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Capítulo 7

last update Fecha de publicación: 2026-09-04 11:34:51

Kim Yeonhwa

Me encuentro sentada al lado de mi amiga aprovechando los últimos diez minutos de descanso, mientras el bullicio de mis compañeros inunda el salón.

—Mi novio y yo tuvimos nuestra primera vez el sábado. Pensaba que a Joon no le iba a gustar cómo es mi cuerpo desnudo por ser gorda, pero creo que en vez de eso le encantó, porque a través de sus ojos noté una mirada con tanta intensidad que me hacía sentir como una presa —cuento emocionada con una sonrisa, pero se va esfumando al notar que mi amiga no me está prestando atención—. ¿Me estás escuchando? —le pregunto, pero no responde—. ¿Yuna, me escuchas? —toco su hombro varias veces con las puntas de mis dedos, pero ella se queda igual, como si nadie la tuviera tocando.

—Mira a esa zorra, intenta robármelo —sisea Yuna, mientras le dedica una mirada llena de odio a Hana, que se encuentra sentada al lado de Tae-yang.

—No te preocupes, solo Tae-yang le está explicando algo a Hana —le digo para tranquilizarla.

—A mí no me engaña, conozco esa táctica. Solo se hace la tonta para poder acercarse a él.

—Los diez minutos de descanso se han acabado. Todos vuelvan a sus pupitres y guarden los celulares —ordena el presidente del curso.

Todos de inmediato empiezan a ir a sus lugares y el bullicio de mis compañeros disminuye.

—Le voy a preguntar a Hana si le gusta Tae-yang y verás que no le interesa —me levanto de mi asiento, cojo la silla y la pongo en su lugar. Me siento con las piernas cruzadas, con la espalda pegada a la pared, mirando atentamente cómo Hana recoge sus cosas y camina hacia mi dirección. Ella pasa por mi lado y se sienta en su pupitre.

—Oye, Hana, te he visto últimamente muy junto a Tae-yang —levanto mis dos cejas dos veces, mientras mantengo una sonrisa—. ¿Te gusta?

Hana suelta una pequeña risita.

—No, ¿por qué piensas eso?

—Solo me dio curiosidad —le respondo.

Miro a Yuna, quien se queda atentamente pendiente de la conversación que tengo con Hana y, sin pronunciar palabras, le digo entre labios: «Te lo dije».

Yuna pone los ojos en blanco y mueve los labios, pero no pronuncia ninguna palabra, aunque sé que quiere decir «miente».

—Yeonhwa, no pienses eso de Hana, ella dice la verdad —dice Yuna, mientras mantiene una expresión amigable, tan diferente a la que tenía hace unos momentos—. No se lo digan a nadie, pero cuando Tae-yang fue a mi casa a ayudarme con la guía expositiva, casi me besa, aunque no pudo porque lo detuve.

Inmediatamente me doy cuenta de que Yuna está mintiendo, porque ella me había contado que después de que la ayudó, Tae-yang se marchó a su casa.

—Yo pensaba que era más respetuoso con las mujeres —comenta Hana.

—Parece que con la chica que le gusta no lo es —Yuna levanta un poco el mentón y una sonrisa ladeada se forma en sus labios, como si estuviera creyéndose sus propias mentiras.

La puerta del salón se abre y entra Han Ria, nuestra profesora de Sociales, mirándonos atentamente uno por uno para ver quién está rompiendo las reglas. Pero, como ya mis compañeros conocen lo estricta que es, tratan de seguir las reglas al pie de la letra cuando ella se encuentra con nosotros.

El presidente del curso se levanta de inmediato para ordenar hacer el saludo formal que debemos realizar cada vez que viene un profesor al curso.

—Dejemos las formalidades por hoy y empecemos con la clase —ordena la profesora, sin siquiera esperar que el presidente del curso articule palabra alguna.

Con un simple movimiento de su mano derecha, le indica a uno de los alumnos del salón que se levante de la silla y ella ocupa su lugar.

El presidente del curso, junto con su grupo, es el primero en colocarse frente a nosotros para exponer. Lo único que tienen que hacer es buscar en la computadora, que está sobre el escritorio y ya conectada al televisor, su guía expositiva entre todas las que ya se encuentran ahí, incluyendo la mía.

De organizar todo eso se encargan el presidente y algunos de mis compañeros, porque ya saben lo exigente que es nuestra profesora. Mientras que nosotros solo nos encargamos de subirla al grupo de Sociales para que luego la envíen a la computadora.

Al terminar de exponer el primer grupo, la profesora no dice nada; simplemente anota algo en su cuaderno. Luego se levanta el segundo y, en ese, sí dice algo. Se queja porque una chica se pone nerviosa, provocando que no logre explicar bien el tema que le toca y, por esa sola persona, le baja los puntos a todos ellos. La chica solo baja tristemente la cabeza, mientras que sus compañeros la miran con odio y se van a su lugar.

Al llegar nuestro turno, trago saliva con dificultad, no porque no me sepa el tema, porque en realidad me lo sé hasta de memoria, más bien es porque tengo miedo de que a nuestra profesora no le convenza nuestra exposición.

Nos levantamos y nos ponemos en orden frente a todos nuestros compañeros, desde el primero hasta el último que va a hablar.

Hana busca nuestra guía expositiva en la computadora y es la primera en empezar a exponer. Luego es Yuna, tercera es Tae-yang y, por último, yo. No sé cómo logro exponer tan bien, pero me concentro tanto en mi tema que los nervios se me olvidan. La profesora no dice nada, pero su silencio habla más que mil palabras y significa que lo hacemos bien, provocando en mí un sentimiento de alegría que siento en mi interior.

La profesora saca su celular del bolsillo y le da dos veces a la pantalla, provocando que se encienda.

—Faltan dos minutos para la salida. Los próximos grupos que faltan expondrán mañana —avisa la profesora.

Han Ria toma su cuaderno, donde anota todas las calificaciones, se levanta y sale del salón.

—Vamos al karaoke a celebrar que nos salió súper bien la exposición —propone Hana.

—Cierto, esto merece una celebración porque nuestra profesora es súper perfeccionista y no tolera las cosas mal hechas. En serio, me sorprendí de que lo hiciera bien a pesar de lo nerviosa que estaba —comenta con alegría.

—Ella no parece tan mala como ustedes dicen —comenta Tae-yang.

—Las apariencias engañan. ¿Van sí o no al karaoke? —pregunta Hana.

—Yo sí, solo me falta avisarle a mi madre que llegaré tarde —le respondo.

—Si él va, yo también voy —Yuna cruza su brazo con el de Tae-yang y recuesta su cabeza en su hombro a la vez lo mira con una sonrisa radiante y un brillo en sus ojos que solo se nota cuando está enamorada.

—Yo también voy —confirma Tae-yang, al tiempo que le mantiene la mirada a mi amiga con una ligera sonrisa de boca cerrada en sus labios.

Escucho que suena la campana y, de inmediato, mis compañeros que ya están listos para irse empiezan a salir. Yuna, Hana, Tae-yang y yo nos dirigimos a nuestros pupitres.

Abro mi mochila y saco mi celular, que inmediatamente desbloqueo con mi huella dactilarl. Al entrar a la aplicación para chatear, de entre los primeros contactos que veo está el de mi madre. Entro al chat y escribo: «Llegaré un poco tarde porque voy a ir al karaoke con mis amigos».

Entro mi celular en la mochila, junto con mis cuadernos y la cartuchera que se encuentran encima de la mesa. Cierro la cremallera y me pongo la mochila.

Me paro al lado de la salida, junto a Tae-yang y Hana, a esperar que Yuna termine de darse su retoque de maquillaje. Al terminar, mi amiga guarda todas sus cosas y se cuelga la mochila al hombro.

—No sé para qué te pones tanto maquillaje si eres hermosa —comenta Hana.

—Ya sé que soy hermosa, no necesito que me lo recuerdes —presume Yuna con arrogancia a la vez que camina hacia nosotros.

Salimos del salón y, mientras bajamos las escaleras, nos ponemos a charlar entre nosotros de todo lo que se nos ocurra. Al llegar al último escalón, seguimos nuestro camino hacia la salida y salimos de la secundaria. Caminamos varias cuadras, hasta que llegamos al karaoke.

Si el sol no estuviera afuera, las luces del letrero que dice «Karaoke Estrella» y los símbolos que lo representan estarían brillando en todo su esplendor con un color morado fosforescente, dándole un estilo urbano moderno.

—Como les propuse venir al karaoke, yo voy a pagar la sala —avisa Hana, y nosotros estamos de acuerdo.

Entramos y, de inmediato, las dos mujeres que están detrás del mostrador nos atienden. Nos dan la llave de la sala número 16, y Yuna, Hana y Tae-yang piden varias cosas para comer. Entre ellas están: refresco, papas de bolsa, pasteles de arroz y nuggets de pollo, mientras que yo solo pido un jugo, aunque me muero de ganas de comer lo que ellos piden. Pero, de tan solo pensar que esas comidas son altas en calorías, se me quitan las ganas de comer.

Me quito la mochila de un solo hombro y la jalo hacia delante. Deslizo la cremallera de uno de los bolsillos hasta abrirlo y saco mi cartera roja. Al abrirla, veo la pastilla para bajar de peso que había puesto ahí esta mañana antes de ir a la secundaria. La saco y me la guardo en un puño cerrado para que no la vean. Con los dedos índice y pulgar, saco 1500 wones y se los paso a una de las chicas que están detrás del mostrador.

Mis compañeros, al ver que ya me habían atendido, empiezan a caminar. Detrás, les sigo el paso, pero después recuerdo que no me he tomado la pastilla. Así que me detengo y espero a que se adelanten un poco. Me llevo la pastilla a la boca, pero, en ese mismo momento, Hana se da la vuelta y noto cómo su expresión cambia de neutral a una de preocupación.

Siento cómo mi corazón se acelera y, al tragar saliva junto con la pastilla, casi se me queda atorada en la garganta, pero, por suerte, tengo el jugo que he comprado y de inmediato le doy varios tragos, ayudando a que la pastilla baje con facilidad.

Hana camina hacia mí con pasos rápidos. Se detiene frente a mí y, sin titubear, me pregunta:

—¿Estás tomando la pastilla para bajar de peso?

—No, no, solo es vitamina C para la piel —le respondo, y una sonrisa forzada se forma en mis labios.

—Qué bueno —Hana suelta un suspiro de alivio—. Me alegra que hayas seguido el consejo, porque eso te podría hacer mucho daño y no quiero que termines como esas chicas obsesionadas por bajar de peso que provocaron a su perdición.

—¿Qué hacen ahí atrás? ¿Acaso ya no quieren venir a cantar? —nos pregunta Yuna en voz alta.

—Ya vamos, ya vamos —responde Hana en voz alta, y de inmediato empezamos a caminar a pasos rápidos hasta alcanzarlos.

Cuando ya estamos todos juntos de nuevo, avanzamos nuestro camino. Doblamos a la izquierda y atravesamos el pasillo hasta que llegamos a la sala número 16, que lo indica un número ubicado en la parte de arriba de la pared. Hana introduce la llave en la puerta y, al girarla, se abre.

Me percato de la poca iluminación que hay adentro; en cambio, afuera está iluminado por una luz amarilla, mientras que dentro de la sala, la única luz que ilumina es la pantalla de la televisión y las luces de diferentes colores que recorren el techo y las paredes.

Entramos y Hana y yo tomamos asiento en el sofá, mientras que Yuna y Tae-yang dejan lo que han comprado para comer encima de la mesa y van a poner una música para cantar juntos.

En menos de diez minutos, estoy casi orinándome de la risa por la voz de mi amiga y Tae-yang, que creen que cantan hermoso, pero en realidad parecen unos perros que lloran por la teta de su madre. Pero yo no soy la única, porque Hana está muriéndose de risa.

Entre la canción que está sonando y las voces de Tae-yang y Yuna, percibo la música de mi canción favorita y me doy cuenta de inmediato de que me están llamando por teléfono. Me quito la mochila y la abro. Al coger mi celular, veo en la pantalla que es mi novio y le contesto.

—Hola, Yeonhwa, ¿qué haces? —pregunta Joon.

Escucho a alguien cantar desde el otro lado de la llamada. La voz es como la de un ángel, pero canta con tanto sentimiento que parece estar melancólico, como si alguien lo hubiera rechazado o su novia lo hubiera dejado.

—Estoy en el Karaoke Estrella con Yuna, Hana y un chico nuevo de mi salón —le respondo.

No quiero mencionarle que Tae-yang es el chico nuevo con el que se pone celoso en la cafetería, porque me da mucha vergüenza recordar lo que sucede ese día.

—Yo también estoy en el Karaoke Estrella con unos amigos que me aburren con sus canciones melancólicas —se queja Joon, y sé perfectamente que él odia ese tipo de canciones porque piensa que son para gente a la que solo le gusta sufrir—. ¿En cuál sala estás para ir?

—En la sala 16.

—Está bien, voy para allá.

—Aquí te espero —presiono el botón rojo para colgar y pongo el celular encima de la mesa.

—Qué bueno que ya pararon de cantar —se burla Hana al terminar la canción que Yuna y Tae-yang están cantando a todo pulmón—. Ya mis oídos no aguantaban más.

Al escuchar las palabras de Hana, suelto varias carcajadas.

—Solo estás celosa de nuestra melodiosa voz —bromea Tae-yang.

—Si esa voz es melodiosa… no quiero imaginarme cómo sería la espantosa —murmuro con una pequeña sonrisa.

—Ya que ustedes se creen mejores que nosotros, hagamos una competencia —propone Tae-yang.

—Ni hemos empezado y ya estoy segura de que le ganamos —Yuna levanta el mentón levemente, con una leve sonrisa en sus labios.

—Dame el micrófono, que te voy a demostrar que cantando nadie me gana —asegura Hana muy confiada. Se levanta del sofá y le coge el micrófono amablemente a Yuna.

Tae-yang camina hacia mí y, sin querer, tropieza con el cable del micrófono, provocando que casi caiga encima de mí, pero, por suerte, detiene su caída apoyando los dos brazos en la pared alrededor de mí. Los dos nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos por un momento, hasta que la puerta de la sala se abre y dirigimos nuestra vista hacia ella.

En la entrada de la puerta está Joon, mirándonos con una mirada que refleja todo lo que está sintiendo, y no es bueno. Hasta el subir y bajar de su pecho al respirar se nota forzado y agitado.

Tae-yang se incorpora y yo me levanto del sofá de inmediato, poniéndome delante de Joon.

—No te enojes, déjame explicarte —le digo lo más calmada posible.

—Coquetear con los chicos, eso es lo que haces cuando yo no estoy —dice Joon con desprecio y suelta una carcajada forzada, sin ganas—. Pensaba que eras diferente a las otras chicas, pero ya veo que eres una puta que está detrás del primero que se te insinúe.

—No, no… —trato de explicar, mientras intento aguantar las lágrimas que luchan por salir.

—No me digas nada. No tengo nada que escuchar de una zorra como tú, malagradecida, porque deberías, aunque sea, agradecer que estuviera contigo a pesar de que eres gorda y fea —grita Joon.

—Tú eres el que tiene que estar agradecido de estar con Yeonhwa, porque si yo fuera ella, hace tiempo te hubiera dejado por esa personalidad de m****a que tienes —Tae-yang se pone al frente de Joon, mientras lo mira directamente a los ojos.

—No peleen —Yuna se acerca a Joon y Tae-yang. Ella se mete entre los dos, mientras los aparta con sus dos manos.

—Yo nunca me rebajaría por una basura como él —escupe Joon y le da la espalda.

—Si yo soy basura, tú eres una alcantarilla con esa boca tan sucia que tienes —le grita Tae-yang, pero Joon no se detiene y sigue su camino.

—Espera, Joon, déjame explicarte —camino hacia mi novio para alcanzarlo, pero Tae-yang me agarra la muñeca derecha, interrumpiendo mi paso.

—Yeonhwa, no pierdas tu tiempo con él. No te merece —me aconseja Tae-yang.

—Sé que lo hizo mal al decirme todas esas palabras feas, pero solo malinterpretó las cosas —jalo mi brazo, provocando que me suelte, y sigo mi camino.

Recorro todo el pasillo y llego hasta la salida, pero no veo a mi novio por ninguna parte.

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