de que le ganamos —Yuna levanta el mentón levemente, con una leve sonrisa en sus labios.

—Dame el micrófono, que te voy a demostrar que cantando nadie me gana —asegura Hana muy confiada. Se levanta del sofá y le coge el micrófono amablemente a Yuna.

Tae-yang camina hacia mí y, sin querer, tropieza con el cable del micrófono, provocando que casi caiga encima de mí, pero, por suerte, detiene su caída apoyando los dos brazos en la pared alrededor de mí. Los dos nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos por un momento, hasta que la puerta de la sala se abre y dirigimos nuestra vista hacia ella.

En la entrada de la puerta está Joon, mirándonos con una mirada que refleja todo lo que está sintiendo, y no es bueno. Hasta el subir y bajar de su pecho al respirar se nota forzado y agitado.

Tae-yang se incorpora y yo me levanto del sofá de inmediato, poniéndome delante de Joon.

—No te enojes, déjame explicarte —le digo lo más calmada posible.

—Coquetear con los chicos, eso es lo que haces cuando yo no estoy —dice Joon con desprecio y suelta una carcajada forzada, sin ganas—. Pensaba que eras diferente a las otras chicas, pero ya veo que eres una cualquiera que está detrás del primero que se te insinúe.

—No, no… —trato de explicar, mientras intento aguantar las lágrimas que luchan por salir.

—No me digas nada. No tengo nada que escuchar de una chica como tú, malagradecida, porque deberías, aunque sea, agradecer que estuviera contigo a pesar de que eres gorda y fea —grita Joon.

—Tú eres el que tiene que estar agradecido de estar con Yeonhwa, porque si yo fuera ella, hace tiempo te hubiera dejado por esa personalidad de m****a que tienes —Tae-yang se pone al frente de Joon, mientras lo mira directamente a los ojos.

—No peleen —Yuna se acerca a Joon y Tae-yang. Ella se mete entre los dos, mientras los aparta con sus dos manos.

—Yo nunca me rebajaría por una basura como él —escupe Joon y le da la espalda.

—Si yo soy basura, tú eres una alcantarilla con esa boca tan sucia que tienes —le grita Tae-yang, pero Joon no se detiene y sigue su camino.

—Espera, Joon, déjame explicarte —camino hacia mi novio para alcanzarlo, pero Tae-yang me agarra la muñeca derecha, interrumpiendo mi paso.

—Yeonhwa, no pierdas tu tiempo con él. No te merece —me aconseja Tae-yang.

—Sé que lo hizo mal al decirme todas esas palabras feas, pero solo malinterpretó las cosas —jalo mi brazo, provocando que me suelte, y sigo mi camino.

Recorro todo el pasillo y llego hasta la salida, pero no veo a mi novio por ninguna parte.

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